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¿Ajuste para sanear la economía nacional? No, ajuste para el saqueo extranjero


10 de febrero de 2024

Un análisis pormenorizado de la situación que atravesamos y un breve y sintético recorrido histórico para encontrar las verdaderas causas de los problemas económicos de nuestra Argentina. “El ajuste actual no busca solucionar los problemas de fondo dado que no ataca sus causas verdaderas; al contrario, las profundiza” afirma Rodolfo Pablo Treber en esta nota.

Rodolfo Pablo Treber

Los políticos del gobierno de La Libertad Avanza, y los de la oposición también, dicen que el gran problema a resolver en la Argentina es el económico: el déficit fiscal, la deuda externa e interna, el balance del comercio exterior y la abultada emisión monetaria. Sin embargo, ninguno de los que emiten esas premisas compulsivamente desde hace más de treinta años, clarifica las causas de esos problemas ni, mucho menos, los objetivos reales que se esconden detrás de la simulación permanente por solucionarlos que hace vivir al pueblo argentino en un estado de ajuste permanente. De hecho, camino a 41 años de democracia, existieron planes de ajuste del gasto real en 26 de ellos.  

 

Las causas

Desde y, a causa de la dictadura de 1976, nuestra Argentina sufrió una profunda transformación de su matriz económica - productiva con el objetivo de reinstalar un modelo colonial, a partir de la reincorporación al mercado global como exportador de materias primas, energías y alimentos, e importador de manufacturas industriales.

Tanto las grandes, medianas, como pequeñas empresas nacionales, inmersas en la libre competencia, se vieron paulatinamente debilitadas hasta su mayoritaria desaparición. Al mismo tiempo, producto del enfoque netamente agro exportador, se inició un proceso de encarecimiento de los precios internos con el objetivo de aumentar los saldos exportables. El combo, decadencia industrial + incremento de precios, demolió el mercado interno argentino y, con él, a millones de puestos de trabajo formales. 

Pasamos de ser un país industrial, con protección de trabajo y riquezas internas, a un país exportador, dependiente de los intereses geopolíticos de las potencias y corporaciones extranjeras.

Luego, específicamente durante la década del 90, se profundizó el mismo modelo mediante la profundización de privatizaciones que anularon toda capacidad del Estado de intervenir en las cuestiones fundamentales de la economía nacional. Con el fin de perfeccionar la extranjerización, se promovió el ingreso masivo de capitales foráneos mediante la promulgación de la Ley de Inversiones Extranjeras (1993) que permite el libre giro de dividendos (ganancias) sobre lo obtenido producto de la inversión inicial a sus casas matrices. De esta manera se legalizó la fuga de capitales en la Argentina; causa principal de la permanente insuficiencia de divisas en reservas del Banco Central.

Años después, ya en siglo XXI, y más allá de que se llevaron adelante fuertes medidas redistributivas y políticas de fortalecimiento del mercado interno que mejoraron sustancialmente la vida de gran parte del pueblo argentino, no fueron derogadas ninguna de esas medidas de fondo, ni modificadas sus consecuencias: el comercio exterior continuó en manos de un puñado de transnacionales, se mantuvieron vigentes la ley de Entidades Financieras de la dictadura y la Ley de Inversiones Extranjeras menemista, no se recuperó el necesario rol protagónico del Estado en la producción nacional, no se transformó la matriz productiva netamente agroexportadora y se permitió el fortalecimiento de los monopolios que hoy definen precios y poder adquisitivo.

Luego, se facilitó el retorno del neoliberalismo, con los gobiernos de Mauricio Macri y Alberto Fernández (2015/2023), que mediante una brutal estafa (deuda) con el Fondo Monetario Internacional profundizaron los mecanismos de saqueo y de reprimarización de la economía nacional mediante la política orientada a recaudar dólares a través del aumento de las exportaciones a como dé lugar.

El gobierno de Milei, más allá de todo el circo mediático, oficialista y opositor, solo es la representación de la profundización y aceleración del mismo esquema de saqueo y debilitamiento del Estado Nacional que venimos sufriendo desde hace décadas. El mecanismo, una vez más, es el ajuste.

Solo haciendo este breve y sintético recorrido histórico, podemos encontrar las verdaderas causas de los problemas económicos nacionales.

En principio, la causa del déficit fiscal permanente es, sin lugar a dudas, la insuficiente capacidad de recaudación de un Estado que no produce nada dado que, paulatinamente, abandonó su rol empresario y de planificador de la economía nacional, delegando esa tarea y sus beneficios económicos a las corporaciones extranjeras. Sumado a esto, por la reprimarización de la economía que se vivió en las últimas décadas, solo 4 de cada 10 argentinos en condiciones de trabajar lo hacen de manera formal, con sus derechos y obligaciones contributivas correspondientes. Esta es la misma causa de la destrucción del sistema previsional argentino y el brutal abandono, y pérdida de poder adquisitivo, que sufren nuestras jubiladas y jubilados.

También, en la profundización del modelo exportador y la legalización de la fuga de capitales vigente, encontramos el motivo principal de la insuficiencia de divisas permanente. Para fundamentar esto solo basta decir que, en los últimos 40 años, la Argentina tuvo un superávit comercial de 220,000 millones de dólares. Somos un país rico, las divisas que faltan son las que fugan las corporaciones extranjeras.

 

El saqueo fue y es el objetivo detrás de las políticas de ajuste

Una vez más, el ajuste actual no busca solucionar los problemas de fondo anteriormente detallados dado que no ataca sus causas verdaderas; al contrario, las profundiza.

Libera, aún más, esta economía ultra liberal; debilita, aún más, un Estado raquítico sin intervención en la planificación económica nacional; flexibiliza, aún más, las horrorosas condiciones de trabajo que sufre un pueblo con cerca de 20% de desempleo real y más de 40% de trabajo ilegal.

Sin ir más lejos, y para sumar rigor estadístico, el principal caballito de campaña de Milei ha sido el problema de la emisión monetaria, sin embargo, mientras que existió un ajuste real en la circulación monetaria interanual (la sumatoria del dinero en circulación de todos los argentinos y empresas), se siguen abonando abultados intereses diarios a los bancos por sus tenencias netamente especulativas.

El detalle: la circulación monetaria actual, 10,6 billones de pesos, creció un 105% interanual mientras que la inflación en el mismo período fue del 220%. Esto marca que hubo un fuerte ajuste, superior al 50% en la economía real.

Al mismo tiempo continua la incesante dolarización de ganancias locales junto con su consecuente fuga de capitales, mientras que la plata que poseen los bancos y fondos de inversión asciende a unos 30 billones de pesos (tres veces el total de la circulación monetaria) y se les abona diariamente 76,000 millones de pesos de renta especulativa, 2,3 billones por mes y 27,8 billones por año, mientras se denuncia que no hay plata.

Entonces, lejos de buscar una solución a los problemas económicos nacionales, el ajuste de Milei solo se encuentra al servicio de aumentar los saldos exportables de las corporaciones extranjeras (por la caída del consumo local) y pagar los servicios de deuda interna y externa a los grandes fondos de inversiones internacionales.

El único fin del ajuste es la profundización del saqueo y la explotación de nuestros bienes comunes en beneficio extranjero.    

 

La salida

Como analizamos precedentemente, los grandes conflictos de la Argentina son de carácter sistémico, de modelo productivo, político y económico. En consecuencia, los cambios necesarios son de igual o mayor magnitud a los problemas que se enfrentan.

No alcanza con lo que hay en la política actual, en el mejor de los casos reformistas o negociadores internos al sistema, dado que pueden resultar un bálsamo tranquilizante en el corto plazo, pero finalmente, si no se está dispuesto a cambiar la estructura de poder de la matriz productiva nacional, los cambios generados son efímeros y se vuelve a profundizar la matriz dependiente y explotadora que imponen las grandes corporaciones bajo la dirección geopolítica del asesino imperio norteamericano.

Sin temor a equivocarnos, Argentina precisa una revolución nacional que vuelva a administrar su comercio exterior, proteger su mercado interno, recuperar al Estado como vector principal del desarrollo productivo, sustituir importaciones, industrializar la Patria, generar trabajo genuino a partir de la apropiación de nuestras riquezas naturales, administrar los recursos financieros hoy parasitados en la especulación, y estar dispuesto a enfrentar el conflicto político que todo esto conlleva.

El primer paso, urgente y necesario, es la organización popular, volver a encontrarnos con la Patria como guía. Enunciar, debatir y divulgar el cúmulo de certezas colectivas que supimos acumular como pueblo a lo largo de nuestra historia, y plasmarlas en un proyecto político que vuelva a motivar y conducir a la mayoría del pueblo argentino. Solo entonces volverá a resurgir el proyecto de desarrollo nacional como una alternativa contra las distintas variables que se disputan la administración de una argentina colonial.

Rodolfo Pablo Treber

Rodolfo Treber, analista económico, secretario político de la agrupación  Social XXI e integrante del espacio Encuentro Patriótico

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