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Muchos tiros y pocas leyes


03 de febrero de 2024

La Cámara de Diputados aprobó en general el proyecto de ley que los grupos económicos escribieron y le impusieron a Javier Milei para que presente. Exhibieron una situación de derrumbe moral, debacle ideológica y pobreza intelectual en el que se haya inmerso la clase política argentina. Obtuvieron una primera votación, con tres jornadas de fuerte represión social para garantizar el funcionamiento de las instituciones. Y aún les quedan cuatro años por delante.

Fernando Gomez

“Con otra victoria como ésta, estoy perdido” dijo alguna vez Pirro, rey de Epiro al contemplar el resultado de la batalla de Ásculo contra las legiones romanas, a quienes combatió con tropas aliadas de terentinos, oscos y samnitas. Las consecuencias de las traiciones en los apoyos que acuñaba y las alianzas que fortalecieron las legiones romanas con una alianza con Cártago, terminaron convalidando aquella máxima de Pirro y forjando para la historia la idea de las victorias pírricas.

Alguien dirá que Javier Milei obtuvo una victoria pírrica con la aprobación de una diezmada ley ómnibus que se pretendía con tres veces más la cantidad de artículos que componen la aprobación en general. Pero para que Milei haya logrado una victoria pírrica, tuvo que haber pensado o escrito la ley que se discutía, cosa que no es así; o estar en efectivo ejercicio del Poder Ejecutivo, circunstancia que tampoco se encuentra en plena evidencia.

El peor aliado de cualquier análisis político es psicoanalizar a los personajes, o reducir a las consideraciones personales de tal o cual dirigente el exámen de las cosas. Sin embargo, es inevitable dejar de naturalizar que las facultades mentales de Javier Milei le permiten estar al frente de la planificación política, económica y social de la Argentina. Apenas si puede dejar de asumir comportamientos intantiles en redes sociales o suministrar discursos en el ambito internacional que no lo exhiban desorientado en tiempo y espacio.

Siquiera puede exhibir alguna fotografía real, no editada, con algún funcionario o entorno cercano que no esté limitado a su acompañante terpaéutica devenida en ministra de Capital Humano, su hermana o los cercanos Santiago Caputo y Nicolás Posse, éste último, un jefe de gabinete del que no se conoce su voz.

Asumir que Milei no redactó la ley que acaba de recibir media sanción en general y le resta el debate artículo por artículo. Asumir que Milei no es el musculoso jóven que exhiben los memes de su seguidores, ni un brillante economista de ideas disruptivas, es indispensable para comprender la anomalía del sistema político que exhibe sus debilidades y augura su decadencia.

En su visita a Davos utilizó 450 veces el twiter para compartir megalomanías y autoponderaciones de una alocución descabellada. Mientras se debatía la ley ómnibus, en apenas unas horas, retuiteó y compartió 750 publicaciones. Incluso, una en la que algún forista de la red social reclamaba "más tetonas” en el recinto de diputados.

Su extravío o enfermedad mental, no importa una fuga hacia la supresión del análisis político por la identificación de un problema “ad hominem”. Señalar sus debilidades, permite cotejar que los grupos económicos son capaces de hacer andar un sistema político con muy poco. Que, incluso, son capaces de poner en peligro la dinámica del funcionamiento de una democracia condicionada, de la que se nutrieron con posición dominante y profusa rentabilidad económica durante los últimos 40 años.

Y además, demuestra la rápida adaptabilidad de los intereses geopolíticos de Estados Unidos, que sentían alineados los planetas con Rodriguez Larreta y Massa, y terminaron aceptando a Milei, su hermana y la extravagancia de Bullrich como aliados argentinos de sus intereses estratégicos. Y allí está el acuerdo con el FMI, la venta de armamento y aviones, la visita del portaviones y la relación fluída con Estados Unidos, Israel y aliados, como muestra de la adaptabilidad de estas circunstancias.

Estados Unidos y los grupos económicos ordenaron a una oposición que sufrió los insultos del Presidente para que le votaran una ley que asegura un destino de misera planificada para la mayoría de nuestro pueblo.

En definitiva, los grupos económicos que maximizan rentabilidad con la ley, los parlamentarios que fingen oposición y los que buscan acomodar los porotos en una batalla internacional que muestra su declino, lo único que hacen es cargar tensión sobre un barato fusible que ocupa en soledad una Casa Rosada en la que no se decide absolutamente nada.

 

Salvajismo político y radicalidad ideológica

La aprobación de la ley ómnibus en general es una muestra clara de un cambio de actitud en los grupos económicos que saquean el país. Estan poniendo en crisis un sistema polítco que funciona a su favor y están disciplinando a la clase política y asegurando la represión para exhibir que se vienen tiempos de salvajismo político para imponer sus intereses.

Al mismo tiempo, desde los propios rincones de los sectores hegemónicos de la economía argentina exponen una radicalidad ideológica que pone en riesgo, incluso, la dinámica de rentabilidad actualmente existente. Prefieren suprimir el Estado como herramienta catalizadora de tensiones económicas, políticas y sociales, aunque la parte del león de ese Estado Nacional, esté hegemonizado por sus intereses y necesidades de rentabilidad.

Las privatizaciones de empresas funcionales, la venta de un fondo de garantías que desdibuja el rol de un Estado que los financia y no le pone condiciones, la eliminación de paquetes legislativos que los beneficiaban en gran medida, por el símbolo evidente de estar suprimiendo derechos contenidos en aquellas, son síntomas de un tiempo marcado por el “reseteo” con el que sectores globales y locales del empresariado amenazan desde hace tiempo.

 

 

Adaptarse

“Viene una Argentina cuyo centro es el valor del individuo y no colectivos innominados como la Patria” sostuvo el Diputado Nacional José Luis Espert al cierre de la votación en general de la desguasada ley ómnibus con la que los grupos económicos aceitaron el funcionamiento de un sistema político acorde al “reseteo” de la Argentina que fuera propuesto hace apenas un mes y medio por Paolo Rocca, propietario del monopolio del acero (arrebatado al Estado) y protagonista de dos oligopolios.

Espert, hasta hace algunos meses, era un personaje marginal. Un personaje con pretensiones de extravagancia discursiva, arrogancia de un fascismo con naftalina y que se financió para sus aventuras electorales con el estafador y lavador de divisas del narcotráfico “Fred” Machado (hoy preso en Estados Unidos).

Su latiguillo de “cárcel o bala” como amenaza de “pequeño gran matón de la internet”, era la caricatura de un pelotas tristes que -para el colmo- había abandonado el barco de Milei unos minutos antes de su ascenso meteórico, justo para aliarse a la fuerza política que obtendría el tercer lugar en las elecciones.

Sin embargo, producto de un tiempo distópico inaugurado desde que Javier Milei asumiera la presidencia, sus palabras adquieren relevancia, en la medida que exponen un conjunto de valores que se imponen como hegemónicos en un sistema político que los grupos económicos pretenden hacer parir sobre las cenizas de un funcionamiento institucional y una espiral de sufragios de representaciones vacías, que terminó escondiendo a la democracia en el fondo de las prioridades de la mayoría de los que pisan éste suelo.

 

 

Un sistema político en la lona

“Prefiero la traición a la irrelevancia” dijo el diputado multipartido Miguel Pichetto, en una sentencia elocuente del estado de salud que goza la representación política en la Argentina.

Así como Pichetto es un garante del funcionamiento de un sistema político en la medida que los intereses medulares del poder económico jamás esté en debate, lo cierto es que la vida institucional está formateada de tal modo que, hasta el bien intencionado va a exclamar “que no se puede”, “que no dan las correlaciones de fuerza”, y transcurrirán su existencia al frente de resortes de poder institucional, subiendo fotos o videos en red social para exponer el sentido individual de su existencia.

Con ese paisaje de palacio, el Congreso Nacional aprobó en general una ley cuyo contenido fue diseñado en las gerencias técnicas y los estudios jurídicos de los principales grupos económicos que operan en el país.

La ley de “Bases” es un cristal que exhibe la planificación económica, política, social e institucional con el que el poder económico al servicio de la hegemonía de Estados Unidos en la región pretende llevarse de un ciclo que asume corto de tiempo por sus particularidades, y efervescente por sus resultados.

El contenido de los artículos que componen la ley que obtuvo ayer media sanción en general fueron negociados en ámbitos ajenos al poder legislativo, el articulado definitivo no es conocido por legisladores que carecen de la información y, en muchos casos, de la capacidad intelectual para comprenderlo.

Las manos del radicalismo, del bloque conducido por Miguel Pichetto y de los cogobernantes de Cambiemos se alzaron por pedido, remuneración o estar incluídos con anterioridad en la nómina de agentes al servicio de alguna de las grandes empresas con intereses estratégicos en nuestro país. Escudaron su voto en el “respeto al resultado de las urnas” o en "garantizar gobernabilidad”, pero no hay rincón en las fuerzas tradicionales que no esté pergeñando la salida política a un gobierno inclasificable que sólo va a reunir repudio, descontento y pagar la factura de la crisis brutal de representación política que se viene acumulando en los últimos diez años en nuestro país.

En la calle, represión. Una represión exhibida como estética política. Sin sentido, sobreactuada, operativamente desastrosa y presentada por sus protagonistas políticos como un nuevo tiempo. La represión está acompañada de una divulgación virtualizada de una retórica que elogia la supresión de todo aquel que no se sienta contenido con el bienestar de una minoría oligárquica o padezca las consecuencias económicas de la desaparición del Estado y la condena al pueblo a vivir a merced de la rentabilidad de grandes empresas.

 


Pensar la salida

El 24 de enero, paro nacional de la CGT mediante, se exhibió un punto de alto de movilización popular de la dinámica de organización social de nuestro país. Ahí se forjó una salida colectiva a una tarea imprescindible de esta etapa: marcar una línea sólida que intente frenar el avance de las pretensiones de saqueo de nuestra riqueza y de imposición de un programa de miseria planificada.

Con menor volúmen, pero con encomiable espíritu de resistencia, la violencia policial desplegada en cada sesión de las Cámara de Diputados, exhibe vocación de resistencia y voluntad de dar batalla aún cuando la coyuntura se presenta hostil para la movilización popular.

Sin dudas, el debate en el Senado y la amenaza efectiva de transformar en ley la privatización de empresas públicas, facultades delegadas, leyes que autorizan el saqueo de nuestros bienes comunes, reformas penales que amenazan con cárcel la protesta social y las reformas laborales que se pretenden imponer al movimiento obrero, generarán el terreno apropiado para reconstruir el caudal político exhibido el 24 de enero, y ahí sí, impedir la salida de una ley que significaría un fuerte retroceso para los que empujan su sanción.

Es un peldaño en la siguiente tarea, que es pensar la salida política para éste atolladero en el que nos encontramos. La enorme tarea de repensar un sistema político que permita la planificación desde el Estado de un nuevo modelo de organización política, social y económica que proteja los intereses nacionales y las expectativas populares.

Algo tan simple, pero que en tamaña coyuntura, aparece como complejo.

Pero no imposible. Y lo imposible, solo tarda un poco más.

Fernando Gomez

Fernando Gómez es editor de InfoNativa. Vicepresidente de la Federación de Diarios y Comunicadores de la República Argentina (FADICCRA). Ex Director de la Revista Oveja Negra. Militante peronista. Abogado.

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