3/4/2021

Opinión

#HistoriaNativa: Deuda Externa. Terrorismo de Estado y Fuga de Capitales

Tercer entrega del profesor David Acuña. Una serie de cuatro notas para comprender la dimensión histórica de la estafa de la deuda externa.

Autor de la nota: David Acuña

David Acuña

Publicado el 3 de Abril de 2021


Imagen de la nota '#HistoriaNativa: Deuda Externa. Terrorismo de Estado y Fuga de Capitales'

Botas y Bicicleta Financiera

La reproducción material y cultural de la clase terrateniente, devenida en oligarquía nacional luego de la Batalla de Caseros, implicó la construcción de un Estado garante de sus intereses hegemónicos al mismo tiempo que colocaba a la Nación como eslabón subordinado del capital británico. El gobierno iniciado en 1943 realizó una serie de reformas tendientes a desarmar el entramado de relaciones entre la oligarquía argentina y el capital británico de la denominada Década Infame. La década justicialista (1945-1955) se caracterizó, entre otras cuestiones, en crecientes niveles de autonomía económica con respecto a las presiones de los capitales externos. Bajo un nacionalismo de corte industrialista y un Estado planificador, la clase trabajadora y demás sectores populares accedieron por primera vez no solo a niveles cada vez mayores de apropiación de renta nacional, sino que conquistaban derechos laborales y sociales por los que venían luchando varias generaciones de argentinos.

El bombardeo a Plaza de Mayo seguido del golpe de estado en 1955 y los fusilamientos de obreros y militares democráticos al año siguiente buscaron disciplinar a todo tipo de cuestionamiento popular al nuevo régimen político. Aun así, y bajo constante hostigamientos y represión, la clase obrera organizada resistió en las fábricas y puestos de trabajo los cambios en las condiciones de trabajo. El capital concentrado de las grandes empresas, vinculadas muchas de ellas con el capital extranjero, trataron por todos los medios de volver a situaciones laborales pre-peronistas. En este punto, la confluencia de los intereses del capital concentrado y el régimen militar era evidente.

Esta confluencia empresario-militar fue más dura y transparente a partir del golpe militar de marzo de 1976. Entre 1976 y 1983 se llevaron adelante un conjunto de medidas con el objetivo de no solo transformar la economía, sino al conjunto de la sociedad: frenar el avance del movimiento obrero y demás sectores populares que venían resistiendo en la etapa anterior; reconvertir la economía a favor de los grupos económicos transnacionales donde el peso del sector financiero era contundente; y, abrir sin restricciones el mercado importador en detrimento del mercado interno. Si en la Argentina pre-peronista el sector agroexportador tenía estrechos vínculos con Gran Bretaña; en esta nueva etapa la hegemonía era ostentada por los Estados Unidos y las grandes transnacionales.

Por otro lado, los capitales industriales que se venían desarrollando a partir del arribo del peronismo en 1946 estrecharon vínculos con la oligarquía tradicional. De esta forma, ambos sectores diversificaban sus inversiones y al mismo tiempo tendieron lazos con los organismos financieros internacionales. Es decir, por un lado, nos encontramos con una sostenida y creciente extranjerización de la producción y el mercado nacional, al tiempo que la burguesía (industrial y agraria) de procedencia nacional tendía a trasnacionalizarse. Estos intereses son representados en el gobierno de facto por personas como José Alfredo Martínes de Hoz, Guillermo Klein, Juan Alemann, Guillermo Zubarán y Jorge Zorreguieta, entre otros, quienes en rigor de verdad se encontraban de los dos lados del mostrador. Futbolísticamente hablando, el sector financiero internacional, podía decir sobre el gobierno de la Junta Militar: “hay equipo” … ahora vamos por todo y todos.

De esta forma, se instaura un modelo de especulación y valorización financiera en detrimento del trabajo y la producción argentina. El mismo no hubiera sido posible de aplicar sin la represión sobre la clase trabajadora organizada que disputaba la redistribución de la riqueza. Frenada la puja redistributiva se daban las condiciones propicias para que la disponibilidad de dólares producto del shock petrolero de 1973 inundaran la city porteña a tasas relativamente bajas. El sector privado se volcaba a la bicicleta financiera abandonando la producción. Debe quedar claro: el endeudamiento argentino fue parte de una estrategia política asociada entre los grupos económicos trasnacionales, los organismos de crédito supranacionales, los Estados Unidos y la élite económica argentina… la Junta Militar, por su parte, actuó como patota subordinada del sector empresario especulativo, triste papel para el uniforme que juró defender la Patria.

En 1977 se sanciona la Ley de Entidades Financieras desregulando totalmente el mercado financiero limitando la función del Estado a de garante de los depósitos. Esta acción promueve la especulación adquiriendo divisas extranjeras para colocar en la plaza bursátil nacional, se denominaba “bicicleta financiera”: donde los especuladores tomaban deudas en dólares a tasas de entre el 3% y 4% anual para obtener en el mercado local entre el 12% y 14% de rentabilidad acuerdo al activo económico elegido (plazo fijo, bonos, etc.), al año ganaban en promedio un 150%. Una vez vencido el plazo de colocación, reconvertían la suma a dólares donde obtenían el monto a devolver al exterior y una ganancia extraordinaria, la cual utilizaban para volver a endeudarse y reiniciar el ciclo… Nadie se hizo rico trabajando… el gran empresariado actual argentino tiene un ADN antipopular y agiotista.

El músculo no duerme y la ambición no descansa

El entramado de especulación y evasión no descansaba. Encontrar nuevas formas de enriquecer a pocos con el trabajo y sufrimiento de muchos parecía ser la consigna a seguir. Aquellas personas (físicas o jurídicas) que tenían depósitos en el exterior (dólares, títulos, bonos, etc.) utilizaban un banco con asiento en la Argentina para recibir sus propios activos disfrazados como préstamos generando, de esta manera, Deuda Externa. En rigor de verdad, era un autopréstamos que servía para evitar posibles restricciones o eludir impuestos argumentando que se estaba pagando una deuda, cuando en verdad se estaban fugando al exterior las superganancias obtenidas en la bicicleta financiera.

Por su parte, las empresas públicas fueron también utilizadas para estos negociados. Tomando deuda externa en dólares eran pocas las divisas que hacían remitir al Banco Central, pues el grueso de los préstamos eran depositados en bancos radicados en el extranjero a tasas inferiores de aplicación a la de la deuda tomada. Quienes sí se enriquecieron con estos préstamos fueron los intermediarios y amigos del poder. En tan solo cinco años, la deuda externa total: de 9.149 millones de dólares en 1975 pasa a 27.162 millones de dólares en 1980 y a 45.949 millones de dólares en 1983.

Asimismo, la fuga de capitales se vio beneficiada por otro factor más. El marco jurídico de la dictadura pasó a reconocer a las entidades bancarias y financieras privadas como filiales de empresas extranjeras, por lo cual podían “remitir utilidades” a sus casas centrales… casualmente, algunas de ellas estaban ubicadas en paraísos fiscales y, también casualmente, sobrefacturaban servicios u honorarios a asesores externos… en mi barrio a esto lo llaman “tongo”.

Obviamente, todo este esquema termina desalentando la inversión productiva en pos de la especulación financiera al mismo tiempo que el capital se concentra cada vez más en pocas manos y los trabajadores veían reducida su participación en la redistribución del ingreso. En 1973 los trabajadores aun detentaban el 47% de los ingresos nacional, en 1977 habían descendido al 30% y el poder adquisitivo del salario había sido pulverizado… la desocupación, el desempleo, la pobreza y el hacinamiento en barrios de emergencia (luego villas miserias) se acrecentaba.

Hacia principio de la década de 1980 las condiciones internacionales cambian y las tasas de interés suben complicando la posibilidad de obtención de financiamiento externo. De esta forma, bajo condiciones leoninas, la Argentina se endeuda para pagar deuda… macabro.

 

Seguros de cambio… cambio seguro… juntos por el cambio

Entre 1981 y 1982 el ministro Roberto Alemann le da una vuelta de rosca al saqueo planificado poniendo en vigencia los seguros de cambio. Alemann instruye al Banco Central para que se garantice la disponibilidad de dólares para el pago de los vencimientos de las deudas privadas contraídas en dólares en el exterior. De esta manera, por ejemplo, una deuda contraída con un dólar a $10 a 3 años a la cual se le reclamaba su cancelación o el pago parcial el Estado ponía a disposición del deudor nacional contrayente dólares a la cotización original, es decir a $10, independientemente si el valor del mismo había aumentado a $100. Por lo cual, el erario público (todos nosotros) perdíamos $90… negocio redondo para el contrayente privado. Esto es lo que se conoce como estatización de la deuda privada.

Si tenemos en cuenta, que la mayoría de las deudas eran autopréstamos, estamos ante una verdadera estafa. Autopistas Urbanas, Pérez Companc, Acindar, Techint, Grupo SOCMA (Macri), Bunge y Born, fueron parte de la banda saqueadora. Estas empresas crecieron socializando sus pasivos con el Estado y utilizando sus ganancias para adquirir títulos y valores argentinos a la baja en el mercado mundial que luego utilizarían para comprar a precio vil las empresas estatales privatizadas.

Entre 1976 y 1983 el grupo Pérez Companc cuadruplicó la cantidad de empresas bajo su control; el grupo Techint creció de 30 a 46 sociedades; el grupo Macri pasó de 7 empresas a 47. Esto era acompañado de pingues ganancias obtenidas por medio de haber “ganado” varias licitaciones públicas. La Patria Financiera fue la hermana siamesa de la Patria Contratista.

Todo lo antedicho nos lleva a algunas conclusiones:

1-      Los grandes grupos económicos nacionales crecieron amparados por la dictadura genocida y el fraude… Nadie hizo su guita con el sudor de su frente, sino metiéndole la mano en el bolsillo al pueblo argentino.

2-      La Deuda Externa tiene un origen ilícito y fue respaldada por gobiernos ilícitos… El periodista Alejandro Olmos (1924-2000) investigó la temática iniciando una causa judicial en la cual se pudieron acreditar 477 irregularidades en la deuda contraída durante la dictadura militar.

3-      Todos los liberales que sostienen “lo mío lo hice trabajando y no le debo nada al Estado”, es, de mínima es una pavada, cuando no una escandalosa mentira. Hasta las grandes fortunas necesitaron del Estado para concretarse. Hoy sigue siendo igual. 

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