13/11/2021

Sociedad

Aquella soleada mañana que se volvió gris: A 26 años de las explosiones de Río Tercero

Heidi Raimondo recorre 26 años de impunidad de las explosiones en Río Tercero, Córdoba. Una tapadera para el contrabando de armas que protagonizara Carlos Menem durante su presidencia, la dinámica de la impunidad judicial y el recuerdo sufriente de un pueblo que no tuvo justicia.

Autor de la nota: Heidi Raimondo

Heidi Raimondo

Publicado el 13 de Noviembre de 2021


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El 3 de noviembre de 1995, Río Tercero sufriría el hecho más fatídico de su historia. Ese viernes aproximadamente a las nueve de la mañana se produjo dentro de la Fábrica Militar, la que sería la primera de una serie de detonaciones que ocurrirían durante toda la jornada y en días siguientes. Con varias hipótesis sobre la causa, la teoría del accidente fue desapareciendo y comenzó a asomar el fantasma del atentado. A 26 años de un costo social claramente de la corrupción política de los 90´.

En ese momento, Argentina era uno de los cuatro garantes oficiales de la paz del Tratado de Río de Janeiro. Pero no cumplió su compromiso internacional. Nuestro país violó el derecho internacional humanitario al venderle armas de manera ilegal a Ecuador durante su conflicto armado con Perú. Antes, también de forma ilegal, le había vendido armas a Croacia. Esto sucedió durante el primer gobierno de Menem, entre 1991 y 1995.

El escenario de esa mañana se volvió desolador, miles de personas corriendo sin rumbo bajo una nube de hongo que cubría el cielo. Las puertas de las casas caídas, los edificios derrumbados, las plazas cubiertas de trozos de proyectiles y cenizas, y un ruido ensordecedor que dejaba a todos atontados.

Durante este hecho catastrófico hubo 7 muertos, 300 heridos y  más de 10000 damnificados por daños físicos,  materiales y psicológicos. Durante los primeros diez años, la investigación judicial consideró que la explosión había sido accidental.

La investigación

En un principio, la justicia orientó la investigación hacia la hipótesis de un accidente ocasionado por un desperfecto en la manipulación de un montacarga. Según esta teoría, un tambor que contenía el químico explosivo trotyl se prendió fuego y el incendio se extendió a otros que contenían la misma sustancia.

Años más después, pericias técnicas determinaron que el trotyl no puede estallar por acción de las llamas, ya que ese material sólo puede explotar con el accionar de un detonador.

A partir de esto, la investigación judicial tomó como base los testimonios de los empleados para establecer que, la noche anterior al estrago, hubo personas no identificadas que ingresaron en las instalaciones de Fabricaciones Militares con el objetivo de "acondicionar los elementos iniciadores del fuego, como asimismo disponer los detonadores y reforzadores necesarios para provocar horas más tarde las letales explosiones".

Otra prueba de la intencionalidad del desastre que estableció la Justicia fue la direccionalidad de las explosiones, cuyas ondas expansivas se dirigieron al sur y al este, donde se encontraban los empleados y el polo petroquímico de Río Tercero, que no fue alcanzado por los proyectiles que volaron por el cielo de la ciudad.

A las 17 de ese día y mientras se sucedían las explosiones, Menem se hizo presente en la localidad y, en una conferencia de prensa, afirmó que el hecho era producto de "un accidente", que había que descartar el atentado e incluso les remarcó a los periodistas presentes: "Ustedes tienen la obligación de difundir esa palabra".

El método para ocultar el faltante de armas vendidas

Entre 1991 y 1995, el entonces presidente Menem firmó decretos para vender armas a Panamá y Venezuela. Sin embargo, este cargamento terminó, por operaciones de triangulación, en Ecuador y Croacia.

La presencia de armamento de origen argentino en estos dos países era un grave problema diplomático y político para el gobierno, ya que este había desplegado un contingente militar que integraba una fuerza de paz en Croacia, en el contexto de la guerra que atravesaba la ex Yugoslavia.

Además, el país era garante de un acuerdo pacífico entre Perú y Ecuador, que a principios de 1995 se enfrentaron en un conflicto armado por una disputa de límites.

En el verano de 1995, la cantidad de armas argentinas descubiertas en Croacia y Ecuador comenzaron a multiplicarse, y esos hechos se denunciaron ante la Justicia. En paralelo, los jefes de las unidades del Ejército que tenían material alojado en la ciudad cordobesa, supuestamente por arreglos, comenzaron a demandar la devolución de las municiones a las bases.

Una pericia contable incorporada a la causa determinó que, al momento del siniestro, faltaban entre 24 mil y 49 mil municiones de la fábrica, según el inventario.

¿Y las condenas?

Con todos estos elementos mencionados, el Tribunal Oral Federal Número 2 de Córdoba condenó por estrago doloso seguido de muerte a Edberto González de la Vega, coronel retirado y director de Coordinación Empresaria de Fabricaciones Militares, a 13 años de prisión; a Carlos Franke, coronel retirado y director de Producción de Fabricaciones Militares, a 13 años; a Jorge Antonio Cornejo Torino, coronel retirado y director de la Fábrica Militar de Río Tercero, a 13 años; y a Marcelo Gatto, mayor retirado y jefe de la División Producción Mecánica a 10 años.

La sentencia fue confirmada por Casación y apelada por un recurso extraordinario ante la Corte Suprema, que deberá decidir si la deja firme.

 

La impunidad de Menem

En julio del año pasado, el senador y ex presidente Menem fue internado por un cuadro de neumonía bilateral, y en diciembre, volvió a ser internado por una infección urinaria que lo descompensó y agravó su situación clínica.

El principal responsable de este acto criminal contra Río Tercero, murió impune con la complicidad de la Justicia que cajoneó este juicio durante años.

Ante ello, la ciudad de Rio Tercero, decidió no adherir el duelo nacional por el deceso de Carlos Saúl Menem.

El éxodo espontáneo provocado el 3 de noviembre dejó una ciudad de 45.000 habitantes completamente vacía. 

A la fecha de hoy todavía algunos vecinos y vecinas encuentran proyectiles enterrados.



Heidi Raimondo es estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad Nacional de Villa María, integrante del Colectivo de Medios Oveja Negra. 
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