27/2/2021

Opinión

Argentina: proyecto de país pendiente, de largo plazo y para todos

El economista Juan Valerdi relaciona y analiza los últimos acontecimientos económicos y políticos del país: concesión de la «Hidrovía», el proyecto de Sergio Massa para eximir del pago de ganancias a trabajadores; el impuesto a las grandes fortunas, Vaca Muerta, la deuda externa, las pymes, y las grandes empresas –nacionales y multinacionales-. 

Autor de la nota: Juan Valerdi

Juan Valerdi

Publicado el 27 de Febrero de 2021


Imagen de la nota 'Argentina: proyecto de país pendiente, de largo plazo y para todos '

Creo que la única forma de ayudar a este gobierno del Frente de Todos a definir la clara interna dentro de su coalición de gobierno es tratando de hacer entender a la población las implicancias actuales y futuras del modelo de país que encarna Massa, por un lado, y el que encarna, representa e impulsa CFK por el otro. En mi visión los intereses económicos y actores, internos y externos, que están detrás de Massa son muy parecidos a los que podían beneficiarse del «modelo» al que nos habría llevado Macri, de haberle dado cuatro años más. En el caso de CFK, su gobierno como presidenta, con sus aciertos y errores, dejó claras las diferencias de proyecto de país al que se apuntaba.

 

En el caso de Massa y Macri se pretenden encarrilar a Argentina hacia un país latinoamericano típico en el que la movilidad social es excepcional, la base económica central es exportadora de materias primas y la trama productiva industrial y de servicios pueda sostener empleo e ingresos para la mitad de la población en el caso de argentina. El modelo chileno tan admirado y mencionado por Macri es un ejemplo de adónde lleva ese camino, aún en el caso de un país donde la constitución y gran parte de las instituciones son legado intacto de la dictadura militar Pinochetista. Un país donde los derechos y beneficios de los trabajadores son acotados y la educación es un bien de lujo. Un modelo donde la supervivencia de la clase media es en base a endeudamiento permanente y al límite con la precariedad que eso implica. Un país donde casi no hay industria y mucho menos inversión en ciencia y tecnología. Donde la inflación y el dólar están bajo control porque no hay puja distributiva, no se discute el reparto de la torta. Ese modelo es muy difícil de implantar en Argentina porque, a diferencia de Chile y de muchos países latinoamericanos, los trabajadores pueden sostener la mirada a sus empleadores a los ojos, conocen sus derechos y luchan por mantenerlos. Legado que tratan de ocultar quienes hablan de la maldición de los supuestos 70 años de peronismo que no son tales porque hubo en el medio gobiernos y dictaduras que endeudaron, desindustrializaron, achicaron el estado, y facilitaron fugas de capitales, golpes de mercado, hiperinflaciones y privatizaciones. En esos gobiernos hay un hilo conductor que entrelaza a la dictadura cívico militar y Martinez de Hoz, con Carlos Menem, Cavallo y Macri. Ese mismo camino lleva a algunos de los dueños del poder a impulsar y respaldar a Massa y su proyecto político. No es la única apuesta que hacen ni la que más les gusta, seguramente, también aportan a títeres mediáticos como Espert o Milei, pero, por ahora, éstos son marginales a la hora de las urnas.

 

No es casualidad que el ministro Meoni, que responde a Massa, esté detrás del proyecto de una nueva concesión a empresas privadas del principal tronco logístico de Argentina, uno de los más importantes del mundo, el más importante si hablamos de movimiento de proteínas vegetales para alimentar humanos de modo directo, o convirtiéndolo en engorde de animales. El decreto 949/20 mantiene ese pedazo de soberanía argentina en manos de unas pocas multinacionales y mucho del poder de control en la guarida fiscal de Montevideo manejada no sólo por las multinacionales cerealeras sino también por las financieras. Entre todas esas multinacionales facilitan e impulsan la evasión y elusión fiscal y el contrabando de los principales productos de exportación argentinos y, con su accionar condicionan y limitan sustancialmente la recaudación de impuestos del estado argentino en todos sus niveles y la disponibilidad efectiva de divisas en nuestro país.

 

Cuando se combinan el efecto de este desvío de dólares de las exportaciones con el endeudamiento externo que llevaron a cabo de modo salvaje la Dictadura, Cavallo y Macri y se le suma la fuga de capitales que impulsaron y facilitaron esos mismos actores, tenemos un país que está maniatado y condicionado en su desarrollo aun cuando cambie esos gobiernos de entrega y «patria chica» por otros que tratan de rescatar la soberanía y construir la patria grande. Si a esto se suma una (supuesta) «correlación de fuerzas» que, se supone, no permite enjuiciar a quienes de modo corrupto y alevoso contrajeron las deudas en nombre de argentina y facilitaron la fuga de los dólares obtenidos por esa deuda o por las exportaciones que no se pueden ocultar. Si se convalidan esas operaciones de deuda con privados y el FMI, obteniendo solo postergaciones y quitas en los intereses (calculadas desde el origen seguramente) y quitas nulas en el capital. Entonces, por ejemplo, la energía que se pueda obtener de Vaca Muerta no se va a destinar a darle impulso a la industria argentina sino a exportarla para pagar la deuda ilícita e impagable. Entonces cuando la clase media se queje de que los impuestos que pagan son «demasiados» y los mercenarios mediáticos los convenzan de la mentira alevosa de que la argentina está entre los países de mayor carga tributaria del mundo, ahí vendrá Massa a decirles que ellos también tienen derecho a pagar poco o nada como los ricos y las multinacionales, ni de casualidad les va a explicar que podrían pagar menos si las multinacionales y los ricos pagaran más o trajeran de vuelta los más de 500 mil millones de dólares que tienen acumulados en el exterior. Entonces los ricos y grandes empresas van a seguir pagando poco y nada porque no hay voluntad política de desnudar sus maniobras de evasión y elusión y por ende no puede haber funcionarios que en la AFIP piensen que su carrera no está en peligro si se meten con los tiburones en vez de pescar en la pecera de las PyMEs y la clase media formalizada. Es cierto que los sobrevivientes de la clase media y las PyMEs pagan muchos impuestos en relación con lo que pagan los ricos y las grandes empresas, pero la solución a esto para un proyecto de país viable social, económica y políticamente es obligar a pagar más a los tiburones, no bajarles los impuestos más visibles a quienes ganan entre 100 y 150 mil pesos. Y no solo porque el inevitable achicamiento del estado a que obligan las exenciones propuestas por Massa van a repercutir tarde o temprano en menos servicios a esos mismos exentos y con consecuencias económicas más graves que lo ahorrado. También porque un país donde el promedio de ingresos es de $19.700 mensuales por habitante o $33.800 para el 58% que tiene ingresos regulares no puede darse el lujo de eximir del impuesto a los ingresos a quienes ganan 5 veces esa cifra. El mismo país donde más de 9 millones de hogares recibieron $5 mil mensuales durante la cuarentena. El mismo donde la pobreza e indigencia ronda el 40%. (Datos INDEC de ingresos de la encuesta hogares, 3er trimestre de 2020, última publicada)

 

Nadie dice que quienes ganan $150 mil por mes estén nadando en la abundancia, pero aunque les resulte sorprendente ese millón de personas que quiere eximir Massa del impuesto sobre sus ingresos está mucho mejor que la mayoría de los argentinos, esa es la catástrofe que construyeron Martínez de Hoz, Cavallo y Macri y de la que se quiere aprovechar demagógicamente Massa.

 

Y aunque aplaudo la valiente señal que ha dado una parte del FdeT al crear el impuesto a las grandes fortunas, que se haya aclarado una y mil veces, de modo casi culpógeno, que era por única vez y explicado el sinsentido de que era una «carga de emergencia» y no un impuesto, muestra qué lejos está nuestro país de realizar una verdadera reforma tributaria para que quienes más ganan y tienen paguen lo que les corresponde. Y aún está por verse cuánto será lo que efectivamente se recauda por este impuesto dada la salida judicial a la que apelarán quienes deben pagarlo y el estado de putrefacción y complicidad de la mayor parte del poder judicial con quienes nos han traído hasta aquí a fuerza de deuda, fuga, evasión y contrabando.

 

No tengo dudas de que el cambio radical que ha dado el gobierno respecto de nuestro corredor fluvial, la mal llamada «hidrovía», tiene que ver con imposiciones de quienes manejan de hecho el FMI y la renegociación de la deuda récord que nos dejó el aporte de campaña que le hizo este organismo a su aliado local, Mauricio Macri. La convalidación de esta deuda con el FMI ganando solo tiempo, junto con la realizada con la deuda con acreedores privados representan de hecho una amnistía para quienes condicionaron de modo corrupto y consciente las posibilidades de desarrollo de nuestro país y el nivel de vida de la amplia mayoría de sus habitantes por décadas. Dejarlos impunes no sólo es un acto de injusticia, sino que es una invitación a que repitan estos actos en el futuro, ellos mismos como ya lo han hecho, o sus sucesores en la representación de minorías locales y de poderes externos a quienes el modelo agroexportador de patria chica les es funcional.

 

La presentación de un Consejo Económico y Social encabezado por Gustavo Beliz, acompañado de algunas figuras respetables y bienintencionadas, parece destinada a hacer de cuenta que se está construyendo ese proyecto de país soberano que encarne la patria grande, porque si las decisiones de fondo y extrema trascendencia que pasan por fuera de ese órgano siguen el rumbo que bosquejé en los párrafos anteriores, difícilmente haya futuro para una Argentina social, económica y políticamente viable, al menos para los 44 millones de argentinos.

Publicidad - Fatica