8/5/2021

Opinión

Contaminación y Sociedad de consumo

No se trata de los combustibles ni del plástico. Lo que está destruyendo el ambiente es una cultura consumista y de descarte que amenaza con la sustentabilidad del planeta.

Autor de la nota: Franco D. Cruz

Franco D. Cruz

Publicado el 8 de Mayo de 2021


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La humanidad a lo largo del último siglo generó un proceso de cambio muy importante que amenaza con arrasar con el planeta tal cual lo conocemos hoy en día. Entre los principales causantes destaca una emisión de gases de efecto invernadero que se estiman podrán aumentar hasta 2°C la temperatura promedio del mundo, mientras que en paralelo, estamos convirtiendo nuestros ríos, mares y océanos en enormes vertederos de plástico, que llevan menos de un siglo acumulándose en las aguas.

Lo más complejo, es que año tras año las emisiones de CO2 a la atmósfera no hacen más que seguir aumentando, algo muy similar a lo que ocurre con el plástico, que sin importar que tan malo sea considerado, sigue rompiendo todos los récord de producción, de que rara vez termina siendo reciclado.

Tan solo en 2020, se produjeron más de 400 millones de toneladas del material, mientras que solamente el 9% de ese volumen pudo ser reciclado. Si este producto ya venía siendo considerado un problema a principio de siglo cuando se producía solo la mitad, se entiende que el mismo no hará más que seguir empeorando en los próximo años.
¿En qué se diferencia el plástico de otros materiales producidos en exceso?

A diferencia de otros tipos de productos, el plástico tiene el agravante de que el 40% de su producción está diseñada para ser descartada, ya sean cubiertos individuales, envoltorios o bolsas, estos productos son fabricados ofreciendo la ventaja de poder tirarlos una vez hayan cumplido con su objetivo.

De esa forma, se les enseñó a los trabajadores que ya no se tienen que molestar en llevar un par de cubiertos a la oficina, ya que más fácil es usar utensilios plásticos y descartarlos tras cada uso, algo similar a lo ocurrido con quienes iban a hacer las compras, donde ya no hacía falta llevar una bolsa propia, ya que resultaba más sencillo que cada comercio pudiera ofrecer bolsas descartables, ahorrando la molestia de trasladar una bolsa propia.

Con la misma lógica funcionan un gran número de productos y empaques descartables que suman 130 millones de toneladas de plástico diseñado y fabricado para ser utilizados una sola vez y después ser descartado para pasar más de 200 años descomponiéndose en el planta.
Si bien 130 millones de toneladas ya es un número alarmante, de los otros productos que se fabrican, la mayoría de ellos también está pensado para ser utilizados a corto plazo. Hoy en día el porcentaje de personas que reparan sus electrodomésticos es ínfimo, y los precios bajos que se ofrecen en nuevos productos, invitan al consumidor a simplemente reemplazar los que se tiene, en vez de intentar alegrarles la vida útil.

Según un estudio llevado adelante por Greenpeace, se estima que actualmente se producen 150.000 millones de prendas cada año, un 60% más que a principio de siglo, mientras que la vida útil de las prendas se ha reducido a la mitad, por lo que actualmente se producen y descartan un promedio de 15 prendas por persona a cada año.

Lo peor de eso, es que esta expansión productiva, lejos de beneficiar a los sectores más vulnerables de la población mundial, está destinada a que cada vez los sectores más pudientes de la sociedad descarten más productos y sigan aumentando su capacidad de consumo.

Es decir, un estadounidense promedio adquiere un promedio de 65 prendas anuales, mientras que en los países más carenciados, la cifra se vuelve ínfima.

Este tipo de consumo desmedido y desproporcionado, es el causante del mayor porcentaje de la contaminación mundial. En la actualidad, se estima que abastecer el consumo de un estadounidense promedio por tan solo 3 días, llega a ser mucho más contaminante que todo el consumo demandado por un nigeriano promedio a lo largo de todo un año.
Productos nuevos
Otra forma de descarte que comenzó a popularizarse en el último siglo es la destrucción sistemática de los productos nuevos.

Según la investigación periodística publicada por BBC, se estima que Amazon habría destruido 3 millones de productos nuevos en 2019, una estrategia que se implementa cuando un producto alojado en sus depósitos no se está pudiendo vender, al tiempo que devolverlo a sus fabricantes podría resultar más costoso que la destrucción de los mismos.

Por más insólito que parezca las cámaras ocultas lograron registrar como objetos tan variados como juguetes, libros, maquinas de café y hasta pañales nuevos que no se vendieron en Amazon son quemados o tirados en grandes vertederos de basura en Francia, según denunció el artículo.

La industria de la moda también tiene gran participación en este tipo de descarte de productos sin uso, según un estudio de la revista Magnet, la cantidad de ropa producida en el mundo a cada año que jamás llega a venderse en las tiendas representa un tercio sobre el total de la producción, es decir, 50.000 millones de prendas al año, que eventualmente terminan siendo incineradas, siguiendo una lógica de consumo completamente irracional e insostenible.

En una acción similar, la fábrica de neumáticos Pirelli, cuando se suspendió el Gran Premio de Australia de la Fórmula 1, mandó a destruir 1800 neumáticos nuevos, ya que trasladar los mismos habría llevado un costo logístico más elevado que simplemente deshacerse de todos ellos.
Sin soluciones mágicas

En el marco de una creciente producción pensada para la destrucción sistemática de las mercancías, una evidente irresponsabilidad ambiental, y un asentamiento importante de la cultura del descarte, resulta clave comenzar a hacer foco en el consumo responsable como única alternativa al cambio climático y deterioro ambiental.

Lamentablemente, los organismos internacionales, las potencias industriales y los medios hegemónicos de comunicación, lejos de estar ayudando a impulsar este nuevo cambio, parecen estar alineados con el actual e irresponsable sistema de producción y lo defienden en todo momento, repitiendo medidas vacías que no llevan a ninguna parte en busca de restarle importancia al problema y por consiguiente no tener que alterar el status quo hoy predominante.

Estos grupos alineados, lejos de buscar una solución real que apunte a bajar los niveles de consumo y admitir que es imposible seguir sosteniendo el actual sistema productivo, que fomenta la cultura del descarte, abordan pequeñas soluciones a modo de llevar tranquilidad a la sociedad con titulares optimistas, donde sugieren que el mismo sistema “se esfuerza” por solucionar el problema.

Es por eso, que resultan tan comunes estrategias comunicativas que lejos de tratar con profundidad y responsabilidad la temática, intentan llevar tranquilidad de que la ciencia y los estados están solucionando el problema gracias a los avances en la tecnología, y de esa forma hacer que los consumidores se despreocupan y sigan consumiendo sin pensar en las consecuencias.

En este marco, la mayoría de los titulares son cubiertos con noticias de científicos de todos los rubros se esfuerzan por inventar “una fórmula mágica” que sea capaz de dar un respaldo más o menos verosímil que pueda justificar los actuales niveles de irresponsabilidad productiva. Es así como en el último año se publicaron titulares como: “Una bacteria en la guerra contra el plástico”; Si bien la noticia sigue siendo re publicada cada poco tiempo, la misma tiene orígenes en el año 2016, cuando biólogos japoneses habían descubierto la llamada “Ideonella sakaiensis”, más conocida como "la bacteria come plástico". Desde entonces, se siguen publicando titulares como “la salvación del mundo contra la creciente contaminación de los mares”. Sin embargo, cuatro años después de esa noticia, aún no hemos visto ninguna botella desintegrada por las famosas “bacterias salvadoras”.

A pesar de que el descubrimiento no llevo a ningún lado, y el problema sigue empeorando, los medios hegemónicos lejos de comenzar a abordar responsablemente el problema y criticar el actual sistema productivo y la cultura de consumo que genera, sigue apostando por titulares sensacionalistas que lleven confianza a los consumidores, sin criticar el exceso de producción de productos estériles.

Un ejemplo de ello, fue el titular de CNN de hace algunos meses, donde manifestó que “Una ‘superenzima’ que se come las botellas de plástico seis veces más rápido”, otra noticia que prometía poner un final y plantarle lucha a la creciente contaminación plástica, pero que rápidamente fue olvidada sin ningún resultado positivo aparente.

A la lista se pueden agregar muchos más medios y noticias basura, como la de Infobae que garantiza que los plásticos iban a ser utilizados como combustible; “Ciencia: Basura plástica convertible en combustible limpio de hidrógeno”. En este caso, la noticia fue avalada por la Universidad de Oxford, uno de los centros educativos más elitistas del mundo, que garantiza que “El nuevo método representa una solución potencial atractiva para el problema de los residuos plásticos; en lugar de contaminar nuestra tierra y océanos, los plásticos podrían usarse como materia prima valiosa para producir combustible de hidrógeno limpio y productos de carbono con valor agregado”.

Las medidas políticas también están siendo de gran utilidad, ya que en los países donde comenzaron a exigirles a las empresas que se benefician con este desastre que se hagan cargo de los costos que significa la recolección y el reciclaje de los productos que fabrican.

Lamentablemente, estas leyes solo hicieron que las empresas pagarán las multas correspondientes a su incumplimiento, y trasladaron el sobrecoste de las mismas al precio final de los envases y seguir la producción sin más.
¿Se puede ser optimistas?

Si bien todo indica que la contaminación plástica, al igual que el resto de las formas de contaminación, va a seguir evolucionando para peor, muchos son los que piensan que la nueva generación de jóvenes tiene todo lo necesario para que comiencen a producirse cambios importantes en la matriz productiva.

Esta nueva generación, incluso en la actualidad, ya está produciendo importantes impactos en el mundo empresarial que repercute directamente en la forma de hacer negocios de miles de compañías. Según un estudio de Morgan Stanley realizado en 2017 en Estados Unidos,  el 86% de millennials se mostró algo o muy interesado en inversiones relacionadas con los negocios sustentables. Este informe también destacó que dicha generación invirtió en compañías con objetivos sociales y ambientales dos veces más a menudo que la población total de inversores individuales.

Es por esto que muchas empresas desarrollaron nuevas estrategias para hacer más sostenibles sus productos y servicios, así como los procesos de elaboración, buscando más inversiones y beneficiando de este modo su reputación corporativa y sus ventas.

"La creciente preocupación por el cuidado del ambiente tiene su correlato en una mayor demanda de productos y servicios sustentables por parte de quienes se muestran más sensibles al deterioro de nuestro planeta", afirmó Cortínez.

En cuanto a los consumidores, "este grupo, si bien aún minoritario, es cada vez más numeroso, y exige productos y servicios que no solo se 'pinten de verde', sino que realmente sean producidos de manera sustentable, y que esto, a su vez, sea contrastable", enfatizó.

De esta forma, la famosa generación que actualmente representa el 30% de la población latinoamericana y el 22% de la argentina se sigue imponiendo como la más comprometida a nivel sustentabilidad, liderando esta tendencia, y marcando un nuevo y particular perfil de consumidor e inversor.

Según el informe, tres de cada cuatro millennials están dispuestos a pagar extra por productos y servicios eco-friendly. A su vez, esta generación verde es más proclive a elegir compañías comprometidas con el ahorro energético, tanto por el cuidado económico como medioambiental.

"Los números ratifican la tendencia de esta generación y su compromiso con la sustentabilidad, así como la responsabilidad social empresarial que deben adoptar las empresas para cumplir con las expectativas de este grupo", concluyó Pablo Cortínez.
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