4/12/2021

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Contra las grasas trans

Luego de la aprobación de la Ley de Etiquetado de Alimentos, organizaciones de la sociedad civil reclaman que se reduzcan los niveles permitidos de grasas trans ya que no tienen beneficios para el organismo. En un relevamiento, observaron que todas las margarinas analizadas superaban el límite recomendado por la OMS.

Autor de la nota: Nadia Luna

Nadia Luna

Publicado el 4 de Diciembre de 2021


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Las grasas trans pueden encontrarse en ultraprocesados como la margarina, galletitas, snacks y baños de repostería, así como también en productos de panadería y comidas artesanales. Son producidas industrialmente al convertir un aceite líquido en una grasa sólida y se utilizan para lograr mayor duración en las características organolépticas de los productos o conseguir ciertas texturas en los panificados. Sin embargo, no cumplen funciones beneficiosas para el organismo, sino todo lo contrario.

Según el estudio Global Burden of Desease (2019), realizado por la Universidad de Washington, se estima que en la Argentina, de las 80.000 muertes que se producen anualmente por enfermedades cardiovasculares, unas dos mil están relacionadas al consumo de grasas trans.

Es por eso que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda a los países establecer dos medidas reglamentarias: limitar la incorporación de ácidos grasos trans (AGT) al 2% (es decir, hasta 2 gramos cada 100 gramos de grasa total) y prohibir el uso de aceites parcialmente hidrogenados (APH). En la Argentina existe una normativa que limita el uso de grasas trans pero data del año 2010, cuando aún no existían estos estándares internacionales. Esta normativa incorporó en el Código Alimentario Argentino (CAA) el artículo “155 tris” que limita el uso de AGT a un 2% del total de grasas en aceites vegetales y margarinas destinadas al consumo directo y a un 5% en el resto de los alimentos (usados por ejemplo como materia prima de otros productos).

Más allá de la necesidad de actualizar los límites permitidos, diversas organizaciones de la sociedad civil presentaron este miércoles dos estudios donde observaron que todas las margarinas analizadas superaban el límite del 2% de grasas trans. No solo eso: el 94% superaba incluso el 5% establecido por el CAA. Por eso, desde las organizaciones reclaman que la Argentina avance hacia una política más restrictiva de eliminación de las grasas trans, con un límite del 2% para todos los productos, incluyendo los que son utilizados como ingredientes o materias primas, y prohibir el uso de los APH, tal como recomienda la OMS.

“Las grasas trans no cumplen ninguna función biológica en el organismo, lo único que generan es un perjuicio para la salud ya que reducen el colesterol bueno y aumentan el colesterol malo. Esto va generando la formación de ateromas en las arterias y las va tapando. Por eso su consumo está relacionado directamente con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares”, explica a la agencia TSS -de la UNSaM- el licenciado en Nutrición Ignacio Porras, director de la Sociedad Argentina de Nutrición en Alimentos Reales (SANAR), una de las organizaciones impulsoras de la iniciativa.

Además de SANAR, las organizaciones que buscan dar un nuevo paso hacia la alimentación saludable, tras el logro de la sanción de la Ley del Etiquetado Frontal en octubre pasado, son la Fundación Interamericana del Corazón (FIC Argentina), Consumidores Argentinos, la Fundación para el Desarrollo de Políticas Sustentables (FUNDEPS) y la Federación Argentina de Graduados en Nutrición (FAGRAN).

“La Argentina fue pionera en tratar de limitar las grasas trans en los productos alimenticios pero hubo fallas. Muchas empresas que venden materia prima de industria a industria, por ejemplo las que hacen margarina para venderle a una panadería, interpretaron que la normativa de 2010 no los alcanzaba. Además, la inscripción de ingredientes en los empaquetados es meramente declaratoria. Esto significa si soy productor de alfajores y coloco cuantas grasas trans tiene mi producto, los entes regulatorios no me exigen que presente un análisis químico que respalde lo que estoy diciendo”, indica Porras.

Para aportar más datos a la discusión, las organizaciones realizaron dos estudios. Por un lado, desde FIC Argentina se abocaron a caracterizar a los principales actores que producen materias primas con APH en el mercado argentino. Así, identificaron que este tipo de producción está concentrada en pocos actores: 4 empresas grandes y 6 pequeñas-medianas. Las 2 más grandes serían responsables del 60% de la producción total.

Por su parte, Consumidores Argentinos realizó un análisis químico de 18 margarinas con APH que se utilizan en panaderías, supermercados y cadenas de comida rápida. El 100% de las muestras contenía niveles por encima del límite recomendado del 2%. El valor promedio de grasas trans sobre el total de grasas de las margarinas fue de 20,1% con un máximo de 39,3% y un mínimo de 4,8%. Por lo tanto, el promedio hallado fue 10 veces más alto de lo que recomienda la OMS.

Para explicar estos números de forma práctica, desde SANAR hicieron un gráfico donde ejemplifican el exceso de grasas trans a través de un producto: las medialunas. “Si consumimos una medialuna elaborada con las margarinas que tienen un 20-25% de exceso de grasas trans, con solo comer la mitad de una medialuna alcanzás el valor máximo recomendado. En cambio, si se limitan las grasas trans a menos del 2%, necesitarías unas siete medialunas para alcanzar el límite diario aconsejado. Lo que queremos decir con esto es que, con una política pública más restrictiva, sería más difícil alcanzar ese límite”, señala el especialista.

Las organizaciones ya habían presentado la iniciativa a la Comisión Nacional de Alimentos (CONAL) en septiembre y ahora volvieron a hacerlo con la esperanza de que se trate en las reuniones que el organismo está celebrando esta semana. “Entendemos que estaba en agenda para ser tratado pero no sabemos si será así porque no hay participación de las organizaciones de la sociedad civil en esas reuniones. Es un organismo muy cerrado que está atravesado por conflictos de interés, ya que hay mucha cercanía con la industria alimentaria y no así con las organizaciones que buscan representar los derechos de la población al acceso a una alimentación saludable”, afirma Porras.

Donde sí han sido convocadas las organizaciones es para tratar la reglamentación de la Ley de Etiquetado Frontal. “Si bien aún no nos llegó la invitación oficial, fuimos consultados de manera informal sobre si estamos disponibles para hacer la primer reunión técnica para la reglamentación de esa ley el próximo lunes. Las organizaciones venimos trabajando en un documento y ya tenemos preparadas nuestras sugerencias para presentar ante el Ministerio de Salud”, adelantó Porras.

 


Nadia Luna es periodista especializada, integrante de la agencia TSS de la Universidad Nacional de San Martín. 
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