27/6/2020

Política

Cuarentena… ¿Y después?

Cien días que cambiaron la historia, podría llamarse también la propuesta de análisis. En la Argentina acumulamos cien días de aislamiento social, preventivo y obligatorio, que para las regiones más pobladas, acaba de endurecerse.

Publicado el 27 de Junio de 2020


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Foto: EFE | Juan Ignacio Roncoroni.

Pensar el futuro desde el lodo del presente, parece una tarea titánica a la luz de los acontecimientos que castigan al mundo entero.

La respuesta sanitaria a la pandemia del nuevo coronavirus que sorprendió a la humanidad en aquel lejano noviembre de 2019, ha provocado una transformación integral de la vida cotidiana de un mundo sumergido hasta el cuello en una globalización que arrastraba décadas de agotamiento social, cultural, político y económico.

Los libros científicos del futuro deberán dar respuesta sobre la eficacia sanitaria o no de las medidas de confinamiento global que acompañaron las decisiones políticas de una buena parte del mundo. Hasta aquí, los libros de historia de política sanitaria no ofrecen respuesta, dado que fue la primera experiencia global de una medida de implicancias enormes.

Pero las consecuencias económicas, sociales y sus derivaciones políticas deberán encontrar respuesta muchos más temprano. El diseño del futuro, exige responder la emergencia de un presente bien jodido.

En apenas cien días de cuarentena, la esperanza de un mañana idéntico al lejano febrero resulta más distópico que cualquier serie o película de ciencia ficción.

Pensar que una vacuna para el nuevo coronavirus permitirá abrir las puertas a un mañana en el que nuestra vida se desarrolle de manera idéntica a como la estábamos viviendo antes de la pandemia, resulta utópico.

El mundo no será el mismo y nuestro país, de más está decirlo, tampoco.

Las relaciones humanas serán mucho estarán mediatizadas por lo digital de una manera más acentuada a lo que se venía experimentando. Los vínculos, los besos, los abrazos, irán recuperando terreno lentamente, pero el reflejo de la vinculación virtual estará allí, presente, con la impostura de acortar distancias y facilitar tareas, aunque solo aleje y complejice los vínculos sociales.

Aún más grave, nos enfrentaremos a un mundo más injusto e inequitativo que aquella realidad que nos desembocó en la pandemia. Un puñado de grandes corporaciones vinculadas a la tecnología, dejarán las medidas de confinamiento con una riqueza empresaria y personal de sus propietarios, bastante más grande que la que tenían hasta entonces.

Sin ir más lejos, en Argentina, mientras Mercado Libre de Marcos Galperín registra ganancias exorbitantes y el volumen de la empresa ha logrado crecer su valor de mercado en un 63,6 alcanzando un valor de 18.100 millones de dólares, el PBI del país en su conjunto retrocedió un 5,4%.

Las empresas de comercio electrónico han crecido en un 118% en volumen de ventas, mientras los comercios tradicionales cierran en forma definitiva a un ritmo de dos por cuadra en la Ciudad de Buenos Aires.

105.000 personas habían perdido su trabajo en el registro de Marzo. Para la UCA en su encuesta, cerca de 900.000 personas en el país perdieron su trabajo, computando en la cifra el empleo no registrado, al que no llegan las medidas de prohibición de despidos, ni suspensiones, ni doble indemnización. Menos aún, la asistencia para el trabajo y la producción.

12 millones de hogares han solicitado el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), que lo constituyen 10.000 pesos en los primeros 70 días de cuarentena -por el ritmo de pago- y 10.000 pesos en los siguientes 50 días, también por esta dinámica de pago que parece no reparar en los bolsillos flacos que también enfrentan la situación.

Los sectores más humildes, los asalariados y aquellos que se ganan el pan cada día saliendo a inventar su trabajo, son los que más sacrificios han hecho hasta aquí para sobrellevar las consecuencias de un duro aislamiento social que los empujó a tener que recurrir a la solidaridad para llevar un plato de comida a la mesa, a la asistencia pública para recomponer un ingreso o a la desesperación ante la crisis del mercado interno que tampoco permite inventar una changa o vender algo en la calle para sobrevivir.

Dista mucho el sacrificio de estos sectores, con la actitud despreciable de aquellos que están más acomodados en la pirámide económica: los que no pueden dejar de pensar en sus propios privilegios, antes de comprender la dimensión de la crisis económica a la que asistimos.

Como lo es también la actitud de los representantes de los grupos económicos que operan en el país, que siempre ven las crisis como una oportunidad para camuflarse de víctimas y hacer valor su posición dominante sobre los actores más chicos del mercado, o para con sus trabajadores, o para los consumidores.

Despidos, suspensiones, flexibilización laboral de hecho, aguinaldo en cuotas, deterioro de las condiciones de trabajo, amenazas y aprovechamiento de los recursos del Estado para transformar su posición dominante en oportunidad de rentabilidad, han marcado las actitudes de quienes son patrones de empresas y, da la sensación, que por momentos también se sienten patrones del país.

Hay un horizonte de justicia social en la esperanza de los que más se han sacrificado durante la pandemia. El desgaste en las confianzas sociales y políticas acumuladas durante un tiempo, exigen respuestas con mayor premura que en tiempos de normalidad.

La nueva normalidad es de emergencia, y en esa conciencia deberán inscribirse las respuestas políticas y económicas del futuro.

La pandemia, también, ha demostrado que no pueden ser parte de la misma agenda la rentabilidad extraordinaria de una empresa y la integridad del ingreso popular. No entran en la misma bolsa la actitud del que aumenta los precios, que la necesidad de quienes no pueden comprar comida. Que son absolutamente contradictorios los intereses de quienes tienen ganancias extraordinarias con los recursos del país y los del Estado, que los necesita para su desarrollo.

Se hace necesario en este tiempo una actitud valiente y decidida de la acción política, para encontrar un futuro que repare las injusticias del presente, potenciadas por la pandemia y a la que no le quedará mucho tiempo para seguir alimentándose de anuncios vacíos.

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