29/5/2021

Política

De carne somos

La carne tuvo un descomunal aumento que supera el 65% interanual (INDEC). ¿El resultado? Un desplome en el consumo que alcanza su piso histórico. En un país con el 42% de pobreza y frente a la especulación de empresarios que priorizan el mercado externo, crece la necesidad de potenciar el consumo interno y repensar la cadena de la industria cárnica

Publicado el 29 de Mayo de 2021


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El consumo de carne en la Argentina se ha desplomado con tanta fuerza y a un ritmo tan acelerado, que alcanzó su mínimo histórico de consumo per cápita. Uno de los factores que explica esto –el más importante de ellos-, es el aumento constante de los precios que vienen en alza desde el 2015. La aceleración de lo mismo se debe básicamente a la especulación y a obtener mayores saldos exportables. Carne que no comen los argentinos, la comen en otras partes del mundo y la pagan en dólares.

En segundo orden, el deterioro del salario real –o de los ingresos- y la pérdida del poder adquisitivo de amplios sectores populares, ha hecho caer estrepitosamente el consumo masivo de los niveles promedio de las últimas décadas.

 

¿A quién le sirve que la carne esté cara en la Argentina?

En lo que va del 2021, según el Indec, el corte de costilla o asado –solo para poner un ejemplo- aumentó un 20% y un 120% desde la asunción de gobierno, en diciembre de 2019.

En este contexto, el Gobierno Nacional decidió frenar de manera temporal las exportaciones de carne por 30 días e inició una serie de negociaciones con los principales frigoríficos que concentran el comercio exterior.

"El precio de la carne venía creciendo indebidamente y entonces la decisión que tomó el Presidente fue cerrar las exportaciones y esperar que el sector exportador acerque una propuesta para resolver una ecuación que es muy sencilla, que haya exportación y genere ingresos genuinos, pero no a costa de poner en crisis la mesa de los argentinos", explicó el Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.

La primera reacción fue un paro de comercialización de hacienda que, en principio, duraría 9 días. Sin embargo, en las últimas horas se ratificó la continuidad de esta medida que irá hasta el próximo miércoles 2 de junio, según lo informaron de manera oficial las entidades que integran la Mesa de Enlace.

En un comunicado difundido ayer, la conducción política de las patronales agropecuarias, insiste con el argumento de que las medidas tomadas por el Gobierno Nacional “no va a lograr que los precios internos de la carne bajen sino que va a tener el efecto contrario al buscado”.

“Debe entenderse que las exportaciones cerradas hoy son de un producto que no es del gusto de los argentinos y que intentar bajar los precios saturando las carnicerías de vacas viejas, lo que producirá será un daño enorme a los productores criadores que en general son los más sufridos por estar lejos y en campos de menor calidad”.  

La CRA, una de las entidades que forma parte de la Mesa de Enlace, confirmaron la medida a través de su cuenta de tuiter de una forma bastante elocuente. 

En paralelo, el consorcio de exportadores de carne ABC, continúa negociando la ampliación del acuerdo ya existente con el Gobierno para abastecer carnes a precios promocionales. El nuevo consenso sería llevar de seis mil kilos mensuales, a ocho mil.

Tal como lo explicaran Matias Strasorier y María Rizzo en un artículo recientemente publicado en InfoNativa, “la inflación y la devaluación solo favorecen a los exportadores”.

El aumento generalizado de los precios, provoca mensualmente la caída de los salarios reales y por ende reduce la capacidad de compra de bienes y servicios.

El punto de partida para contabilizar la caída del salario en la Argentina, es la paupérrima gestión económica del gobierno de Mauricio Macri, donde hubo una retracción muy fuerte y el resultado fue la pérdida de gran parte de la capacidad adquisitiva.

En noviembre de 2015 –durante el último mes de gobierno de Cristina Fernández- el salario mínimo de un trabajador o trabajadora de la Argentina estaba alrededor de los 589 dólares. En la actualidad, un salario mínimo equivale a menos de 230 dólares. “Esos u$s 259 que las y los trabajadores perdieron desde noviembre de 2015 se trasladaron a los grupos empresariales, a través de un aumento superior del precio de los bienes y servicios que comercializan”, indican los especialistas.

 

Argentina, país productor de alimentos y desigualdades

No quedan dudas de que el precio de la carne es un termómetro que mide el bolsillo de la población de a pie en la Argentina, algo que impacta directamente en el consumo. Si se anualizan los porcentajes de consumo obtenidos hasta aquí, a fin de año, cada argentino habrá adquirido menos de 45 kg. por persona.

Es aquí donde toma relevancia y prioridad la necesidad de dejar de poner parches y aplicar políticas de fondo que, concretamente, impulsen la totalidad de la cadena de alimentos en la Argentina, de manera que se reactive el consumo interno.

Días atrás, desde la Unión de Trabajadores de la Tierra, llevaron a cabo un “corderazo”. Allí, productores chubutenses vendieron el kilo de cordero a $650 y obtuvieron más de $400 por kg, mientras en el mercado tradicional les pagan menos de la mitad. “El modelo concentrado de la producción de alimentos genera riquezas para unos pocos, sube muchísimo los precios y genera una crisis social y alimentaria real”, explicaron desde la UTT.

Sin embargo, son niveles de producción y venta que no se puede reproducir en escala ampliada si el Estado no interviene de manera protagónica diagramando políticas públicas que fomenten la producción, el consumo y el trabajo genuino.

En esta línea, trabajadores y trabajadoras de mataderos y frigoríficos recuperados, un sector que representa el 4% del mercado interno del país y que tiene la capacidad de llegar al 10%, además de acompañar la decisión de gobierno de “parar la pelota” y frenar las exportaciones de carne, sostienen que es necesario la reflexión de todos los eslabones de la cadena, de manera que se pueda garantizar el consumo de carne en todas las mesas argentinas.

Asimismo, argumentan la necesidad de “un plan integral ganadero” que articule el trabajo de pequeños y medianos productores y mataderos frigoríficos nacionales –de capital privado o social- y de un programa de financiamiento mediante créditos a tasas subsidiadas que permitan poner en condiciones las plantas de producción.

El propio Presidente de la Nación, Alberto Fernández, en una entrevista reciente planteó que este cierre se levantará cuando el “tema esté resuelto” e insistió en que “no puede faltar la comida en la mesa de los argentinos”.

Esa misma tarde, Santiago Cafiero, utilizando una metáfora futbolera dijo que “la pelota quedó de su lado, nos tienen que traer una propuesta y todavía eso no ocurrió”, refiriéndose al sector agroexportador.

Esperar que “la propuesta” venga de este sector para encontrar la solución y continuar “peloteando” el conflicto, sería algo así como pedirle al lobo que cuide las ovejas.

El conflicto recurrente del “lugar de la cancha en el que queda la pelota” deja al descubierto una vez más, la necesidad y la responsabilidad de desarrollar una nueva experiencia de organización social del trabajo y la producción que atienda las necesidades del consumo masivo interno.

Tal vez, esta crisis nos dé la oportunidad de pensarlo. 
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