2/12/2020

Política

Del No Al Alca a “Quiero trabajar junto a Usted para ordenar a América Latina”

Hace apenas 15 años, en la Ciudad de Mar del Plata, se desarrolló la IV Cumbre de las Américas en lo que significó el entierro de la pretensión norteamericana de imponer un acuerdo de libre comercio para la región. En su diálogo con Joe Biden, Alberto Fernández le propuso trabajar en conjunto para ordenar América Latina.

Publicado el 2 de Diciembre de 2020


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“Las consecuencias nefastas que las políticas de ajuste estructural y del endeudamiento externo tuvieron para el pleno ejercicio de los derechos humanos, en especial los derechos económicos, sociales y culturales, se viven y recorren trágicamente el mapa de la inestabilidad latinoamericana. No se trata de ideología, ni siquiera de política, se trata de hechos y de resultados”. La frase pertenece a Néstor Kirchner, fue pronunciada a los dos minutos de iniciar su discurso el 4 de noviembre de 2005 en la IV Cumbre de las Américas. Entre los oyentes se encontraba George Bush hijo, entonces presidente de los Estados Unidos.

En la agenda norteamericana se traía como contrato de adhesión el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA) que incluía las condiciones de la dependencia económica y política de los países de América Latina a los intereses de Estados Unidos. El libro volvió cerrado y sin firmar a Washington.

Néstor Kirchner sostuvo un argumento incontrastable para frenar la ofensiva norteamericana, a quien le reconocía su rol de liderazgo global, “Creemos que el ejercicio responsable de ese liderazgo en relación a la región, debe considerar necesariamente que las políticas que se aplicaron no sólo provocaron miseria y pobreza, en síntesis la gran tragedia social, sino que agregaron inestabilidad institucional regional que provocaron la caída de gobiernos democráticamente elegidos en medio de violentas reacciones populares, inestabilidad que aún transitan países hermanos.”

Consciente del clima de época que atravesaba nuestra convulsionada región, sostuvo: “Peor aún, no podemos ignorar datos estadísticos que dan cuenta de un creciente y preocupante desapego por el sistema democrático de los habitantes de distintos lugares de nuestra región como consecuencia de la falta de una digna calidad de vida. Llegamos así y por esa vía a un rejuntado paradojal: en nombre de la democracia tenemos menos democracia.”

Las postales de aquella jornada pusieron los acontecimientos en una justa dimensión histórica, en la que hoy se puede recordar a Diego Maradona acompañando la delegación de presidentes de nuestra región encabezada por Hugo Chávez, Lula Da Silva, con quienes compartió tribuna en el estadio mundialista de Mar del Plata.

La agenda argentina traía aún sus cuentas pendientes con el Fondo Monetario Internacional, responsable directo de haber financiado la convertibilidad que había volado por los aires el 20 de diciembre de 2001 y había condenado al país a un ciclo impagable de su endeudamiento externo destinado a financiar la fuga de capitales.

En ese contexto, Néstor caracterizaba la situación sobre el “Fondo Monetario Internacional que si apoyó y financió, en el orden de los 9 mil millones de dólares hasta semanas antes del colapso, el régimen de convertibilidad, déficit fiscal y endeudamiento. Aquella cifra, curiosamente, es casi equivalente a la deuda total que tiene mi país con ese organismo.”

Néstor señalaba que “en un ejercicio que podemos calificar de perverso, sin temor a equivocarnos, se le dieron fondos frescos, dinero constante y sonante, no sólo a los que no pagaban sino a los que seguían gastando y mantenían un déficit fiscal crónico. Hoy, lo que se le niega a la Argentina, no son ya fondos o nuevos préstamos que no hemos solicitado y que, obviamente, ni pensamos hacerlo, es algo mucho peor, se nos niega la refinanciación si no aceptamos determinadas condicionalidades que no son otras que las mismas políticas que nos condujeron al default.” Por eso, reclamaba en la cumbre “Pretendemos que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial cumplan el rol contracíclico para el cual fueron creados, eviten el sistema de condicionalidades cruzadas”.

15 años y un mes apenas, han pasado desde aquella cumbre que rechazara el acuerdo de libre comercio con la actualidad. En esta nueva etapa de la Argentina, el país se encuentra en plena negociación con el FMI, luego de un nuevo ciclo de financiamiento crónico de la fuga de capitales, las políticas de ajuste estructurales y los condicionamientos sobre el desarrollo económico nacional.

En ese contexto, el pasado lunes, Alberto Fernández mantuvo una comunicación virtual con Joe Biden, a quien le restan pasos legales para convertirse en el nuevo presidente de los Estados Unidos, pero que ha sido proclamado en dicho sentido por las corporaciones económicas y, fundamentalmente, de la comunicación. Algo que en la democracia estadounidense, es mucho más importante que el voto popular, los recuentos burocráticos o el resultado del consejo electoral.

En dicha comunicación, Alberto Fernández abordó la protocolar felicitación por el triunfo que se proclamara, encaró el rol determinante de los intereses norteamericanos en el directorio ejecutivo del FMI y la articulación regional de los intereses latinoamericanos.

En ese marco, el mandatario argentino le dijo a Biden que su elección es "una gran oportunidad de generar un mejor vínculo, para que Estados Unidos se reencuentre con América Latina".

Incluso, destacó que en América Latina se están “culminando años difíciles” y destacó en ese diagnóstico que "Queríamos que las cosas cambien y vemos en usted una alternativa, con una relación sólida y madura defendiendo la seguridad y las democracias en el continente, tengo la seguridad de que vamos a hacer muchas cosas juntos”.

“Quiero trabajar junto a usted para ordenar a América Latina”, le señaló Fernández a Biden. Mencionó en ese marco al Papa Francisco y agregó: “creo que con el Papa como socio, definitivamente, nos va a ir muy bien".

Biden intentó retribuir el saludo y edificó un comentario polémico al señalar que “Ustedes tienen un país con una gran cantidad de recursos humanos y naturales, con una predominante descendencia europea. Eso va a ayudar a tener un futuro exitoso”.

La relación con Estados Unidos del Gobierno Nacional mantuvo hasta aquí un tono distante de aquel mensaje con el que Néstor Kirchner modificara el rumbo de las relaciones bilaterales asimétricas con una potencia mundial que, gobierne quien la gobierne, mantiene una dinámica de tentativa permanente de subordinación política y económica de los intereses regionales.

El buen clima actual no nace con Joe Biden, caracterizó también el ritmo de relaciones con el poder económico norteamericano, mas allá de su administración. Las múltiples participaciones en las convocatorias de la cámara de comercio norteamericana “AmCham”, la frecuente relación con la administración de Trump de Gustavo Béliz y el embajador Arguello en Washington, han cimentado una relación que ha permitido que las multinacionales de origen norteamericano mantengan –aun en crisis por la pandemia- niveles de rentabilidad exagerada en relación con el espacio económico local.

De hecho, la rentabilidad en la Argentina de la banca extranjera de origen norteamericano es considerablemente superior a la banca privada local e incluso, a la banca privada extranjera de otros países. Esquema que se ha mantenido incólume durante el primer año de gobierno de Alberto Fernández.

En forma gráfica, el Secretario de Planificación Estratégica de la presidencia, Gustavo Béliz, había saludado la pretensión de subordinación económica de la administración Trump conocida como “América Crece” al señalar que “La iniciativa 'mérica Crece / Growth in the Americas tiene el potencial de jugar un papel clave en la reconstrucción de nuestra región”.

Incluso, en una oferta concreta señaló Béliz que la iniciativa permitía “ayudar a los países en desarrollo en sus esfuerzos por apoyar a los sectores privados nacionales al impulsar la inversión en gran cantidad de proyectos, entre los cuales se encuentran la energía, tecnologías de la información, telecomunicaciones e infraestructura.”

En términos similares a la expresión de motivos de Alberto Fernandez a Biden,  Béliz le había expresado a Donald Trump que “Estados Unidos se posiciona una vez más como un socio proactivo para el desarrollo de América Latina, al tiempo que contribuye a reformar nuestra red productiva a través de inversiones de alta calidad en industrias clave como las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial, junto con los muy necesarios proyectos de infraestructura y energía que contribuirían de manera decisiva para poder hacer frente a las amenazas globales.”

Es cierto, como se afirma, que las relaciones de fuerza en la región con las que se contaban en 2005 no son iguales a las que se cuenta hoy, en un escenario de estabilidad compleja para las democracias regionales. Sin embargo, siempre corresponde hacer notar, que jamás se construyen relaciones de fuerza para avanzar en soberanía nacional si la política que se desarrolla pretende fortalecer el costado que desequilibra hacia el rincón de la dependencia.

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