11/9/2021

Opinión

Democracias blanditas, ciudadanías de morondanga

Autor de la nota: Carlos Caramello

Carlos Caramello

Publicado el 11 de Septiembre de 2021


Imagen de la nota 'Democracias blanditas, ciudadanías de morondanga'

 

“Una solitaria mota de polvo es capaz, 

por si sola, de crear un imperio de pelusas” 

Daniel Aragonés

 

Predomina, entre consultores y analistas, la certeza de que los tiempos se deslizan por la pendiente del enojo contra la dirigencia política. Lo que, probablemente, será el común denominador de los resultados -numéricos y emocionales- de las elecciones del próximo domingo. 

“Atravesamos momentos de incertidumbre”, le confiesan los encuestadores en voz baja a sus clientes, los candidatos (palabra que, aunque parezca, no viene de “cándidos”). “La cantidad de indecisos impide llegar a indicadores más o menos confiables”, redondean, mientras revolean datos tan disímiles como la ideología de quien haya pagado la encuesta. 

Chicas… muchachos: los estafan. “Incertidumbre” es uno de los patronímicos con que se diluyen las “democracias de baja intensidad”. Un eufemismo para renombrar tiranías contemporáneas: mediáticas, corporativas… tiranías de la moda y las redes que encuentran sólido sostén en una “ciudadanía de mala calidad”. 

¿Casualidad? NO. Construcción. Los estertores del siglo XX estuvieron atravesados por el fantasma del Neoliberalismo que, primero recorrió Europa y los Estados Unidos y luego se propagó pandémicamente por el resto del mundo -Sudamérica incluida- montado en la globalización. 

Mientras los economistas esparcían su cantinela de ajustes varios, los organismos multilaterales nos prestaban a tasas usurarias y los medios cartelizaban la información, aparecieron algunas poderosas organizaciones para-estatales tipo la Fundación Konrad Adenauer o el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) a bajar fondos para la rimbombante tarea de construir ciudadanía. 

Millones de euros y dólares desparramados a través de ONGs (me resisto a llamarlas Sector Social, como si el Estado y el Mercado fuesen anti-sociales) que, supuestamente, los dedicarían a realizar una “capacitación colectiva integradora que permita alcanzar acuerdos básicos, alentando la participación cívica y el disfrute de los bienes públicos”. 

Hay que reconocer que, en este último punto, lograron su objetivo: en nuestro país, una de esas organizaciones -muy reputada, por cierto; con una sólida pátina de transparencia- fue el CIPPEC, que se presentaba como “independiente, apartidaria y sin fines de lucro” pero terminó siendo el think tank del PRO. 

Fruto de eso, al presidente de esta “organización apartidaria”, Nicolás Ducoté, lo premiaron con la intendencia de Pilar entre 2015 y 2019 y terminó procesado por sospechas de corrupción en el manejo de fondos nacionales para la obra pública. Además, antes de declarar, se fue a España por “motivos académicos”. Recordar que Laura Zommer, titular de “Chequeado”, la empresa que te dice si una información es verdadera o falsa, es la esposa de Nico… bueno. 

Podría nombrar otros casos como el de Laura Alonso, Directora Ejecutiva de Poder Ciudadano, brazo armado del Transparencia Internacional en estos pagos. Entre las normas “éticas y morales que todos los miembros de la Fundación deben observar” y más si son directivos, estaba la de no participar de ningún partido político. Bueno, es bien sabido que Laurita -como se la conoce- renunció a su cargo una vez que fue confirmada en la lista de diputados del PRO y, luego, con Macri presidente, asumió la titularidad de la Oficina Anticorrupción sin ser abogada (tuvieron que nombrarla por decreto de excepción) para, desde allí, salir a respaldar a Mau -como lo llamaba en la intimidad- por el affaire Panamá Papers. Si esos estaban llamados a “construir ciudadanía”, ¡imaginate!

Dos muestras de un mismo botón que deberían bastar para entender por qué, enancados en las tropelías que han cometido los que venían de afuera de los partidos, aparecen supervillanos libertarios que convocan a “quemar el banco central”, o vates de aforismos edulcorados, o candidatas virginales y trashumantes y la gente (perífrasis de “ciudadanía construida a fuerza de ongs”) los vota. ¡Pordió!

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