26/2/2022

Política

Desde lejos no se ve

La agenda periodística de los medios hegemónicos está subordinada a los intereses norteamericanos. Nos pretende instalar su perspectiva de los acontecimientos y condenar a no poner la mirada en nuestras urgencias y necesidades. Pensar desde ésta tierra, aferrarnos a nuestra historia, para pensar el horizonte de un tiempo plagado de complejidades.

Autor de la nota: Fernando Gomez

Fernando Gomez

Publicado el 26 de Febrero de 2022


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Cualquier persona que siga atentamente la agenda periodística de los medios hegemónicos que operan en nuestro país, en el comienzo de este fin de semana, va a tener absolutamente en claro cuántos puentes controla el ejército de Ucrania, que tipo de sanciones económicas le impuso Joe Biden a Rusia, cuán cerca están las tropas de Putin de ingresar a Kiev.

Además, estará conmovido tras la lectura de centenares de notas edificadas para que, una vez leídas, cualquier desprevenido termine convencido que los rusos son malos, los ucranianos son una pobre gente y Estados Unidos es el garante que el mundo siga girando.

Sucede que la basura periodística que se produce desde los medios hegemónicos en nuestro país, como acontece en la mayoría de occidente, es elaborada por agencias que trabajan al servicio de los intereses económicos de los Estados Unidos y las corporaciones económicas que viven de su despliegue geopolítico.

Cualquiera que repase las páginas de Clarín, La Nación, Infobae, Perfil y tantísimos cortacables de las agencias internacionales que se ubican del otro lado de la grieta, ha terminado la semana convencido que Rusia invadió intempestivamente Ucrania. Eso sí, no va a tener ni la más remota idea del contenido del acuerdo que Argentina se encuentra en cercanías de alcanzar con los miserables del Fondo Monetario Internacional.

Y para el destino de nuestro país y nuestra gente, hay urgencias que se cocinan mientras la atención pretende estar puesta lejos de nuestras fronteras. Y ese acuerdo con el FMI, que sigue permaneciendo en el cono de sombra que ahora se justifica con la pretendida guerra, opera además como yunque para cualquier intento pensar, de qué manera, puede sacar ventaja nuestro país de las consecuencias económicas de la disputa entre potencias.

Y vaya que hay lecciones en el peronismo para contrastar con éste presente…

El 25 de agosto de 1944, aún bajo la presidencia de Edelmiro Farrell, se crea el Consejo Nacional de Posguerra, el cual presidiera el entonces Coronel Juan Domingo Perón, a cargo de la vicepresidencia e impulsor de la creación del organismo.

La Argentina enfrentaba por aquel entonces las consecuencias de la segunda guerra mundial, en la que la desocupación asolaba al mundo, los salarios se encontraban deprimidos a niveles históricos, los precios de las materias primas volaban por los aires y los alimentos del mundo, eran rapiñados de los suelos de nuestro continente.

Perón dijo en sus memorias “Creé el Consejo Nacional de Posguerra, cuya misión era estudiar cómo haríamos para que no nos robaran, como había sucedido en 1918, cuando los vencedores no nos pagaron un centavo por los productos con los que los habíamos abastecido”.

La salida de la pandemia, y los conatos bélicos que amenazan la coyuntura, evidencian indicadores económicos comparables con aquella compleja coyuntura. Y como en aquel entonces, los dueños de los granos y ahora también del gas y los hidrocarburos, se frotan las manos por el alza descomunal que registran los precios internacionales.

El Consejo de Posguerra fue la oportunidad de evitar que un puñado de vivos se queden con el provecho económico que la situación internacional había transformado en oportunidad para la Argentina, y además, significó un dique de contención a la crisis social que se gestaba en el destino global de miseria que se avistaba en el horizonte.

El historiador Gustavo de la Vega señala como contexto para la creación de aquel consejo que “La preocupación por un aumento del costo de vida, sumado al riesgo de que la industria manufacturera no lograra superar sus dificultades, configuraba un escenario de potencial conflicto social que había que analizar. El desempleo posible era una amenaza que podía generar una situación no deseada y era necesario conjurar los perjuicios sociales que el desempleo y el aumento del costo de vida podían llegar a instalar en el país.”

Y agrega que “El discurso inaugural hecho por Perón es bastante interesante desde el punto de vista de las ideas a implementar o de los roles que se esperaban de los distintos actores. En ese discurso coloca al Estado en una posición rectora y ordenadora del cuerpo social. El Estado era visto como la única alternativa a la caída en una anarquía de intereses si estos no eran modera­dos por la acción del poder: en ese diagnóstico se perfilan por un lado una economía patronal y por el otro una economía obrera que pujan por sus intereses de una manera fragmentada, cuando lo que verdaderamente debía contemplarse, según su visión, era una economía nacional”.

En un país que se acerca peligrosamente al 50% de pobreza, en la que seis millones de jubilados viven con poco más de 32.000 pesos, en la que trabajar no se traduce en abandonar la pobreza y en el que el precio de los alimentos viene registrando un arrastre criminal de los aumentos de los precios internacionales y un componente de especulación indignante, aquellas iniciativas que debieran inscribirse en el ADN del peronismo y provocara debates que aparecen ausentes en la dinámica de la política Argentina.

Aún más, si como país agroexportador, verificamos un alza descomunal del valor de los granos en el mercado internacional; o asistimos al relato cotidiano de los medios hegemónicos sobre cómo aumenta el gas y el petróleo a niveles record para la última década.

Resulta inaudito que, en las filas del peronismo, no haya capacidad de reacción para enderezar el poder del Estado a recuperar los resortes soberanos de nuestro desarrollo económico para orientar una coyuntura internacional compleja, en favor de los intereses de las mayorías populares.

Voces patrióticas alertaron sobre las drásticas consecuencias de haber retrocedido vulgarmente en la decisión de no expropiar Vicentin para crear una empresa del estado testigo en el comercio exterior de granos, absolutamente hegemonizado por enormes corporaciones extranjeras.

Son las mismas alarmas soberanas que se encendieron tras frustrarse la recuperación de las vías navegables de nuestro Río Paraná, que ayer nomás, volvió a dejar al borde de ganar una licitación corta a la misma multinacional que viene aprovechando la subordinación de nuestro comercio exterior a intereses extranjeros.

Son las alertas patrióticas que suenan cuando YPF se comporta como una corporación privada y termina asegurando que los privados exporten y se beneficien, mientras YPF garantiza el mercado interno y asume el costo de importar combustible y gas. Negocio para los privados, deuda para el Estado.

Ahí donde nos falta soberanía, nos falta trabajo. Ahí donde nos falta Independencia económica, se nos aleja un horizonte de dignidad para la vida de la mayaría de nuestros compatriotas.

Lo paradójico de las urgencias patrióticas, es que viven postergadas por las falsas ansiedades de los cultores del posibilismo. Aquellos que acusan de infantilismo, cualquier ribete de manifestación ideológica. Como si la vida adulta de la clase política, importara vivir de rodillas. O si acaso, la conservación personal del poder, debiera subordinar las expectativas sociales de una mayoría a la que se le agota el tiempo y la paciencia.

Se avecinan tiempo de definiciones, y para peor, la coyuntura no parece simplificarse en el horizonte.

Un 24 de febrero, pero de 1946, Perón se quedaba por primera vez con la presidencia de la Argentina. Un 25 de febrero, pero de 1778, nacía Don José de San Martín a quien le faltaban aún décadas para ver su tierra libre del yugo extranjero. Un 25 de febrero, también, pero de 1950, nacía Néstor y todavía tenía tiempo para madurar hasta ser parte de esa generación diezmada, pero cuyas ideas, llegaron a la casa de gobierno por la decisión de un patriota de no dejarlas tiradas en la puerta.

El calendario es caprichoso, pero con toda evidencia, estas fechas nos conectan en nuestra rica historia. Ahí están esos tres, para dejar como testimonio indeleble, que aún no ha nacido el cobarde que logre borrar el destino de grandeza de nuestra Patria, ni ha nacido el miserable, que sepulte el destino de felicidad de nuestro Pueblo.

Por muy negro que se vea el horizonte, la noche no es eterna, apenas oscura.