4/12/2021

Opinión

Desmoronamientos

Carlos Caramello, una vez más, toca la llaga de una herida que padece el movimiento nacional. "Conducir no es administrar. Ni viceversa" explica. En el medio de un gran bonete en el que pierden los invisibles de siempre: "Conurbanidad con sabor a desaliento. Pobreza: extrema y de la otra. Emergencia, allí por donde mires."

Autor de la nota: Carlos Caramello

Carlos Caramello

Publicado el 4 de Diciembre de 2021


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Disfrutamos (¿padecemos?) de conducción epistolar. En plena era digital, una herramienta analógica, pretérita, conmueve las estructuras de la política. Y algo más. 

Conducir no es administrar. Ni viceversa. 

Puro desasosiego. 

Pura exégesis. 

Tarea para augures y chamanes. 

El gobierno promete revisar esto de viajar en cuotas porque, entiende, fue “una medida antipática”. Mientras, como música incidental, Roberto Carlos canta “Yo quiero tener un millón de amigos” y la película se filma cuadro a cuadro. 

Estamos perdidos. En toda la dimensión semántica de la palabra.

Las víctimas flagrantes del lawfare están inhibidas de por vida para ocupar cargos públicos pero Federico Sturzenegger sigue explicando economía después de fundir dos veces al país en 20 años… y Macri se pasea con el miembro al aire explicándonos la moral.

Uno de los emprendimientos más vibrantes y persistentes del Poder en la Argentina es la irradiación de un concepto originado en la amalgama entre denigración y brutalidad” sintetiza el periodista Gabriel Fernández y todo nos devuelve a esa promiscua relación nunca descifrada de la “civilización” y la “barbarie”.

Porque, aunque la Vicepresidenta arroje estériles botellas con mensaje taquigrafiados a las procelosas aguas de esta Buenos Aires que se inunda -a pesar de los slogans-, nuestra sociedad habita un ánimo más de violencia que de preciosismo y lo sirve bien condimentado sobre colchón de infinita ignorancia cívica. 

Digo: ¿No piensan? Qué pregunta ridícula, lanzada así, al aire, como boomerang… Y, encima, aguardando respuesta. 

¿Un mohín de inocente de Cristina, que busca hacer responsable del pago al Fondo a una oposición autora de la deuda que no se hace cargo… ni la hacen cargo?

Esa nueva Derecha que apenas si es rica. Ni sofisticada, ni culta, ni decadente con esa elegancia imprescindible. Millonaria y burda. Vulgar. Sin un mínimo de buen gusto, ni para contratar bufones. 

Esa nueva/vieja/eterna Derecha que ha acostumbrado a los gobiernos a temerle. Y hacerle fiestas, como cuzcos falderos, para pertenecer. Porque pertenecer tiene sus requerimientos.

O, acaso, no. No sea inocencia. Y el Gran Bonete sea un juego intacto. ¿Yo señor? No señor. ¡Qué va! Total, los que van a pagar, no fueron convidados. 

Y mucho menos advertidos.

Andan con sus miserias a babucha, haciéndose la vida en el mañana incierto. Clima de apocalipsis módico y geográficamente delimitado. Conurbanidad con sabor a desaliento. Pobreza: extrema y de la otra. Emergencia, allí por donde mires. 

Ahhh, pero la televisión. Y las redes. La Patria intermediada. Ojos de telepromter. Gestos de observadores esclarecidos. La tan mentada libertad de presión. “Permitime… no me interrumpas, te voy a explicar”… En el país semi knockout que se desmorona junto con los sueños mientras, desde la pantalla, todos gritan al unísono. 

¡Yo no soy panelista/yo no soy panelista… ni lo quiero ser!

 


Nota cedida por el autor, originalmente publicada en Dejámelo Pensar
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