7/10/2020

Política

El FMI sigue con su agenda y se reúne mañana con la CGT: los salarios en la mira

El FMI comenzó ayer su intervención presencial para avanzar en un acuerdo de reestructuración del préstamo que le otorgara al Gobierno de Mauricio Macri. Mantuvieron ayer reuniones con las autoridades nacionales y mañana lo harán con la CGT.

Publicado el 7 de Octubre de 2020


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En el día de ayer arribó a la Argentina la delegación del FMI encabezada por l a directora adjunta del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, Julie Kozack, y Luis Cubeddu, jefe de la Misión para Argentina.

En el día de ayer mantuvieron reuniones con Martín Guzmán, Ministro de Economía, y Miguel Pesce, presidente del Banco Central de la República Argentina.

Ayer también, Kristalina Georgieva emitió un discurso en el que volvió a apelar a la vocación de ayuda del organismo, y también, mostró la vocación de intervención económica material para garantizar esa “ayuda”.

Por su parte, Andrés Rodriguez, secretario general de UPCN y vocero de la CGT señaló que "La comitiva del Fondo Monetario Internacional pidió reunirse con la CGT y lo vamos a hacer este jueves", confirmó Rodriguez, quien precisó que la postura de la central obrera será "la misma que venimos planteando cada vez que nos reunimos con ellos".

"Vemos que el Fondo es corresponsable de cierta manera de la dramaticidad que está viviendo el país por la deuda desmedida que se ha generado en los últimos años y cualquier salida tiene que ser buscando un equilibrio, una lógica, y sin un ajuste despiadado", aseveró.

Cuánto será despiadado para Rodriguez, se desconoce. Lo cierto es que la reunión con la CGT tiene a los miembros del FMI con los salarios en la mira, tema en el que Rodriguez acaba de ceder drásticamente alcanzando un acuerdo salarial con el Estado Nacional que según sus propios dichos "lamentablemente", están "negociando con una tendencia a la baja, un elemento que tiene que contemplarse como un gran aporte del sector del trabajo".

Como única expectativa, señaló "Ojalá que el año que viene sea mejor que este, y tendría que ser así, cuando se despeje un poco esta pandemia".

Lo cierto es que el deterioro de los salarios en dólares de los trabajadores argentinos será una fuerte demanda del FMI, quien lejos de todo augurio, no ha cambiado nada su filosofía económica.

 

¿Cambió el FMI?

El Fondo Monetario Internacional carga en su mochila con una historia nefasta para el destino de las mayorías populares en los países en los que interviene con sus condicionamientos económicos.

Las medidas que asume el FMI tienen como objetivo asegurar que los Estados Nacionales tomen una y cada de una de las decisiones que aseguran la rentabilidad del puñado de corporaciones multinacionales que cuentan en sus carteras los recursos estratégicos de la mitad del planeta.

La rentabilidad de las grandes empresas se consolida con salarios bajos, ventajas fiscales, garantía de asegurar el giro de sus ganancias al extranjero, baja regulación del segmento productivo que explotan, y desde ya, el diseño de un Estado débil, con pocos recursos para asegurar ingresos masivos a la población.

Su filosofía resulta inmutable desde su constitución, y nada indica que en cada oportunidad en que algún emergente de las corrientes económicas ortodoxas llega a su conducción, la política de intervención y saqueo de los recursos nacionales se modifique.

Sucede que, aquellos que buscan acordar condiciones con el FMI de manera amable, saben que el único camino es aceptar sus condicionamientos. Precisan justificar en términos políticos a la población el acuerdo que buscan alcanzar en condiciones amables con un organismo multilateral que, de amable, no tiene nada.

Por esa razón, cada vez que se presenta una nueva intervención del FMI, se habla que la crisis crónica, cualquiera sea su fase, le permite ver las cosas desde otra óptica, que su nueva autoridad tiene una filosofía distinta, etc.. Excusas para presentar de manera amable a un organismo multilateral que dejará a su paso condiciones funestas para el destino de la mayoría de la gente del país en el que realiza un préstamo.

 

“Gracias a Dios que está Kristalina”

Con ese latiguillo, que la historia lo recordará, Alberto Fernández anunció que iniciaba conversaciones con los acreedores externos para luego avanzar en un acuerdo de reestructuración de la deuda externa con el FMI.

La referencia es a Kristalina Georgieva, actual directora gerente del FMI, quien abusa de las palabras vacías para referirse al destino del organismo. Nada mas alejado que lo realizado anteriormente por cualquier otro director gerente del FMI.

Por mucho que se esfuerce Georgieva, y por mucho que se disfrace de bondad el FMI, las condiciones que reclaman son exactamente las mismas.

Luego de la intervención en Argentina, el FMI intentará irse con un salario promedio y mínimo en dólares más bajo del que llegó, con una monedad aún mas devaluada para transformar en efímeros las necesidades de inversión, con restricciones leves para la fuga de capitales y con un deterioro en las condiciones de prestación de los derechos de la previsión social por parte del Estado.

Si no hay reforma tributaria, que haya exenciones para determinadas corporaciones, como aquellas que se dispusieron de baja en la retenciones de los un puñado de grandes empresas exportadoras.

Si no hay reforma laboral, que haya convenios colectivos bajo el disfraz de la productividad o sostenibilidad, conceptos en los que se esconde poner por encima de la necesidad de recomponer el salario, la exigencia de rentabilidad de la empresa. En ese sentido, avanzó YPF con el sector petrolero, o las discusiones salariales en el Estado para generar referencia.

Si no hay privatizaciones, que haya procesos de transferencia de resortes económicos estratégicos hacia las corporaciones multinacionales por el camino de la “inversión privada externa”, que debe ser alentada con menos salario, y menos presión tributaria.

Es probable que el FMI, cuando decidamos echarlo de la Argentina, el país habrá transitado un ciclo de agravamiento de las condiciones sociales, mas pobreza, peores salarios y un deterioro de los resortes del Estado para optimizar la economía. Y sucederá, conduzca quien conduzca los destinos del organismo multilateral. 

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