23/10/2021

Cultura

El Pensador Teatral recomienda: El Montaplatos, en El Tinglado

El Montaplatos, una dramaturgia de Harold Pinter, dirigida por Alejandro Vizzotti se puede ver todos los lunes a las 20.30 en el teatro El Tinglado, de la mano de la compañía De Carencia Virtú.

Publicado el 23 de Octubre de 2021


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De la mano de la compañía De Carencia Virtú, llega esta original versión de El Montaplatos, escrita en 1959 por el dramaturgo inglés Harold Pinter, en la que fue una de sus primeras obras y cuando se lo consideraba en esos momentos como uno de los herederos del teatro del absurdo. Decimos que está versión, que esta versión dirigida por Alejandro Vizzotti es original, porque los personajes masculinos de Ben y Gus, los llevan adelante dos mujeres, en vez de actores hombres como la pieza original.

La pieza se centra en dos asesinos a sueldo, que se encuentran confinados en una habitación cerrada y sin iluminación externa. Deben permanecer allí, dejando simplemente que el tiempo transcurra, solo a la espera de una llamada, que les indique que deben entrar en acción. No saben quien es la persona que le dá las órdenes, ni tienen idea tampoco quien será la víctima. Esta falta de información, si bien puede resultar inquietante, no es algo que los preocupe demasiado, ya que si el jefe les da la orden, ellos cumplirán con la misma y luego se irán a casa, esperando una nueva convocatoria, sin dar demasiadas vueltas al tema.

Las charlas que mantienen Ben y Gus son sobre temas triviales, comentan las noticias del periódico, el color de la vajilla y el estado de la habitación en la que tienen que esperar. El tiempo parece no transcurrir, la inacción en esa habitación comienza a hacerse densa y los sicarios comienzan a ponerse nerviosos, esperando que llegue rápido el llamado del jefe, para cumplir el trabajo y salir de allí, para volver a sus hogares.

Pero cuando el tedio dominaba, ocurre lo imprevisto, se escuchan ruidos como de un ascensor, se ponen en estado de alerta, pero lo que sucederá será algo sorpresivo, ya que repentinamente bajará un montaplatos de restaurante desde una abertura oculta en la pared, y vendrá con una comanda, que pide diferentes platos. Los protagonistas, se ven sorprendidos y agobiados por la llegada de ese extraño pedido. Y allí comienzan a fluir el humor y el absurdo. Ellos están allí por otro motivo, pero si desde arriba llegan pedidos de comida, ellos deberán hacer lo posible para cumplir con los mismos y hasta allí vamos a contar, porque el suspenso es uno de los elementos distintivos que tiene la trama y no queremos dar más detalles.

El argumento tan disparatado y el sinsentido que reina en aquella habitación, requiere interpretaciones muy precisas para estar en sintonía y aquí es donde aparece la dupla conformada por Sonia Novello y Claudia Mac Auliffe, dos excelentes actrices, que forman parte de la compañía De Carencia Virtú y a quien ya vimos trabajar juntas en otra obras que recordamos como Misterio del Ramo de Rosas y Casi un Feliz Encuentro.

Sonia y Claudia, tienen una química muy especial, se entienden a la perfección con solo mirarse. Se divierten en escena, disfrutan de estar allí actuando juntas y esto es algo que le agrega mucho valor a este texto donde el absurdo, puede ser un condicionante. Aquí esto no ocurre, al contrario, la complicidad que tiene, suman momentos graciosos y se potencian las interpretaciones de las protagonistas.

Ambas interpretaciones, requieren un componente corporal importante, hay algo de clown en sus movimientos y además logran resolver con solvencia el desafío que implica representar a dos personajes masculinos, con una gestualidad acorde, para representar a Ben y a Gus. Sin dudas las interpretaciones de Sonia y Claudia, son el motor de esta obra son dos actrices excelente y de experiencia, que con gran presencia escénica, saben mostrarse a gusto con la dramaturgia de Pinter.

La dirección de Alejandro Vizzotti es efectiva, creando la atmósfera opresiva y asfixiante que pide el texto de Pinter. Se percibe la sensación de agobio y encierro de los protagonistas, colaborando para esto el sobrio diseño escenográfico de Ariel Vaccaro y el inquietante diseño sonoro de Rafael Sucheras. El espectador respira la tensión que se respira en el ambiente y trata de estar atento para no perder detalle, ya que en todo momento ronda la sensación, que repentinamente algo sorpresivo sucederá

El Montaplatos, pese a haberse escrito hace más de cincuenta años, sigue mostrando su plena vigencia. Acatar las órdenes que recibimos de un ente superior, sin cuestionar nada y sin tratar de encontrar sentido a lo que hacen, es algo naturalizado. No nos pagan por pensar, sino por cumplir lo que nos ordenan. Si un jefe nos pide algo, debe tener sentido, que nosotros no lo conozcamos, es algo irrelevante Es interesante también señalar, como entre los subordinados, se crea también una relación de jerarquías, donde uno ordena y el otro debe acatar, sin tener claro porque ocurre este grado de división.

Celebramos que el teatro independiente asuma el desafío de llevar adelante, propuestas como esta de Harold Pinter, que mediante el absurdo y el sin sentido, logra movilizar al espectador, invitándolo a la reflexión, ya que cuestiona muchos de los comportamientos que rutinariamente llevamos a cabo, casi por inercia, sin detenernos nunca a pensar, si realmente tiene alguna justificación o produce algún beneficio lo que estamos haciendo. Si a todo lo mencionado, le sumamos una puesta original y dos excelentes actuaciones, la mesa del buen teatro independiente está puesta, esperando que los pedidos de los comensales, sean satisfechos.

 


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