1/5/2021

Política

El trabajo que falta y el salario que no alcanza

Un nuevo primero de mayo irrumpe en el calendario de nuestro país atravesando tiempos de restricciones. Menos trabajo, bajos salarios y mayor precarización acompañan el avance de la pandemia y apuran los tiempos para acertar en las definiciones.

Publicado el 1 de Mayo de 2021


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Con el foco mediático puesto sobre las nuevas medidas de restricción a la circulación asumidas por el Gobierno Nacional para las jurisdicciones más comprometidas con el avance de la pandemia, un nuevo primero de mayo irrumpe en la coyuntura económica de la Argentina con una crisis en el trabajo que amenaza en forma silenciosa la conflictiva armonía de los debates coyunturales.

Las estadísticas son abrumadoras. La pérdida de puestos de trabajo registrados en el último año acumula 216.000 puestos perdidos. Cada trimestre estimado por el Indec, el empleo registrado disminuye en relación al trimestre anterior. El empleo no registrado reconoce un retroceso de 708.000 puestos de trabajo en apenas un año.

Las políticas sanitarias asumidas en el mundo entero como consecuencia del avance de la pandemia global del coronavirus han arrojado estadísticas brutales de destrucción de puestos de trabajo en todo el mundo. Argentina, a pesar de haber asumido medidas para prohibir despidos y auxilios económicos al sector empresario para pagar los sueldos, no puede escapar a la dinámica global.

Según el Ministerio de Trabajo, al mes de diciembre de 2020 en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) se indicaban como ocupadas 16.702.000 personas, apenas 7.929.000 son asalariados registrados, el resto se distribuye entre asalariados no registrados y no asalariados.

La tasa estadística de desocupación se inscribe en el 11%, pero cabe destacar, reconoce como subocupado a aquella persona que haya trabajado apenas una hora en la última semana del relevamiento.

Pero si las estadísticas son preocupantes, la realidad efectiva golpea en las entrañas de un país que necesita encontrar respuestas urgentes para evitar una catástrofe social peligrosamente cercana en el horizonte.

Sin ir mas lejos, una persona que pone un puesto en una feria para vender ropa usada que le fuera donada, y lo hace cinco horas durante un fin de semana, no se cristaliza en la estadística como desocupada.

En la Argentina atrapada en la pandemia, se multiplica la precarización laboral de hombres y mujeres que se inscriben en una aplicación para hacer reparto, vivir de propinas y comisiones vergonzosas pagadas por empresas multinacionales. Miles y miles de hombres y mujeres que venden su fuerza de trabajo sin estar aceptadas legalmente por empresas que son reconocidas como generadoras de trabajo, todo ante la ceguera del Estado.

En las grandes zonas urbanas del país se multiplican jóvenes alrededor de contenedores de basura para rescatar algo del descarte que puedan vender. La estadística no los reconoce como desocupados, aunque la realidad resulte inobjetable.

A esa realidad social que cruje, se le suma el enorme problema salarial para aquellos que, registrados o no, tienen la posibilidad de contar con un salario. 

El salario mínimo, recontra mínimo

El martes por la noche se conoció el resultado del Consejo del Salario Mínimo Vital y Móvil, ámbito convocado por el Poder Ejecutivo para que los sectores empresarios y las organizaciones gremiales, que termina por establecer el parámetro de actualización.

"La pobreza se resuelve con trabajo digno y no con cualquier tipo de atajo", dijo el Jefe de Gabinete de Ministros, Santiago Cafiero, al cierre del encuentro y dio a conocer que el salario mínimo aumentará un 35% en siete tramos.

En febrero de 2022, estará recién en 29.000 pesos, con una inflación que alcanzó el 12% en tres meses y una canasta básica que aumentó el 15% en el mismo período. Los números hablan por mas allá de toda consideración.

El deterioro del salario en la Argentina se cristaliza con la pérdida real del poder adquisitivo que refleja. Un reciente informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas sostuvo que “a marzo del 2021, el SMVM está un 16.8% por abajo del nivel que tenía en diciembre del 2019, es decir que durante el período de la actual gestión gubernamental el SMVM perdió un 16.8% de su poder adquisitivo. Y si además tomamos en cuenta lo que viene ocurriendo desde diciembre de 2015, la pérdida del poder adquisitivo desde aquel momento hasta marzo de 2021 llega a 36.4%.”

El salario mínimo, además, es asumido como variable para establecer el ingreso de los programas sociales. Un ingreso del Potenciar Trabajo representa el 50% del salario mínimo, lo que permite establecer que recién en febrero de 2022 el millón de compatriotas que cobran un plan social, recibirán en su bolsillo 14.500 pesos por mes. 

Los desafíos

Está fuera de toda discusión -sea cual sea el signo ideológico de la fuerza política que exprese su mirada sobre el empleo- que la creación de trabajo y la mejora del salario es una condición indispensable para forjar un clima social sostenible. También, para cuidar la integridad de la democracia y la supervivencia de sus protagonistas institucionales.

Las diferencias ideológicas se materializan cuando se define a qué sector social, económico, productivo se fortalece para que haya trabajo.

La postura hegemónica que ha impregnado a todas las fuerzas políticas mayoritarias de la Argentina, orientan la respuesta la necesidad de fortalecer a los dueños del capital.

Es decir, cuidando a los empresarios se va a generar trabajo en la Argentina. Esa agenda es la que termina por imponer beneficios impositivos, menos compromiso en el pago de cargas sociales, que flexibiliza las condiciones efectivas de trabajo, que licúa el control estatal de las condiciones en que emplean, el que limita la conflictividad judicial de los reclamos laborales.

Se escucha con habitual frecuencia, mas allá del signo político que gobierne, que apostar por generar mayores saldos exportables, fortalece la producción y por consecuencia, genera trabajo genuino. Es un máxima que se repite hasta el cansancio y logra resistir a décadas de efectiva comprobación de su fracaso.

En el altar de esas convicciones hegemónicas en nuestro país se ha sacrificado salarios y trabajo, dejando en manos del capital la resolución de los resortes indispensables para dinamizar una economía que ponga a la persona y su comunidad en el centro de gravedad de la construcción de un nuevo paradigma de organización social del trabajo.

Un país que no draga por sus propios medios la mayor vía fluvial por la que se moviliza el comercio exterior de la región, ni produce las embarcaciones por las que se dinamizan los puertos, ni tiene el desarrollo portuario bajo su esfera de planificación, ni capitaliza una extensión marítima de miles de kilómetros, ni planifica su desarrollo minero o energético sin acudir a las recomendaciones de empresas multinacionales que diseñan su producción para interés de la rentabilidad que le ofrece la cadena global de valor, difícilmente pueda pensar una seria planificación del trabajo en la Argentina real.

Y a la necesidad urgente de recuperar una agenda nacional que ponga un nuevo paradigma de organización social del trabajo en el centro de gravedad, se suma una coyuntura global crítica, pero de una oportunidad inmensa para un país que supo capitalizar durante el peronismo tiempos similares de caída global del empleo, el salario y alza de las materias primas. 

Un 1 de mayo a contramano

A contramano de nuestras urgencias, en el día de hoy, el Presidente Alberto Fernández cerrará el Foro "Trabajo Presente y Futuro con Solidaridad", organizado por el Consejo Económico y Social con motivo de la conmemoración del Día Internacional del Trabajo, según informaron fuentes oficiales.

A través de un comunicado del Gobierno nacional, explicó que el foro "busca dinamizar el debate sobre los desafíos locales y globales, en diálogo con referentes nacionales e internacionales, para identificar 50 ideas y propuestas hacia un modelo que armonice el desarrollo económico con inclusión, la innovación y la economía del conocimiento, con la centralidad y la dignidad de la persona, los derechos de los trabajadores, la inclusión y el respeto del planeta".

Según informó Télam “los temas irán desde la programación como nuevo lenguaje, los empleos de la economía digital, la comunidad del cuidado, los empleos verdes y la productividad, la industria 4.0, la bioeconomía y el rol del Estado como agente innovador.”

Una agenda diseñada en algún país que, sin dudas, no tiene ninguno de los problemas que enfrenta la Argentina.

 

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