18/9/2021

Política

Empantanados

El resultado que ofrecieron las urnas fue una bomba de neutrones sobre el mágico mundo que habita la política. Una semana de tensiones internas en el interior de la coalición de gobierno han enfrascado a la política en el lodazal del que la sociedad le reclamó que salga. Un ausentismo en la urnas que resulta peligroso.

Autor de la nota: Fernando Gómez

Fernando Gómez

Publicado el 18 de Septiembre de 2021


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Chunga combinación de polvos
que darán lodos después”

El Míster



El resultado electoral del 12 de Septiembre fue una bomba de neutrones en el corazón de Narnia. El mágico mundo en el que vacunas se transforman en votos y discursos en obras que jamás se realizan, colisionó de una manera brusca contra una pared hormigonada de cruda realidad.


La poca concurrencia de nuestro Pueblo a las urnas tuvo dimensión similar a los porcentajes que ya habían evidenciado las elecciones provinciales de Misiones, Jujuy, Salta y Corrientes, pero claro, ahora pudieron enterarse las fuerzas electorales con centralidad y residencia en la lejana Buenos Aires.


Localidades en las que menos de la mitad de los empadronados para votar se acercaron a las urnas a elegir vecinos que se ofrecían como candidatos, son el crudo testimonio de la lejanía con la representación política que tiene una enorme porción de pueblo que enfrenta sus problemas en el día a día.


El conjunto de las fuerzas políticas con representación electoral sufrieron, en votos, el resultado de las urnas el pasado 12 de Septiembre. Comparada con la elección legislativa del 2017, el macrismo, con sus versiones de “Juntos”, perdió 800.000 votos en la Provincia de Buenos Aires, 140.000 votos en la Ciudad de Buenos Aires, además de los 240.000 votos que aportaba hace cuatro años Martín Loustou en una lista alternativa. En Córdoba, Cambiemos perdió 150.000 votos.


Pero claro, mas allá del análisis estrictamente electoral, la lectura política salva al macrismo del incendio por su efímera victoria política, que no implica -como algunos pretenden- una sorpresiva recuperación del voto popular por la fuerza que dejó saqueado el país en su periplo de gobierno. Menos aún, un vuelco a la derecha de la sociedad argentina.


Lo cierto es que la combinación resultado más derrota, significó un cachetazo violento para la candidez con la que el hábitat político del Frente de Todos venía observando la realidad.


En cotejo con el 2017 el Frente de Todos obtuvo 600.000 votos menos que Unidad Ciudadana en la Provincia de Buenos Aires, ni registros del millón de votos que había obtenido Sergio Massa y nada de los 500.000 que pudieron aportar el propio Presidente, el Movimiento Evita o los intendentes que habían apostado por Randazzo hace 4 años.


Los millones de votos perdidos en el país hicieron polvo la inocente ilusión que se apoyaba -únicamente- en los resultados que ofrecían los fabricantes de encuesta, los dibujantes de boca de urna o inventores de focus group. Y de ese polvo que molestó en el ojo de quien sigue anclado emocional y mentalmente en la Argentina del 2011, no se pudo fabricar una respuesta política a la altura de las circunstancias.


No, hubo lodo.



El chiquero


Advertíamos, un día antes de la elección, desde éstas mismas páginas, que “No nos enojemos con nuestro pueblo frente a un eventual resultado no deseado. De cara a noviembre, no insistamos en lo inexplicable. Quizás sea tiempo de recuperar la dinámica colectiva de enfrentar a los que se la llevan, con el objetivo de repartirla. Como hizo Néstor cuando no le fue bien en una elección”.


El discurso formal de Alberto Fernández una vez conocido los primeros resultados oficiales parecía tener una orientación distinta. La superficialidad del diagnóstico a las apuradas, sobre el escenario y mascullando bronca, impedía cotejar la sinceridad del balance que señalaba haber escuchado el mensaje del pueblo en las urnas.


Pero mientras se aguardaban los gestos concretos que ratificaran un nuevo rumbo económico que el Gobierno debía asumir para recuperar la confianza popular que había mencionado escuchar como mensaje de las urnas, la dirigencia política decidió elegir el camino de encerrarse en una burbuja de cristal a discutir entre unos poquitos los lugares en el gabinete.


Como si los nombres que ocupan los cargos pudieran ofrecerle un mensaje distinto a nuestro Pueblo, transcurrimos una semana de batallas palaciegas en las que la poca política que se puso en discurso o en palabra escrita, era una excusa para seguir discutiendo cargos y lugares en el gabinete.


Una semana en la que la coalición de gobierno decidió tensionar internamente sobre aspectos de la unidad que no le interesan a la sociedad que ofreció su espalda como mensaje electoral. Incluso, que no le interesan a la enorme mayoría de sus propios votantes.


Si alguien especulaba que sobre el cierre de la primer semana de conocido el resultado de las PASO, se anunciaría alguna definición que sorprenda sobre la alteración del rumbo económico e importara una mejora significativa sobre los ingresos populares, apenas se llevó nombres anotados en una hoja de papel.


Si alguien tenía en expectativa que se discutieran el destino de los millones de dólares que ofrece la producción gasífera y de hidrocarburos para el puñado de corporaciones petroleras que operan en el país, lo que se llevó es una Ley de Hidrocarburos que le asegura el negocio millonario a esas pocas empresas.


Si alguien tenía en expectativa que se iba a modificar el rumbo inexorable de los dos puntos del PBI que le cuesta al Estado financiar los intereses de las LELIQ (aquella estafa que el Frente de Todos anunció que iba a eliminar en la campaña de 2019), pues no. Se llevo como respuesta el anuncio del Presupuesto 2022 en el que la sangría de financiamiento del sector financiero sigue proyectada e inalterable. Es más, si a alguien le sigue interesando discutir, se llegó a decir en una carta que esos dos puntos del PBI que se van en Leliq se pueden financiar con déficit.


Y es cierto que la ausencia de discusión política ha generado un ciclo en el que éstas discusiones no atraviesan a la sociedad, la misma que paga de su bolsillo el costo de mantener el circuito de financiamiento de 20 grupos económicos.


Pero ojo, mucho más cierto es que esa misma sociedad que no discute comercio exterior, fuga de capitales, deuda externa y asalto del Estado por los grupos económicos, tampoco quiere discutir nombres para ocupar lugares en un gabinete cuyo rumbo nadie conoce.


Espera de la política una mejora sustancial en sus condiciones de vida, como lo comprendió Néstor Kirchner en el 2009, cuando se sentó a discutir política y economía para salir del atolladero electoral que había dejado la derrota en la Provincia de Buenos Aires.



Relanzamiento

Las primeras horas del sábado transcurrirán con un cambio de agenda silenciosa. Alberto Fernández viajará a La Rioja a mantener un encuentro con los gobernadores que lo visitaron en la Casa Rosada o en la Quinta de Olivos durante éstos últimos cinco días.


Lo hará con un renovado gabinete que incluye a Juan Manzur como Jefe del mismo, a Aníbal Fernández como nuevo Ministro de Seguridad, a Jaime Perczyc como flamante Ministro de Educación, a Daniel Filmus en la cartera de Ciencia y Técnica y a Julián Domínguez en Agricultura.


Sin embargo, pocos saben que en éstas horas el presidente Alberto Fernández tenía que estar aterrizando en la Ciudad de México, allí donde Andrés Manuel López Obrador organizó la cumbre de la CELAC, a comprometer la palabra que empeñara con el mandatario de la segunda economía al sur del Rio Bravo, de relanzar un espacio de articulación de la Patria Grande para cuestionar el rol que ocupa la OEA.


Es sorprendente que apenas hayan pasado 15 años del rechazo al ALCA, de aquella construcción de un proceso de integración regional sobre el que Néstor Kirchner se apoyó para construir épica y fortaleza interna en el terreno de la política internacional. Lo que es sorprendente, no es el transcurso del tiempo, es la poca importancia que se le otorga hoy a semejante factor en el interior de la militancia que sigue habitando la fuerza gobernante.


Alberto Fernández debía asumir hoy la presidencia de la CELAC, luego de acordar con López Obrador que se iba a comenzar a transitar el desmantelamiento de ese Ministerio de Colonias que es la OEA para América Latina. Podía ser una foto de relanzamiento del poder político regional, de superación del conflicto doméstico, pero evidentemente, esa foto, en medio del chiquero, no va a ser posible.


Es más, en su representación en México, apenas quedó un canciller que acaba de ser despedido para que lo reemplace Santiago Cafiero.


Sí fue posible, seguramente por ser una charla en soporte digital, la foto con Joe Biden en una nueva reunión para discutir el cambio climático, en lo que significa una definición de dirección política, o un síntoma del vacío insoportable que atraviesa la política en éste tiempo.


Durante la jornada de hoy, tras la reunión con Gobernadores -entonces- Alberto Fernández comenzará a transitar los días del relanzamiento de su gobierno. En realidad, por ahora, del gabinete.


Los días venideros, seguramente, se llegará a destiempo y con gestos forzados, a distribuir algunas monedas que no terminen de afectar los intereses de un poder económico que se jacta en deteriorar cotidianamente la vida de la mayoría y la representación política en la Argentina.



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