7/1/2021

Internacionales

Estados Unidos: Postales de un imperio que colapsa

Estados Unidos terminó por certificar en la madrugada la victoria electoral de Joe Biden. Un Congreso que debió sesionar en medio de un toque de queda, en el sitio donde minutos antes fuera asesinada una mujer y tras la invasión sufrida por los cientos de miles de seguidores de Donald Trump que se burlaron de la farsa democrática del país del norte

Publicado el 7 de Enero de 2021


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Ningún análisis serio de lo ocurrido en la jornada de ayer en Estados Unidos puede partir del asombro o la sorpresa. La democracia de Estados Unidos arrastra décadas de sombras y manchas bien maquilladas por la propaladora mediática que romantiza a la Nación que se considera predestinada a ser la hegemonía del orden global.

Además, desde los primeros cómputos de la extravagante jornada electoral en la que Joe Biden fue proclamado mediáticamente y con consenso del establishment económico que tiene sede en Estados Unidos, Donald Trump, quien no reconoce otra frontera ética y moral que su propio ego y narcisismo, viene vociferando que se trata de un fraude.

Una sociedad sometida al laboratorio de la convivencia social matizada por redes sociales, alimentada con teorías de la conspiración, fuertemente armada y entrenada militarmente, con localismos extravagantes que desprecian la idea del Estado y reivindican una idea individual de la Nación, es dable esperar que el fanatismo de Donald Trump, disparara otra jornada marcada por la violencia y el caos en el que está sumido Estado Unidos desde hace bastante tiempo.

No hubo sorpresa alguna en la masiva convocatoria que formulara Donald Trump en las afueras del Congreso. No puede sorprender a nadie su arenga ante cientos de miles de fanáticos y menos aún que los incentivara a tomar el Congreso en su encendido discurso, y menos aún resulta asombroso que el Congreso Nacional fuera asaltado por hordas de conspiranoides que alucinan una idea de Estados Unidos que sólo habita en sus afiebradas mentes.  

Y eso fue lo que ocurrió. La peor democracia del mundo debía certificar ayer en el Congreso la victoria electoral de Joe Biden, y Donald Trump hizo exactamente lo que había anticipado que iba a hacer. Y lo que ocurrió, incluso, fue mas leve que lo acontecido en el parlamento de Michigan hace siete meses atrás, cuando manifestantes de Trump ingresaron armados para torcer una votación que importaba la definición de una cuarentena, en favor de evitar todo tipo de restricciones.

A diferencia de aquello que ocurrió en Michigan hace apenas siete meses, en ésta oportunidad los parlamentarios no usaban chaleco antibala, pero sí máscaras de gas para evitar el asalto al capitolio que llevaran adelante una inclasificable cantidad de seguidores de Trump, que terminaron por interrumpir violentamente la certificación electoral.

También, a diferencia de Michigan, y quizás por falta de chaleco antibala, una mujer murió como consecuencia del enfrentamiento armado que se produjo en el interior del Congreso de Estados Unidos, mientras Joe Biden pronunciaba un discurso monocorde en el que denunciaba a Trump de sedición y le exigía que ordenara deponer su actitud.


Tampoco es sorpresa que los monopolios que controlan la formación de opinión humana en éste siglo XXI impongan su mirada sobre la verdad y censuraran los twitter y los posteos en Facebook de Donal Trump obligando a que diga lo contrario a lo que piensa bajo amenaza de cerrar la cuenta que los mismos monopolios le garantizaron que usara libremente durante cuatro años en los que promovió invasiones y conflictos armados en el mundo entero.

No hubo sorpresa, también, la escalada de rentabilidad que ofrece Wall Street para las multinacionales norteamericanas y las empresas que controlan por el mundo entero en otra ronda financiera con registros que contrastan con la realidad económica global.

Tampoco hubo sorpresa en que una gran porción de la sociedad norteamericana, en números que necesitan remontarse hasta la primera guerra mundial, sigue desocupada, sin cobertura de salud y sometida a una vida miserable en la lucha cotidiana por obtener alimentos.

No habrá sorpresas, tampoco, en el borrón y cuenta nueva que hará la clase política de Estados Unidos, las corporaciones mediáticas y los grupos económicos que saquean occidente, cuando se termine de correr la página oscura de Donald Trump e intenten presentar a Joe Biden como un producto de la democracia, y a su hegemonía económica, como una consecuencia inexorable del destino divino al que han sido convocados.

Y tampoco será sorpresa que, en el mundo entero, habrá una vasta cantidad de dirigentes políticos, que seguirán convalidando esa mirada del mundo, romantizando la barbarie que promueve Norteamérica y simulando una restauración democrática que jamás existió en la simulada nación del norte, que intestinamente, seguirá transitando una solapada guerra civil de baja intensidad.

Hay que estar demasiado de rodillas para no ver que, detrás del humo que rodea al Capitolio de Estados Unidos, se esconde el colapso de un imperio, y una gran oportunidad para la humanidad, de conquistar un poco de justicia social.



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