6/3/2021

Política

FMI: Las deudas se pagan, las estafas no

La denuncia que instruyó el presidente Alberto Fernandez contra Mauricio Macri y sus funcionarios por la estafa que significó el préstamo contraído con el FMI. La historia de las denuncias contra la deuda externa en la Argentina y aquella certeza que opera como tábano en la historia Argentina: Mejor que decir, es hacer.

Autor de la nota: Fernando Gomez

Fernando Gomez

Publicado el 6 de Marzo de 2021


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“He instruido a las autoridades pertinentes para que formalmente inicien querella criminal tendiente a determinar quiénes han sido los autores y partícipes de la mayor administración fraudulenta y de la mayor malversación de caudales que nuestra memoria registra.”

Con esas palabras, el presidente Alberto Fernández sorprendía a propios y extraños en la apertura de las sesiones legislativas. Se refería, sin amagues, a querellar a las autoridades políticas del gobierno de Mauricio Macri que contrajeron el préstamo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y a los propietarios de los grupos económicos que facilitaron la fuga de capitales de la deuda externa contraída en el último ciclo de restauración neoliberal.

“A una Argentina en absoluto default, el Fondo Monetario Internacional le adjudicó un préstamo de 55.000 millones de dólares. De esa cifra se desembolsaron 44.000 millones de dólares que solo sirvieron para facilitar la salida del mercado financiero argentino de capitales especulativos con la absoluta anuencia de las autoridades de entonces.”

No fue un pasaje más del discurso de Alberto Fernández, no fue una mención marginal en el debate de la coyuntura económica. En su mensaje ante el Congreso de la Nación, dedicó un extenso capítulo en recorrer un pasaje de la extendida historia de condicionamientos económicos y políticos que ha sufrido nuestro país por el camino de la Deuda Externa.

El objetivo, según sostuvo es que “pongamos fin a las aventuras de hipotecar al país, es necesario que endeudarse no sea gratis y que los responsables rindan cuentas de sus actos y dejen de circular impunes dando clases de economía en el país y en el mundo.”

La larga historia de la deuda externa Argentina, y fundamentalmente, la dinámica de condicionamientos del FMI como gendarme de los intereses de las corporaciones financieras, no es ninguna novedad en éstos rincones del mundo.

“Nuestro país ya conoce lo que es estar endeudado. Conoce lo que nos costó ‘ser parte del primer mundo’. Conoce también que fue el ‘blindaje’ y que fue el ‘megacanje’. En todos los casos aparecen los mismos actores que se repiten con el correr de los años. En todos los casos, los mismos privilegiados que medran con la crisis. En todos los casos las mismas víctimas, argentinas y argentinos expulsados a la marginalidad de la miseria” sentenció el presidente Alberto Fernández, con razón. 

Pero también, nuestra historia, conoce de denuncias, de los tiempos en que opera la Justicia, de la extorsión crónica a la que son sometidas las finanzas nacionales por quienes operan como acreedores externos de nuestro país, y también, que a las condenas sociales, judiciales y políticas, suelen no interponerse en el camino del pago de la deuda externa.

Y en el fondo, valga el juego de palabras, los costos para el conjunto de los argentinos y las argentinas, termina siendo idéntico si se consolida una estafa pagando sus consecuencias.

 

Denuncie nomas

Con el anhelo que una denuncia judicial pudiera operar como barrera para que la democracia no saldara la deuda externa contraída por la última dictadura militar, el abogado Alejandro Olmos radicó el 4 de Abril de 1982 una denuncia contra José Alfredo Martínez de Hoz, con el objetivo que se declare ilegal el brutal ciclo de endeudamiento externo contraído por autoridades de facto.

Alejandro Olmos transitó su vida peregrinando los pasillos de los Tribunales Federales del país, se acercó ante quien lo convocara a explicar el monumental fraude al bolsillo de los argentinos que significan los ciclos de endeudamiento externo, siempre contraídos para dolarizar activos de los grupos económicos que operan en el país y fugar capitales al extranjero.

Don Alejandro Olmos falleció el 24 de Abril de 2000, 18 años después de iniciada su batalla judicial.

Recién el 13 de Julio de 2000 el Juez Ballestero firmó la sentencia recaída en la causa Nº 14.467 caratulada “Olmos Alejandro s/denuncia”. A lo largo de 104 carillas, el magistrado repasó la prueba colectada por Olmos para graficar el camino por intermedio del cual la dictadura militar financió con deuda externa el mercado de capitales para favorecer la fuga de capitales.

En aquella oportunidad sostuvo que “La existencia de un vínculo explícito entre la deuda externa, la entrada de capital externo de corto plazo y altas tasas de interés en el mercado interno y el sacrificio correspondiente del presupuesto nacional desde el año 1976 no podían pasar desapercibidos en autoridades del Fondo Monetario Internacional que supervisaban las negociaciones económicas.”

Es más, recordó que en el año 1984 “El gobierno constitucional se dirigió al Fondo Monetario Internacional exponiendo la situación heredada, el deterioro económico a partir del fracaso de la política en ese sentido practicada durante el gobierno de facto, reclamando condiciones más adecuadas para cumplir los compromisos”.

Un simple repaso de la sentencia del Juez Ballestero, apoyada en la denuncia de Alejandro Olmos, permite repasar de que modo al ciclo de endeudamiento le sigue una etapa de “renegociación” con el FMI por la “reestructuración de la deuda externa”. A cada denuncia, le siguen cumplimientos a rajatabla de los cronogramas de pago de los préstamos acordados, o en su defecto, le sigue un nuevo acuerdo que prorroga plazos, asume más deuda y sigue sacrificando la economía nacional para asegurar “los compromisos asumidos”.

Como prueba de este delito continuo, que no habla el mismo lenguaje de las decisiones judiciales, apenas seis meses después de la sentencia del Juez Ballestero,  el Ministro de Economía Domingo Felipe Cavallo concertó con el FMI el “Blindaje”. Un préstamo “para aliviar las cargas de la deuda”.

El blindaje de Cavallo ascendía a 40.000 millones de dólares, cercano al acordado por Mauricio Macri de 52.000 millones de dólares. Sin embargo, teniendo en cuenta que el país explotó el 19 y 20 de Diciembre de 2001, apenas arribaron a la Argentina 12.449 millones de dólares. El acuerdo se interrumpió, como lo hizo el de Mauricio Macri tras su derrota, aunque éste había implicado desembolsos de 44.000 millones de dólares que seguimos devolviendo.

Aquél préstamo del FMI, concertado seis meses después de una sentencia judicial que demoró 18 años, fue cancelado en su totalidad por el gobierno de Néstor Kirchner. 

Alejandro Olmos hijo, quien continuara la labor de investigación de su padre, explicaba por aquél entonces el origen de aquella deuda externa cancelada por Néstor:

“Esta deuda se origina en el famoso Blindaje financiero contratado por el ministro de Economía, José Luis Machinea, durante el gobierno de Fernando de la Rúa. El Fondo Monetario nos prestó en ese momento 12.449 millones de dólares, de los 40.000 que integrban el Blindaje. Y esa plata fue íntegramente fugada de la Argentina -junto con otro dinero- por 520 empresas. Esto lo determinó una comisión de investigación de fuga de capitales de la Cámara de Diputados, presidida por el legislador justicialista Nicola, después de analizar un informe de 90 bancos. Se estableció que la plata que llegó del Fondo así como vino, se fue.”

El gobierno de Néstor Kirchner asumió el desafío de desendeudar la Argentina, y lo hizo con enormes sacrificios para las finanzas públicas, aunque dicha tarea importó niveles de independencia económica que permitieron asumir desde nuestras propias necesidades las políticas económicas que desembocaron en un ciclo virtuoso de justicia social.

Consciente de ello, ante la inexorable derrota de Mauricio Macri, el FMI otorgó un préstamo veloz que alcanzaba la suma más grande otorgada en la historia del organismo. Como un “blindaje” ante la posibilidad que a alguien se le ocurra pagar la deuda o devolver el crédito como hizo Bolivia, y con ello, desentenderse de sus condicionamientos.

Argentina lo ha logrado demostrar a lo largo de su historia: Cada vez que nos sacamos de encima el lastre del FMI, nuestro país –y fundamentalmente nuestra gente- logra iniciar un ciclo de mejor económica. Empero, cada vez que asumimos las reglas de juego impuestas por el FMI, que importan negociar, aceptar observadores, sugerencias y recomendaciones, la vida de los argentinos y las argentinas fue un poco peor cada día.

Así como hemos comprobado que el camino de las certezas judiciales no es obstáculo para que el FMI asuma sus consecuencias, también comprobamos que la voluntad política, es el camino indispensable para despegar el destino de nuestro país de la voluntad del FMI.

En definitiva, como enseñaba Don Alejandro Olmos en cada oportunidad en que se lo invitaba a mostrar las pruebas que permitían establecer que la historia de la deuda externa Argentina es la de una gran estafa contra su pueblo, es necesario reafirmar, desde la fuerza que otorga la voluntad política, que “las deudas se pagan, pero las estafas no”.


Lo que está en juego es una parte importante del futuro de millones de personas. Te explicamos en otra nota de ésta edición cuanto hay que pagarle en 4 años al FMI y las cosas que podría hacer nuestro país con esa plata. 

Por algo, uno que la vio de entrada, allá por 1946, cuando fue invitado a que nuestro país integre el FMI, sostuvo que “Cuando en 1946 me hice cargo del gobierno, la primera visita que recibí fue la del presidente del FMI que venía a invitarnos a que nos adhiriéramos al mismo. Prudentemente le respondí que necesitaba pensarlo y, enseguida, destaqué a dos jóvenes técnicos de confianza del equipo del gobierno para investigar a este monstruo tan peligroso, nacido según tengo memoria en los sospechosos acuerdos de Breton Woods. El resultado de este informe fue claro y preciso: en síntesis, se trataba de un nuevo engendro putativo del imperialismo. Yo, que tengo la ventaja de no ser economista, puedo explicarlo de manera que se entienda”.

Fue el mismo que también dejó grabada a fuego otra máxima de nuestra historia: “mejor que decir, es hacer”. Y allí nuestro desafío con el FMI. 
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