24/5/2020

Sociedad

Fuerte llamado en Europa contra la “cultura del descarte” de los adultos mayores

El filósofo Habermas junto a ex presidentes, arzobispos, dirigentes políticos y culturales de Europa lanzaron un fuerte llamado ante la respuesta frente a la pandemia del Covid19: “Sin ancianos no hay futuro”.

Publicado el 24 de Mayo de 2020


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"Que el valor de la vida sea siempre igual para todos. Quien rebaja el valor de la vida frágil y débil de los más ancianos, se prepara para quitarle el valor a todas las vidas". Ante la estremecedora cifra de muertes de ancianos en muchos países europeos durante la pandemia, un conjunto de personalidades alzaron la voz.

La comunidad de San Egido, aquella institución fundada por Andrea Riccardi al calor del Concilio Vaticano II y que tuvo un rol protagónico para la abolición de la pena de muerte en los países de Europa, reunió un conjunto de personalidades que incluyen al filósofo Jurgen Habermas, el ex presidente de Italia y de la Comisión Europea, Romano Prodi; el expresidente de Gobierno de España, Felipe González; el filósofo y catedrático Manuel Castells; Stefania Giannini, directora adjunta de la UNESCO; Irina Bokova, ex directora de UNESCO; y Jeffrey Sachs, director de las Naciones Unidas, entre tantos otros.

El objetivo de la convocatoria fue lanzar un duro llamamiento titulado “sin ancianos, no hay futuro”, construyendo un llamamiento para la rehumanización de la sociedad, y el rechazo a una sociedad selectiva.

Habrá que revisar muchas cosas en los sistemas sanitarios públicos y en las buenas prácticas necesarias para llegar a todos y curarlos con eficacia. Pero nos preocupan especialmente las tristes historias de mortaldades de ancianos en residencias. Todo esto no habría ocurrido si no se estuviera abriendo paso la idea de que se pueden sacrificar sus vidas en beneficio de otras. Es lo que el Papa Francisco define como "cultura del descarte", que priva a los ancianos del derecho a ser considerados personas y los relega a ser solo un número y, en algunos casos, ni siquiera eso”, comienzan señalando en el documento.

En clara alusión a una crisis que se terminó de cristalizar ante el avance de la pandemia, y que desnudó el macabro negocio de un puñado de grandes corporaciones empresarias que gestionaban las residencias de ancianos.

En forma reciente el director de la Oficina Regional de la Organización Mundial de la Salud para Europa ha señalado una desigualdad trágica: la mitad de los europeos fallecidos residían en residencias de ancianos. En España, aún sin estadísticas oficiales, el número parece ser peor. Tres de cada cinco fallecidos por coronavirus habitaban las residencias, según informa el diario El País.

En España, precisamente, quedó al desnudo el negocio de grandes corporaciones empresarias. “Las residencias de mayores ofrecen dos grandes negocios para el sector privado. El más conocido es el de la gestión de las geriátricos, que se alimenta en buena medida de dinero público” destaca el periodista Manuel Rico en el diario InfoLibre.

“Pero hay un segundo negocio, menos visible, que ha crecido con fuerza en los tres últimos años: el ladrillo geriátrico. La inversión inmobiliaria en las instalaciones donde se atiende a nuestros mayores.” destaca el periodista, que agrega un dato alarmante “Los fondos de inversión controlan total o parcialmente el capital de cinco sociedades que han adquirido al menos 66 inmuebles de residencias desde 2017”

El documento cuestiona además las tesis sanitarias que apuestan a la emergencia como dispositivo para llevar adelante una elección para el tratamiento que involucra a los más jóvenes y los más sanos.

Así, señalan “La tesis de que una menor esperanza de vida comporta una reducción "legal" del valor de dicha vida es, desde un punto de vista jurídico, una barbaridad. Que eso se produzca a través de una imposición (del Estado o de las autoridades sanitarias) ajena a la voluntad de la persona representa un intolerable atropello añadido de los derechos de la persona.”

Con vocación de realizar un debate que trascienda las fronteras de la emergencia del coronavirus, el documento destaca “La aportación de los ancianos sigue siendo objeto de importantes reflexiones en todas las culturas. Aceptar que no tienen el mismo valor significa romper la trama social de la solidaridad entre generaciones y desmembrar toda la sociedad.”

De forma contundente, aseguran “No podemos dejar morir a la generación que luchó contra las dictaduras, que trabajó por la reconstrucción después de la guerra y que edificó Europa. Aceptar la muerte "anticipada" de los ancianos a causa de una mentalidad utilitarista es una hipoteca para el futuro, pues divide la sociedad en clases de edades e introduce el peligroso principio de que no son iguales.”

Las reflexiones quedarán resonando y provocan necesariamente una interrelación moral, ya no sólo en Europa, si no en el mundo entero, en lo que significará la civilización post pandémica, en la que nada habrá de ser igual a como lo conocimos en aquél lejano Enero.

El documento concluye con un duro golpe al alma de una civilización que debate su futuro: “Con este llamamiento expresamos nuestro dolor y nuestra gran preocupación por el elevado número de ancianos que han fallecido en estos meses y esperamos que se desate una revuelta moral para que cambie la dirección en la atención sanitaria a los ancianos y para que estos, sobre todo los más vulnerables, jamás sean considerados un peso o, aún peor, inútiles.”  

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