5/6/2021

Política

Ganadores y perdedores de la pandemia

Salarios bajos, precarización laboral, derrota de los ingresos frente a la inflación y crecimiento de la pobreza, son indicadores nacionales que contrastan con la rentabilidad que han registrado las grandes empresas y su capacidad para capturar los subsidios del sector público.

Publicado el 5 de Junio de 2021


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Durante 2020 los salarios cayeron en promedio -0,8% lo que, tomando en cuenta el 34% de inflación, significó una caída del -4,4% real. Mientras tanto, el empresariado capturó un excedente del 2,8%, producto de la baja en términos reales de los salarios y de los subsidios a la carga impositiva. Teniendo en cuenta la inflación anual, las ganancias empresariales se incrementaron un 3,7% real.

Claudio Lozano, director del Banco Nación, presentó un informe titulado: “Aumento de precios y captura de subsidios por parte del empresariado» en el que sostiene que “la capacidad del poder económico para incidir sobre los precios y capturar los subsidios a la producción puestos en marcha en el marco de la emergencia profundizaron la desigualdad en el reparto de los ingresos de la economía. Esto desarticuló el objetivo principal de la política económica: aumento del poder adquisitivo y ampliación del mercado interno”.

Las empresas que más excedente capturaron fueron las vinculadas al agronegocio (1,24%); las grandes comercializadoras (1,92%); las que se dedican a actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler (0,78%), y las de renta financiera (0,52%).

“Dentro de los actores que lograron beneficiarse en este contexto de crisis se encuentran los responsables del hambre en la Argentina que, a partir de su capacidad para fijar precios, lograron traducir el excedente en ganancias millonarias”, sostuvo Lozano.

La empresa del sector de los agronegocios que más ganó fue Cresud –productora de granos, caña de azúcar y carne, y dueña de la constructora IRSA– que aumentó su ganancia bruta interanual en un 145,3% en 2020. La siguieron el proveedor de productos y servicios agrícolas Grupo Los Grobo (136,6%), y las alimentarias Morixe (110,1%), Molinos Río de la Plata (96,1%), Arcor (35,6%), Mastellone (32,7%), y Ledesma (24,6%).

La que más se llevó de las grandes comercializadoras fue Mercado Libre, que incrementó su ganancia entre el primer trimestre de 2020 y el primero de 2021 en un 389,1% una cifra que, en pesos, arriba a los $9.595 millones. En ese sector fue seguida por Carsa S.A., dueña de Musimundo, con 65,8% más ganancias en un año; Cencosud Argentina (51%); e Importadora y Exportadora de la Patagonia S.A., dueña de Supermercados La Anónima (30,1%).

“Obsérvense la evolución de las ventas y las ganancias de los actores principales de la comercialización. Mientras la pobreza no baja del 45% y la indigencia supera el 10% de la población, las ventas y ganancias de estos grupos empresarios duplican prácticamente en promedio la tasa de inflación –detalla Lozano–. En particular repasando las firmas presentadas muestran casos de expansión brutal”.

De acuerdo con los datos del informe, esta tendencia a la concentración, ampliación y captura del excedente que se verificó en 2020 se profundizó en el primer trimestre de 2021. En el 2020 cerraron 22.860 pymes.

A dicho informe, corresponde agregarle aquél formulado por el Instituto que dirige Claudio Lozano sobre mercado socio laboral, el cual indica que “el deterioro del mercado laboral argentino no se mide por la tasa de desocupación. La presión efectiva involucra al 29 % de la PEA. El 71,5% de quienes están ocupados lo hacen en ocupaciones de baja calificación. En un marco donde el 44,7% de la fuerza laboral está precarizada, el ingreso promedio de quienes trabajan asciende a solo 32.159 pesos mensuales. Un 38% por debajo de la canasta familiar de pobreza (51.965 pesos). Los magros ingresos explican que uno de cada tres trabajadores gane por debajo del salario mínimo, vital y móvil y que el 32,4% de los ocupados e incluso el 21,5% de los asalariados registrados sean pobres.”

En la Argentina de la pandemia, trabajando se es pobre. En el informe, Lozano explica que “Los crecientes niveles de precarización contribuyen a explicar que buena parte de la clase trabajadora deba vender su fuerza de trabajo por debajo de su valor.”

En ese mismo sentido, el informe destaca que “el uso precario de la fuerza de trabajo, entendido en sentido amplio, excede a la falta de registro de una parte de la población asalariada. Al incorporar dimensiones como el desempleo, otras modalidades precarias de contratación, o los ingresos inferiores al piso mínimo legal, la precarización trepa al menos al 45% de la fuerza laboral. Al focalizar en la población juvenil, los resultados se vuelven aún más alarmantes: casi 8 de cada 10 trabajadores jóvenes están precarizados/as.”

El contraste entre los que ganan y los que pierden en tiempos de pandemia no sólo desnuda una problemática silenciosa que la dirigencia política no asume o desconoce, también inquieta las entrañas de una fuerza gobernante que llegó para enmendar a los que no encuentran el piso en la larga agonía neoliberal. 

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