1/1/2022

Economía

¿Grieta? ¿Qué grieta?

Consenso fiscal, voluntad de acuerdo con el FMI, dinámica de explotación extranjera de los recursos estratégicos, aliento a las inversiones y una serie de consensos económicos que se solidifican entre la oposición y el gobierno para acolchonar culpas ante el inexorable ajuste que se avecina en el horizonte.

Publicado el 1 de Enero de 2022


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Un reciente informe del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO) denominado “Consenso económico entre oficialismo y oposición” sostiene que, a pesar de la afamada grieta, existen puntos troncales de acuerdo que involucran al FMI como un motor de unidad.

“Es recurrente escuchar reclamos sobre la necesidad de que distintas corrientes políticas lleguen a acuerdos y consensos para sacar a la Argentina del estancamiento de la última década. Sin embargo, aunque los distintos espacios políticos prefieran resaltar sus diferencias, consideramos que es posible definir un consenso entre las principales fuerzas políticas (Frente de Todos y Juntos por el Cambio) que incluye también al Fondo Monetario Internacional en algunos puntos clave” dice en su inicio el informe que compartimos en esta nota.

El CESO sostiene que el consenso económico entre oposición y oficialismo se puede resumir en cinco puntos

● Necesariamente hay que acordar con el FMI.
● Ausencia de un programa antiinflacionario definido.
● Búsqueda de equilibrio fiscal.
● Ingreso de dólares por la explotación de recursos naturales.
● Necesidad de controles cambiarios.

En lo que respecta al acuerdo con el FMI, sostienen en el informe que “Llevar el acuerdo con el FMI al Congreso le permite al gobierno diluir parte de las responsabilidades y los costos que estén asociados al programa acordado. Sin embargo, cuando toque hacer el balance electoral dentro de dos años no va a poder desentenderse de los resultados prácticos del acuerdo sobre la economía, ni descargar los costos de un plan fallido con el FMI en la oposición.”

Al respecto, aseguran que “Hoy en día, ni el gobierno ni las consultoras ortodoxas plantean que el acuerdo vaya a traducirse en una buena noticia para la economía argentina. El principal argumento para cerrar el acuerdo es que la alternativa es peor, pero nadie se anima a plantear que un acuerdo con el Fondo puede ser positivo por sí mismo. Por eso, la discusión pasa a ser sobre quién paga el costo político.”

La ausencia de programa antiinflacionario, se explica por los fracasos de ambos modelos de desarrollo, afincados en las versiones actuales de los rincones de la pretendida grieta. El informe lo grafica con claridad y señala: “La inflación tiró al tacho los programas heterodoxos y ortodoxos aplicados en los últimos años. Cada corriente eligió su “ancla” (el dólar y las tarifas para la heterodoxia, la base monetaria para la ortodoxia) y aún así no pudieron frenar la inercia inflacionaria. En el caso del FdT, el retraso tarifario y cambiario de este año no pudo bajar la inflación del 50%. Si vemos las alternativa que aplicó JxC en 2019, a pesar del experimento de congelar la base monetaria durante un año, rompió récords de inflación. Por eso, comparten la falta de brújula frente al problema inflacionario”.

En cuanto al déficit fiscal, explican con claridad que “Plantear que el superávit fiscal es un objetivo de la derecha o del FMI no es novedad. Que el gobierno peronista lo ponga como un objetivo en el corto o mediano plazo, sí lo es. Incluso, a principios de 2021, el equipo económico actual planteó que la inflación se reduciría por las señales de reducción del déficit que se daban desde el gobierno.”

Y sostienen al respecto que “En una economía que reparte muy desigualmente los ingresos del crecimiento económico, la inyección de recursos fiscales puede terminar siendo una fuente de presión sobre la brecha cambiaria. Dicho de otra forma: lo que el Estado gasta, el privado lo gana y termina en pocos bolsillos que prefieren dolarizarse.”

En lo que respecta al extractivismo como herramienta para el ingreso de dólares al país, el informe señala que “La escasez de dólares ha sido, de 2011 para acá, la gran restricción al crecimiento de la economía argentina. Las recurrentes crisis, disparadas por el desbalance del sector externo, estimularon el surgimiento de un sector dentro del pensamiento heterodoxo que se fue acercando a posiciones históricamente ortodoxas. Así, los neodesarrollistas que dominan gran parte del gabinete económico oficial, subordinan cualquier objetivo económico, político, social y ambiental, a la necesidad de generar dólares vía expansión de las exportaciones. Dada nuestra histórica inserción comercial, la expansión de las exportaciones descansa casi totalmente sobre actividades extractivas de escaso valor agregado.”

Señalan como paradigmático que, desde las voces del propio gobierno, “un núcleo de economistas heterodoxos haya hecho de la explotación de los recursos naturales su principal bandera y haya logrado hacerse conocer por fuera de los círculos académicos gracias a su posicionamiento sumamente agresivo ante las críticas que reciben este tipo de proyectos. Según estas prioridades, el ambientalismo (“falopa”, como suelen agregarle en las redes como un aporte a la calidad del debate) sería una de las principales barreras que impide el desarrollo nacional por frustrar el ingreso de dólares.”

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