10/4/2021

Opinión

#HistoriaNativa: Deuda Externa, la historia conocida

Cuarta entrega del especial de #HistoriaNativa sobre la Deuda Externa. En esta edición, el profesor David Acuña examina desde el retorno de la democracia hasta los vestigios de la explosión del neoliberalismo en diciembre de 2001. Una reflexión necesaria, con retrospectiva, para comprender los desafíos de un complejo presente.

Autor de la nota: David Acuña

David Acuña

Publicado el 10 de Abril de 2021


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Alfonsín: continuidad de Martínez de Hoz

La disponibilidad de dólares, posterior a la crisis del petróleo, les permitió a las dictaduras sudamericanas contar con el financiamiento adecuado con el cual llevar adelante las reformas estructurales que sentarían las bases del neoliberalismo en la década de 1990. Tales reformas implicaron ejercer el terrorismo de Estado sobre la clase trabajadora que resistía las medidas de ajuste y el menoscabo de sus derechos.

El terrorismo de Estado llevó adelante un plan sistemático de detenciones, desapariciones, asesinatos, apropiación de bebes y robo de los bienes de las víctimas. El plan de la dictadura tenía tres grandes objetivos: a) el disciplinamiento del conjunto social a fin de aniquilar todo tipo de resistencia y oposición; b) adecuar los procesos de trabajo y modificar los patrones de distribución de la riqueza en beneficio del Capital, particularmente el financiero; y, c) romper en el entramado social todo puente con expresiones de organización popular de etapas anteriores, particularmente con el peronismo.

En la consolidación del nuevo patrón de acumulación y distribución jugó un papel importante la reforma del sistema monetario y financiero llevada adelante por el ministro José Alfredo Martínez de Hoz (1977). La misma posibilitó que el sector financiero pasara a ser la herramienta predilecta del Capital para la absorción de recursos en detrimento de la producción y el trabajo (el ingreso de los asalariados se reducía un 40% y se iniciaba un proceso sostenido de desindustrialización).

Es a partir de esta época que la Deuda Externa pasa a regir la coyuntura política y económica de nuestro país hasta el día de hoy. Las devaluaciones llevadas adelante por Martínez de Hoz se mantuvieron en tres dígitos entre 1976-1983 permitiendo que los capitales especulativos externos e internos fueran los más beneficiados al sacar tajada de las diferencias de tasas: se tomaba deuda externa en dólares para convertirlas en pesos y colocarlas en el mercado bursátil a corto plazo; una vez obtenido los dividendos se reiniciaba el ciclo. El endeudamiento era proporcional a la fuga de dividendos al exterior. Deuda y Fuga son dos caras de la misma moneda.

Los trabajadores, comerciantes y los empresarios mercadointernistas fueron los grandes perdedores de esta política económica. Pero un reducido número de empresarios, banqueros, importadores, funcionarios y amigos del poder se beneficiaron y capitalizaron. En las Fuerza Armadas sólo los altos mandos se vieron beneficiados con este modelo… al resto de la fuerza se la convidó a combatir a un cuco marxista inexistente, quedarse con las migajas del botín y con los bebes de los desaparecidos.

Hacia los '80 la bocha del juego cambió. Debido a su déficit fiscal, Estados Unidos incrementa las tasas de interés para atraer capitales. De esta forma se encarece el crédito internacional, y, obviamente, se dificulta la adquisición de dólares para afrontar el pago de la Deuda.

La nueva coyuntura implicó también cambiar las formas de especulación. En 1981 el Banco Central impuso un “seguro de cambio” con el objeto de bajar el riesgo de las operaciones (el mismo incluía una fórmula de indexación y una prima del 2%). La burguesía parasitaria argentina se aseguró divisas a futuro al precio del momento para cancelar sus pasivos a mediano plazo; cuestión, que sumado al proceso inflacionario, contribuía a licuar las deudas privadas… esto es la base sobre la cual se estatiza la deuda privada al año siguiente (bayonetas mediante).

Las empresas del Estado también fueron utilizadas para fugar capitales. Contrayendo deudas en dólares, que no eran utilizadas para expandir o modernizar el proceso productivo, colocaban las divisas en el Banco Central para que fueran utilizadas en otorgar créditos al sector privado a tasas convenientes. El vaciamiento de las empresas del Estado y la quintuplicación de la Deuda Externa entre 1976 y 1983 fue el mayor fraude perpetrado por la burguesía argentina teniendo a las Fuerzas Armadas como garante del mismo. A fin de cuentas, todos los sectores sociales y personas que apoyaron la dictadura militar fueron parte del fraude y la miseria general del país.

Cuando Raúl Alfonsín (UCR) se hace cargo del gobierno del Estado, la Argentina estaba atrasada en pagos de Deuda Externa en unos u$s20.000 millones. La derrota en la guerra de Malvinas frente a Gran Bretaña, quien no solo era una potencia militar, sino parte fundamental del entramado financiero internacional, sumado a la intransigencia de los acreedores externos y la poca valentía de Alfonsín para declarar ilegítima gran parte de la Deuda contraída por la Junta Militar, terminó hundiendo aún más la economía del país. De esta forma, al reconocer la Deuda el gobierno radical se vio en la necesidad de tomar más crédito externo para el pago de intereses. Para los poderes fácticos, Alfonsín cumplió con lo que se requería de él: reconocer la deuda ilegal precedente y volver a retomar el ciclo de endeudamiento.

La UCR entrega el gobierno antes de tiempo dejando al país sumido en el caos hiperinflacionario y el hambre, pero garantizando una clara continuidad con las políticas precedentes de saqueo. Será entonces, el turno de Carlos Menem y el PJ para profundizar el proceso de desindustrialización, endeudamiento, achicamiento del Estado, extranjerización económica y concentración del Capital… parodiando la canción infantil se podría decir que:

“Videla lo preparó, Alfonsín lo cocino, y este pícaro riojano nos entregó ♫♫♫…”

 

Menem y el PJ de una sola bandera: la de la entrega

Con la muerte de Juan Domingo Perón en 1974 las tensiones internas al interior del peronismo se hicieron cada vez más objetivas. Ya antes de consumarse el golpe militar contra el gobierno de Isabel Perón, los sectores más combativos comenzaron a ser raleados de la esfera de decisión tanto estatal como del movimiento. La dictadura militar supo dar el golpe definitivo a sobre los mismos.

Entre 1983 y 1988, derrota mediante ante la UCR, asistimos a un proceso donde el otrora movimiento de masas que supo expresar y contener diversas miradas, se iba sumiendo en concepciones que priorizaban la institucionalidad formal partidaria por sobre las llamadas organizaciones libres del pueblo. Y así, como la alvearización del radicalismo había transformado al centenario partido popular en parte del status quo, la Renovación y luego el Mememismo, implicaron el abandono del peronismo como herramienta de justicia social y defensa de la soberanía nacional. El menemismo fue la adopción de un modelo clientelar de partido afín al neoliberalismo, sin democracia interna y alineado absolutamente con Washington y el FMI.

A la hiperinflación de Alfonsín le llegó una segunda hiperinflación en el primer tramo de gobierno de Carlos Menen, la misma fue producto de una devaluación de más del 2000% (1989). Al año siguiente se implementó un primer “corralito” afectando los depósitos de los ahorristas; los cuales, junto a los títulos de deuda fueron canjeados por un bono en dólares a diez años (Plan Bonex). Miguel Ángel Roig (representante de los intereses de Bunge & Born), Néstor Mario Rapanelli (también hombre de Bunge & Born) y Antonio Erman González (quien debido a su fallecimiento en 1999 no puedo ser sometido a juicio por supuestos hechos de corrupción en la venta de armas a Ecuador y Croacia), fueron los ministros de economía del menemismo anteriores a la asunción de Domingo Cavallo (quien había sido funcionario de la dictadura militar) en 1991.

Cavallo lleva adelante un plan de convertibilidad cambiaria igualando 1 a 1 la divisa nacional con el dólar, de esta manera se logra frenar la hiperinflación, pero dejando a la Argentina sujeta al ingreso de divisas desde el exterior. En 1992 la Argentina es incorporada al Plan Brady restructurando su deuda pública bajo conducción del FMI y del Departamento del Tesoro de los EEUU. Al igual que antes lo hizo Alfonsín, Menem terminaba de avalar la ilegitimidad de la Deuda Externa… ya no se podía acusar al radicalismo de convivencia con el capital especulativo porque ahora el peronismo hacía lo mismo… y en el mismo lodo, todos manoseados.

Los títulos de deuda colocados en el mercado fueron habilitados para la cancelación de la compra de empresas públicas por los capitales privados. Las mismas, vendidas a precio vil afianzaron el proceso de concentración y extranjerización del reducido aparato productivo argentino.

Con las privatizaciones, efectivamente aumentaron las reservas monetarias y se cubrieron los servicios financieros de la Deuda. Sin embargo, la sobrevaluación del peso, debido al tipo de cambio fijo y la apertura indiscriminada de las importaciones, provocó un efecto negativo en el sistema productivo argentino: era más barato importar que producir, por lo cual la resultante inmediata fue la desocupación creciente y el obvio proceso de desindustrialización.

Con la industria argentina mermada también caen las exportaciones, y por ende el ingreso de dólares. Lo cual, vuelve al país dependiente cada vez más de concretar nuevos endeudamientos para financiar los anteriores… La Deuda Externa como herramienta de subordinación de la política soberana es evidente.

La Crisis del Tequila (México 1994) coloca la frutilla del postre. El alza de la tasa de interés en los EEUU obturó el flujo de fondos hacia nuestro país provocando el rápido retiro de los depósitos del sistema bancario y el derrumbe de la Bolsa. El intento de frenar la crisis haciendo uso de las reservas propias no cambió el resultado. El producto final fue la quiebra de algunas entidades de origen nacional, mayor concentración del sistema financiero y mayor extranjerización de la banca.

Concentrada y extranjerizada la economía, con un tipo de cambio fijo y el sistema productivo en decadencia, el nuevo ciclo de endeudamiento estaba cantado. Las políticas de ajuste que se implementaron con Menem y luego siguieron con Fernando de la Rúa tuvieron más que ver con la imposibilidad de hacer frente al pago de los servicios de la Deuda que a los requisitos de sanear las cuentas públicas para la obtención de nuevos créditos. Para el año 2000 la deuda externa bruta pública y privada superaban los 150.000 millones de dólares.

 

Fernando de la Rúa: un pusilánime en Casa Rosada.

Según el diccionario de la RAE, el término “pusilánime” hace referencia a la persona “falta de ánimo y valor para tolerar las desgracias o para intentar cosas grandes”. La verdad que es una buena descripción para quien asumió la presidencia haciendo campaña contra la corrupción menemista, pero continuó con sus mismas políticas de ajuste. Y para colmo de males, se fue con las manos manchadas de sangre en diciembre de 2001.

De la Rúa mantuvo el sistema de convertibilidad requiriendo para su mantenimiento más ajuste (los pagos de servicios de la Deuda Externa representaban más del 21% del presupuesto 2001). De esta forma el aumento de impuestos a los sectores medios, la rebaja de salarios y jubilaciones, como la Ley de flexibilización laboral abonaron a reducir la demanda interna al mismo tiempo que la conflictividad social iba en aumento.

Con el objeto de frenar la crisis que cada vez era más clara y evitar la fuga de divisas y salida de depósitos que ya no confiaban en la moneda local, el gobierno con la anuencia del FMI lleva adelante el denominado Blindaje por el cual se accedía a una nueva línea de préstamos por 40.000 millones de dólares. A cambio, el FMI exigía llevar adelante una medida de recetas de ajuste más severas.

El Blindaje dio un resultado adverso al esperado acrecentando la desconfianza de los capitales, los cuales siguieron retirándose de nuestra plaza bursátil y financiera. Este es el momento en que regresa a los escenarios ministeriales el Super Mingo Cavallo con su Megacanje, el cual intentaba patear la pelota de la Deuda para adelante ganando tiempo con títulos más confiables para el mercado.

Aun así, el descalabro de las finanzas públicas era un hecho a lo que se le sumó a la imposibilidad de las provincias de hasta pagar los sueldos de su empleados y funcionarios públicos. Es entonces que aparecen en circulación las cuasimonedas aumentando la base de circulación monetaria. Sin embargo, el tipo de cambio fijo comienza a desmoronarse cuando se empieza a notar la caída permanente de las reservas internacionales (las cuales debían servir para respaldar nuestra base monetaria). La fuga de capitales privados era imparable a esa altura: solamente en 2001 el sector privado no-financiero fugó 30 mil millones de dólares.

En ese contexto, el gobierno limita el retiro de fondos de las cuentas bancarias y depósitos (“corralito”). Ante esta medida, el FMI anuncia que no liberará los fondos pactados para la Argentina (1.264 millones de dólares), lo cual obliga a la cesación de pagos. La crisis económica devino en crisis política y en un estallido popular el 19 y 20 de diciembre de 2001 obligando a Fernando de la Rúa a dimitir en su cargo.

El 2001 cerraba con el tercio de la población desocupada y una indigencia superior al 21%.

 

Adolfo, el hombre breve… y Eduardo, el zabeca de Banfield

Adolfo Rodrígez Saá duró en su cargo de presidente menos que una declaración de amor de Esther La Turca Sesin. Pero en su breve paso por Casa Rosada declaró el default y puso fin a la convertibilidad del 1 a 1.

Este sinceramiento de la situación económica, le permitiría Eduardo Duhalde en el ejercicio de la presidencia (que al igual que Adolfo, llegaba sin el voto popular) pesificar las deudas, flexibilizar el corralito, emitir nuevos bonos en dólares ofrecidos para depósitos de menos de 30.000 dólares e implementar una clausula indexatoria para los débitos y créditos.

Durante el gobierno de Duhalde se volvió a repetir el esquema donde las políticas económicas pasan a acrecentar la deuda pública y disminuir la privada… los sectores asalariados terminaron, como siempre, siendo el chivo expiatorio que se ofrece en holocausto al dios del capital financiero.

La Masacre de Puente Pueyrredón, donde la policía bonaerense bajo las órdenes del entonces gobernador Felipe Solá fusila a los militantes Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, acelera el llamado a elecciones. En ellas, y a pesar de todo lo padecido en la década del '90, vuelve a ser Carlos Saúl Menem el candidato más votado… aunque termina bajando su candidatura evitando ir al balotaje contra Néstor Kirchner quien asume la presidencia abriendo una nueva etapa política para la Argentina.

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