8/5/2021

Opinión

Infobae y su insólito argumento en contra de los subsidios a la energía

La directora del observatorio especializado en Energía, OETEC, responde al lobby desembozado del portal de noticias Infobae y su periodista, Pablo Wende, para lograr imponer en la Argentina un brutal tarifazo que sacuda el castigado bolsillo popular.

Autor de la nota: Belen Ennis

Belen Ennis

Publicado el 8 de Mayo de 2021


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En un artículo publicado la semana pasada por Infobae, que lleva la firma del periodista Pablo Wende, y que se titula "El Gobierno gasta más en subsidiar tarifas que en ayuda para los sectores afectados por el COVID-19" , se arremete contra la política de subsidios a la energía. Esta vez, contraponiéndola al paquete de políticas públicas que buscan acompañar a los sectores perjudicados por la pandemia. Se sostiene, en efecto, que por culpa de los subsidios, el Gobierno nacional no destinaría fondos suficientes para ayudar a quienes sufren las consecuencias económicas del coronavirus, como si aminorar concretamente el peso de las tarifas sobre los hogares, comercios e industrias del país no fuera una forma de darle respuestas concretas a dichos sectores. Sepa el lector y la lectora que hemos leído y escuchado todo tipo de ataque hacia los subsidios energéticos, pero éste, que los culpabiliza de actuar en contra de la ciudadanía a la que pretende asistir, supera a todos los demás.


Insólito argumento contra los subsidios a la energía

Pablo Wende, autor del artículo de Infobae, comienza sosteniendo: "Sólo en marzo destinó [por el Gobierno nacional] $ 66.000 millones para mantener los congelamientos en las facturas de luz, agua y transporte. Con ajustes a cuentagotas, la cifra seguirá creciendo y resta recursos a quienes se ven impactados por las restricciones".

Así, culpabiliza a la política de subsidios energéticos de un supuesto recorte a las ayudas sociales en el marco de la crisis económica provocada por la pandemia. En este sentido, apunta, "uno de los mayores problemas que enfrenta el Gobierno por estas horas es cómo enfrentar la segunda ola de contagios sin impactar demasiado en la economía".

"El argumento -prosigue el articulista- es que la gente y las empresas vienen muy golpeadas de la cuarentena del año pasado y además que no hay recursos para apoyar masivamente a sectores críticos". Sin embargo, Wende señala que "el gasto público demuestra que en realidad sí hay recursos, por ejemplo para subsidiar a los hogares por el congelamiento de tarifas".

Se trata, en efecto, de una lectura bastante insólita, y hasta ridícula, que busca contraponer los subsidios energéticos con el conjunto de políticas destinadas a "apoyar a los sectores críticos" (en palabras del periodista) dentro del marco de medidas tomadas para combatir los efectos sociales y económicos del Covid-19.

"El mundo" desmiente a Wende

Pero son los subsidios a la energía los que en el mundo entero se utilizaron precisamente para enfrentar las consecuencias de la crisis provocada por la pandemia a nivel global a partir del diseño y la ampliación de programas de protección a usuarios y usuarias de los servicios públicos de electricidad y gas. 
El objetivo, claro está, tiene que ver con cubrir las necesidades energéticas básicas a fin de que la ciudadanía permanezca más tiempo en sus hogares, como los gobiernos de la mayoría de los países están pidiendo. A propósito de ello, publicábamos la semana pasada un extenso artículo informando, en base a un trabajo científico publicado por Energy Research & Social Science, cuáles habían sido las principales medidas internacionales tomadas en materia de servicios públicos, tarifas y energía en tiempos pandémicos.

Los autores que firman dicha publicación, Mastropietro, Rodilla, y Batlle, explican que producto de la irrupción de la pandemia se generaron mundialmente "desequilibrios entre los recursos económicos necesarios para cubrir las necesidades energéticas básicas de un hogar y los ingresos de la familia que vive en él". En consecuencia, "muchos gobiernos introdujeron medidas de emergencia para proteger a los consumidores de energía"

Las medidas son varias: prohibiciones de desconexión; planes de extensión de pagos; programas de asistencia mejorada; reducción o cancelación de facturas de energía; medidas para usuarios comerciales e industriales y creación de mecanismos de financiamiento para empresas prestadoras. Todas ellas, en su gran mayoría, financiadas por los propios Estados.

De hecho, los investigadores arriba mencionados, reconocen que los países del mundo "dependen de algún tipo de subsidio al consumo de energía para los hogares (…) El diseño de estos esquemas es muy heterogéneo, en términos de método de provisión (tarifas sociales versus pagos directos), estrategia de focalización y financiamiento".

Por tanto, algunas de las naciones más desarrolladas ampliaron sus programas de asistencia energética. Muestra de ello Italia, que renovó la inscripción al régimen de la tarifa social; Nueva Zelanda, que duplicó la ayuda económica que ciertos usuarios reciben en invierno; o España, que introdujo una categoría específica en su tarifa social eléctrica dedicada a aquellos trabajadores autónomos que perdieron su empleo durante la crisis del covid.

 

El verdadero motivo del ataque: CFK y la energía humanizada

No obstante, sospechamos que el periodista de Infobae sabe perfectamente todo lo anterior. Pero decide mirar para otro lado. Y esto responde, en efecto, a su postura ideológica y política respecto a la cuestión energética.

Veamos por qué. "La consecuencia de mantener las tarifas prácticamente congeladas o subiendo a un ritmo ínfimo en relación con la inflación es que el Gobierno tendrá que poner una fortuna para "bancar" el funcionamiento de los servicios. Lentamente se vuelve a la situación que dejó Cristina Kirchner en 2015", sostiene Wende.

En primer lugar, no es casual la palabra "bancar" en lugar de "garantizar" el funcionamiento de estos servicios y su "accesibilidad" ciudadana en carácter de la esencialidad que los mismos revisten para la vida y el cumplimiento de los derechos sociales. Pero dejando esta diferencia de criterio, la solución entonces sería, según el razonamiento del periodista ¿subir las tarifas por arriba de la inflación deteriorando aún más el bolsillo de los argentinos y las argentinas? ¿Cómo se "ayudaría" así a los sectores perjudicados por el Covid-19? Porque esto era, hasta donde habíamos entendido, el pedido de Wende al Gobierno nacional.

Respecto a la "situación" que dejó Cristina Kirchner en 2015… ¿Se refiere Wende a los más de 2,3 millones de nuevos usuarios residenciales incorporados a la red de gas y a la mayor expansión de gasoductos de la historia (más de 3.000 km) comprobada entre 2003 y 2015? ¿O acaso habla de los 4,6 millones de hogares que se sumaron a la red eléctrica y las 10 provincias interconectadas al SADI, aisladas hasta el año 2003? Una "situación" a la que se llegó sin tarifazo, cabe recordar.

¿Por qué no hablar, en todo caso, de la "situación" energética y tarifaria que recibió Alberto Fernández por parte de la administración Cambiemos? ¿Por qué no explayarse sobre lo que fue la peor expansión de la red de gas de la historia; las cifras más bajas de usuarios nuevos incorporados a dicha red; el retroceso en el consumo nacional de gas y de electricidad (a niveles de 2015); la baja en la demanda industrial eléctrica (más allá de 2013); o el retroceso del consumo gasífero de los hogares de todo el país (por debajo de 2010)?.

O mejor, ¿por qué no analizar el saldo de todo aquello? Casi 3 millones de hogares (9 millones de compatriotas) empobrecidos energéticamente hablando. Pues bien, la omisión de Wende es claramente política y está relacionada con su concepción energética de origen mercantilista, esto es, una energía sin usuarios y sin usuarias, una energía desprovista de argentinos y argentinas.

El verdadero pedido: más tarifazos

Pero no termina allí. Inmediatamente, luego de su ataque hacia la política energética del kirchnerismo, Wende puntualiza en la necesidad de mayores aumentos tarifarios promovidos por la quita de subsidios en plena crisis pandémica. Esto es, mayores "ajustes".

Así lo hace: "La presión del kirchnerismo duro provocó que hasta ahora se mantenga el congelamiento y se habla de subas que no superarían el 7% tanto para luz como para gas a lo largo del 2021. Las empresas, en cambio pidieron incrementos de entre 25% y 30%, al menos para mantener la calidad del servicio. Pero no se llegaría ni por asomo a ese ajuste".

Por último, lo que adelantábamos en el apartado anterior, su análisis economicista de la energía, que la reduce a una variable macroeconómica más, obviando su verdadero rol social. "Los subsidios económicos representan una porción cada vez mayor del PBI. Este año representarán uno de los rubros que más contribuye al déficit fiscal", sostiene Wende, y afirma que este es "uno de los temas que más preocupa a los inversores".

Afortunadamente, a diferencia de lo que supimos tener entre 2016 y 2019, los organismos que deben dirimir las actualizaciones tarifarias no están preocupados por los ajustes que piden las empresas o por las inquietudes de "los inversores" sino por el bolsillo de los argentinos y las argentinas y su acceso cada vez mayor a la energía a través de servicios públicos asequibles.

 

Conclusión

Como hemos comprobado a lo largo de este artículo y en base a ejemplos internacionales, los subsidios a la energía no son un invento argentino que se exporta al mundo sino una política de Estado globalmente utilizada para sostener el consumo energético y mejorar la calidad de vida al interior de los países que los adoptan.

Asimismo, que contrariamente a lo que intenta plantear el periodista de Infobae, estos subsidios fueron una de las herramientas más importantes para combatir el impacto del Covid-19 en la economía de los hogares, los comercios y las industrias que sufrieron el embate de la pandemia y los efectos del confinamiento.

Por otra parte, como venimos sosteniendo en infinidad de informes son las leyes nacionales; la Carta Magna, los marcos regulatorios; y la legislación internacional los que reconocen en la energía y sus servicios públicos una cuestión de derechos sociales, garantizado indirecta o directamente por el Estado.

Y justamente, como vimos, una de las fórmulas mundialmente más utilizadas para generar accesibilidad ciudadana a la energía son los viejos, sucios y feos subsidios estatales, porque a energía más barata, mayor consumo per cápita, y a más altos niveles de consumo, mayor el crecimiento del PBI, mayor expectativa de vida, mejor Índice de Desarrollo Humano.

Por último, no es objetivo de la política energética de un país disminuir el déficit fiscal o que la energía aporte sólo desde lo macroeconómico. Bienvenido sea que la cuestión energética cierre desde lo "macro" pero lo fundamental es que lo haga con la gente adentro y con un aparato productivo e industrial sin atrofias.

Porque la verdadera finalidad del sistema energético, por lo menos el de una Argentina en calidad de Nación es sostener la salud energética de su Pueblo. Y para ello, nada mejor que el acceso a la energía, a precios justos y razonables, para motorizar el crecimiento económico y la justicia social. Mucho más, luego de esta inédita y trágica pandemia que tanto daño provocó.

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