11/6/2022

Opinión

Insurrección periodística: De Mariano Moreno a Dardo Cabo y Rodolfo Walsh

Cada 7 de junio se celebra el día del periodista en conmemoración a la primera edición de La Gaceta de Buenos Aires bajo la dirección de Mariano Moreno. La misma, estuvo activa por más de una década hasta que Bernardino Rivadavia la cierra en 1821.

Autor de la nota: David Acuña

David Acuña

Publicado el 11 de Junio de 2022


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Cada 7 de junio se celebra el día del periodista en conmemoración a la primera edición de La Gaceta de Buenos Aires bajo la dirección de Mariano Moreno. La misma, estuvo activa por más de una década hasta que Bernardino Rivadavia la cierra en 1821.

La Gaceta, mal que le pese al relato oficial historiográfico o al de las revistas escolares de nuestra infancia, no nació como emprendimiento periodístico, sino como el órgano de prensa política de la Junta Revolucionaria de Buenos Aires. Hoy, atrapados entre la infodemia y la hoguera de vanidades que describen sin proponer, queda muy poco de ese primer “ADN Gaceta” donde importaba más la transformación de un presente injusto que el prestigio personal y el dinero.

La Gaceta de Buenos Aires reflejó las acciones de un plan revolucionario destinado a lograr el gobierno soberano en nuestras tierras. No se puede separar a la pluma con la cual Moreno intervino en la Gaceta con aquella que firmara la ejecución de Santiago de Liniers por traidor y sedicioso ante el nuevo gobierno, porque Moreno, como Castelli y Belgrano, que también escribieron en ella, eran ante todo militantes políticos de una causa popular.

El 8 de mayo de 1973, otro órgano de prensa se proponía como trinchera de debate político y herramienta al servicio de la transformación revolucionario. Días antes que se restaurara la democracia en la Argentina, se publica la primera edición de El Descamisado. Este periódico, que llegó a contar con una tirada de 200 mil ejemplares, reflejó la línea política de la organización peronista Montoneros. A cargo del mismo se encontraba Dardo Cabo, militante de amplia trayectoria en el nacionalismo revolucionario y recordado centralmente por liderar la Operativo Cóndor que aterrizó en Malvinas en 1966 reivindicando nuestra soberanía. El Descamisado fue implacable en sus editoriales con la oligarquía y el imperialismo, pero tampoco fue complaciente con los propios cuando se trataba de disentir o pedir una rectificación de rumbo en el gobierno popular, pues se trataba, como señalara el propio Cabo: “…Quienes desde la lealtad se atreven a pensar y disentir, se diferencian en mucho de aquellos que ocultan con la obsecuencia la traición. Y también aquellos que con la excusa de la verticalidad ocultan tanto el oportunismo para sacar tajada personal como la mediocridad mental del que no se atreve a pensar”.

En marzo de 1976 un nuevo golpe cívico-militar al servicio del capital extranjero asume el gobierno del Estado. Ante la represión, proscripción política, secuestros y asesinatos perpetrados por la junta de generales, Rodolfo Walsh crea la Agencia de Noticias Clandestinas (ANCLA) con el objeto de romper el cerco mediático de la censura y sumar a pelea política contra la dictadura. Walsh, que había estado al frente del periódico de la CGT de los Argentinos donde se publicó en su edición número 1 el Programa del 1º de Mayo (1968) como continuador del Programa de La Falda (1957) y Huerta Grande (1962), volvía a asumir un rol militante a cargo de un medio de prensa dando batalla contra la entrega de nuestra soberanía y la opresión de las mayorías populares.

Moreno, Cabo y Walsh corrieron la misma suerte. Fueron asesinados no por lo que decían desde las páginas de tal o cual publicación, sino por su compromiso de transformación social al asumir la militancia política desde el terreno del pueblo. Fueron implacables con los enemigos de la Patria y el Pueblo; no fueron dóciles con los conductores del “vayan y hagan”; no esperaron que alguna persona desde algún lugar les dijera que hacer; nada de eso. Fueron militantes políticos del campo popular que vieron en el periodismo una herramienta más al servicio de la causa popular, la cual es, en última instancia, la única verdad que sirve reflejar.

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