9/5/2020

Economía

La actitud de los acreedores hace crecer apoyo al Gobierno para suspender los pagos de la deuda

En el día de ayer tuvo lugar el vencimiento del plazo establecido por el gobierno nacional a los acreedores externos, para que expresaran su aceptación o el rechazo a la propuesta de reestructuración de deuda elaborada por la cartera de economía que conduce Martín Guzmán.

Publicado el 9 de Mayo de 2020


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Durante la tarde, un grupo de acreedores externos, utilizó a los grandes medios de comunicación, como voceros de su negociación y dio a conocer el lanzamiento de una página web en la que habrían de informar acerca de los avances de la negociación.

Si bien la fecha concedida por el Gobierno vencía el 8 de Mayo, las cartas sobre la mesa estarán hasta el 22 de Mayo, fecha en que se produce un vencimiento del período de gracia para la cancelación de 500 millones de dólares de intereses de deuda pública en moneda extranjera cuyo pago debía materializarse el 22 de Abril del corriente año.

En la tensa jornada de negociaciones, Alberto Fernández y Martín Guzmán, barajaron extender el plazo, lo que debiera instrumentarse en las próximas horas por algún instrumento oficial, pero ambas partes en la mesa dan por descontado.

El sitio web promocionado desde las empresas corporativas de medios fue creado por el grupo de acreedores autodenominado “Ad Hoc” y que tiene como expresión visible a Dennis Hrantizky, ex abogado del fondo buitre Elliot que oportunamente acosara a la argentina y embargara la Fragata Libertad por gestiones ante los tribunales de Nueva York y obtuviera, finalmente, un pago en efectivo por parte de su socio comercial Nicolás Caputo cuando éste estaba al frente de la cartera de finanzas durante el gobierno de Mauricio Macri.

El grupo de acreedores, que ostenta más de USD 4000 millones en títulos a reestructurar, lo que equivale a más del 16% de los US$24.690 millones y lo que le puede dar la capacidad de oponerse y bloquear el canje de deuda, han señalado que esperan "que la Argentina reconsidere su oferta unilateral y se involucre constructivamente con el grupo de titulares de bonos de canje para alcanzar una resolución en la que todas las partes contribuyan de manera equitativa para lograr una carga de deuda sostenible respaldada por políticas apropiadas. Creemos que la probabilidad de que podamos lograr este resultado aumentará si más tenedores de bonos de cambio rechazan la oferta actual".

Amenazan en sus comunicados con una demanda legal, y extorsionan al Gobierno Nacional para que mejore una oferta, que a esta altura de los acontecimientos, ya resulta ser sumamente onerosa para las finanzas públicas.

El Gobierno recibió en semanas anteriores múltiples apoyos a su propuesta de reestructuración. En el terreno nacional, la UIA, la CGT, Gobernadores e Intendentes, respaldaron las gestiones encabezadas por Martín Guzmán.

En el plano internacional, una élite de economistas de renombre encabezados por el premio nobel de economía, Joseph Stiglitz, apoyó sin condicionantes la oferta de reestructuración de la deuda y condicionó la negociación. Además, Alberto Fernández ha recibido apoyos de mandatarios europeos, el G20 y el propio FMI para obtener una quita sustancial de la deuda.

Los grupos de acreedores externos debieran estar absolutamente agradecidos por la oferta que formulara Martín Guzmán. Existen múltiples razones para desconocer el origen de la deuda externa contraída en los últimos cuatro años, fundamentalmente, en razón de la escandalosa fuga de capitales financiada en la argentina con un ciclo brutal de endeudamiento externo.

Ningún inversor puede desconocer que cada dólar ingresado por el camino de la deuda externa, se fugó por múltiples mecanismos legales e ilegales, con destino al extranjero. Fueron los propios fondos de inversión los beneficiarios de esta vieja maniobra de saqueo planificado de una economía nacional.

Pero más allá de las enormes razones que tiene la Argentina para no pagar un solo peso por la ilegítima deuda externa, deben agradecer los acreedores externos que no se abrió un proceso de investigación que además la transforme en ilegal.

Pero fundamentalmente, Argentina tiene una oportunidad histórica para no pagar la deuda externa contraída en los últimos cuatro años, y resulta ser la coyuntura económica mundial desde el inicio de la pandemia del coronavirus.

Históricamente, las presiones de los acreedores externos radicaba en que un escenario de default dejaban a la Argentina sin crédito externo, y además, debilitaban las inversiones externas que pudieran llevar adelante empresas multinacionales.

Lo cierto es que en un contexto recesivo mundial como el que heredarán las naciones del mundo una vez superados el confinamiento, la eventual quiebra de gigantes multinacionales donde los acreedores externos tienen frondosas inversiones, hace presumir fundadamente que el crédito externo va a estar absolutamente cerrado, no sólo para la Argentina, si no para toda nación que no sea considerada central por las grandes corporaciones.

Grandes empresas petroleras, gigantes financieros, van a estar mucho más preocupadas en gestionar su propia crisis que en invertir en la Argentina, razón por la cual, el resultado del refrán “pájaro en mano” impone que el país no desembolse un solo centavo en el saldo de una cuestionable deuda externa.

Además, las razones de ética y moral de un proyecto político nacional y popular como el que gobierna nuestro país, debe atender a las prioridades de una gigantesca deuda social y no de la deuda externa, tal como lo aseguró el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina en la semana.

Los acreedores externos están “tirando de la cuerda” por demás.

En el gobierno comienza a especularse sobre las consecuencias de concretar el virtual default actualmente existente.

Saben que el apoyo del Grupo de Puebla, de ex mandatarios como Dilma Roussef, Rafael Correa, Rodriguez Zapatero y personales del campo de la economía y la política mundial, acompañarán una decisión necesaria para el país.

Es la hora de la condonación de las deudas externas en la región, y los acreedores externos parecen no comprenderlo.  

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