27/11/2021

Internacionales

La bisagra de Honduras: Elecciones presidenciales

El Domingo se realizarán elecciones presidenciales en Honduras bajo un contexto crítico e incierto, donde el país centroamericano definirá el ocaso de un modelo neoliberal ilegítimo y autoritario erigido a partir del golpe de Estado que derrocó a Manuel Zelaya en 2009.

Autor de la nota: Patricio Falabella

Patricio Falabella

Publicado el 27 de Noviembre de 2021


Imagen de la nota 'La bisagra de Honduras: Elecciones presidenciales '

El 28 de noviembre se realizarán elecciones presidenciales en Honduras bajo un contexto crítico e incierto, donde el país centroamericano definirá el ocaso de un modelo neoliberal ilegítimo y autoritario erigido a partir del golpe de Estado que derrocó a Manuel Zelaya en 2009. Este modelo en agonía se fue consolidado a partir de elecciones escandalosamente fraudulentas (2013-2017), corrupción endémica y criminalización de la protesta social.

Los apoyos de la OEA y Estados Unidos fueron cruciales en esta desequilibrante ingeniería de poder, significando una bisagra en el reordenamiento del “patio trasero” del imperio: a partir de la intervención en Honduras se produce un retroceso regional en la expansión de la Alianza Bolivariana de los Pueblos; los golpes de Estados a Fernando Lugo en Paraguay en 2012 y a Dilma Rousseff en Brasil en 2016 fueron algunos de los frutos que recogieron las oligarquías criollas a través del Lawfare. Dicha estrategia reaccionaria de intervencionismo mediático, judicial y político, es la herramienta fundamental en la articulación y ejecución de los “golpes blandos” sumarísimos y las proscripciones sobre gobiernos progresistas y líderes populares de la región.

Del otro lado de la bisagra hondureña, se encuentra un amplio movimiento popular, surgido del proceso de organización de la resistencia que enfrentó al autoritarismo y la represión durante los últimos 12 años a través de grandes movilizaciones y protestas contra el fraude, corrupción y privatizaciones, sumándose la lucha de los pueblos originarios y afrodescendientes en defensa de su territorio ante el saqueo neoliberal.

Durante la triste y larga noche neoliberal se sucedieron el gobierno de facto de Roberto Micheletti (2009-2010) y las presidencias del actual multi-procesado por narcotráfico Porfirio Lobo (2010-2014), y los dos mandatos fraudulentos del nefasto Juan Orlando Hernández (2014 hasta la fecha). Así, la sociedad hondureña se fue desangrando: la desaparición y el asesinato de líderes sociales como Beta Cáceres, la represión que se cobró más de 30 vidas después de las protestas que le siguieron al desvergonzado “apagón del  fraude” en las últimas inescrupulosas elecciones para presidente, la decadencia político-social, las privatizaciones, la represión para-estatal, y la creciente violencia del crimen organizado son algunas de las muestras de un periodo histórico reciente signado por el avasallamiento neoliberal.

La realidad socioeconómica de Honduras es paupérrima, la crisis estructural, agravada por la pandemia del Covid-19, arrastró a los más indignos niveles de pobreza en Latinoamérica, solo superado por Haití. Según la CEPAL antes de este brote, teniendo como período de referencia junio de 2019, la pobreza alcanzaba al 52,3% de la población y la pobreza extrema estaba en un 20%. Los informes recientes coinciden en que Honduras es uno de los países más afectados por la pandemia, algunas estimaciones indican que la pobreza se disparó al 70% y la pobreza extrema llegó a la mitad de su población. Con este panorama, la inseguridad y la violencia se han recrudecido: su tasa de homicidios supera los 40 cada 100.000 habitantes, conformando el Triángulo Norte Centroamericano, junto a El Salvador y Guatemala, como una de las subregiones con mayor crecimiento del crimen organizado y más violentas del mundo. Además, la desatendida crisis migratoria muestra el colapso de una sociedad librada al sálvense quien pueda.

Estas elecciones presidenciales cuentan con 15 candidatos al máximo cargo institucional del país. Según las encuestas, la contienda está polarizada entre el candidato oficialista del Partido Nacional, Nasry Asfura, un político y empresario que expresa la continuidad del ciclo neoliberal autoritario iniciado con el golpe de Estado de 2009, y la candidata del partido Libre (Libertad y Refundación), Xiomara Castro, representante de la lucha contra la imposición del modelo neoliberal. La ex Primera Dama del derrocado Zelaya, quedó con mejores chances después de establecer una alianza e incorporar en su fórmula al ex candidato presidencial Salvador Nasrralla del Partido Salvador de Honduras (PSH) renovando así las aspiraciones de un amplio y heterogéneo sector popular que desea derrotar al modelo neoliberal oligárquico y retomar el proyecto de justicia social, independencia económica, soberanía política y solidaridad regional de la Patria Grande latinoamericana, obstruido por los golpistas en el 2009. Según el sondeo elaborado por Centro de Estudios para la Democracia, (CESPAD) se señaló que la candidata presidencial aventaja claramente con un 38% de intención de votos frente al 21% del candidato oficialista Nasry Asfura. 

Imperialismo y Oligarquía Criolla: Síntesis del Neoliberalismo   

La oligarquía criolla hondureña fue un socio estratégico histórico del imperialismo estadounidense, así lo confirma su vinculación con la CIA en 1954 durante el derrocamiento de Jocobo Árvenz en Guatemala, y el rol decisivo en el apoyo a la Contra revolución Sandinista de Nicaragua durante la década del ‘80.  Esta relación histórica convirtió a Honduras en una necesidad estratégica para el Comando Sur en Centro América. La penetración ideológica y militar en defensa de los intereses imperialistas en Honduras queda explicita en la imposición de la siniestra base aérea militar estadounidense de Soto Cano, actual aeropuerto internacional de Palmerola. Cuando el Presidente Manuel Zelaya propuso trasladar[i] el aeropuerto civil de Tegucigalpa a 86 km al norte sobre la región de Palmerola, y financiar la inversión de la terminal comercial aérea por la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA), solo le restaron  28 días a su mandato democrático. Mucho se habló sobre su plebiscito no vinculante para reformar la Constitución, pero poco se nombró los intereses reales de la base Soto Cano que suscitó el golpe de Estado y una herida que aún no ha cicatrizado en la sociedad hondureña. Los modelos en pugnas en estas elecciones presidenciales representan una articulación para el pueblo hondureño de reorganizar su lucha contra las fuerzas neoliberales enquistadas en lo más profundo de los poderes facticos del país, así como también, demuestra la indeclinable lucha de nuestros pueblos libres por una Patria Grande.



[i] El Aeropuerto Toncontín en Tegucigalpa era uno de los más inseguros del mundo, el accidente del 2008 motivó la propuesta de traslado del Presidente Zelaya, las muertes y heridos fueron insuficientes, hasta que en 2011 un nuevo accidente con mayores víctimas  confirmará su traslado a Palmerola.     

Publicidad - Fatica