11/6/2022

Economía

La dependencia económica en el espejo del desarrollismo

Los modelos ensayados en las últimas décadas dan cuenta de las limitaciones para transformar estructuralmente la matriz productiva de la Argentina. Horacio Rovelli repasa alcances y limitaciones de las políticas económicas que buscaron un horizonte distinto sin cambiar la lógica que somete y obtura la plena realización material del pueblo argentino

Autor de la nota: Horacio Rovelli

Horacio Rovelli

Publicado el 11 de Junio de 2022


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A poco de asumir la presidencia de la República el 1 de mayo de 1958 y contrariando las ideas expresadas en su libro “Petróleo y Política”, Arturo Frondizi firmó contratos con empresas petroleras extranjeras que autorizaban a las misma a importar todo el material que considerasen necesario para la explotación petrolera sin pagar impuestos. El reintegro de las inversiones y las ganancias de las empresas podrían ser girados al exterior con absoluta libertad. Si bien se triplicó la producción petrolera, no se logró equilibrar la balanza de pagos ni la comercial, porque el convenio aumentó notablemente el déficit ante el giro de las utilidades y el costo de la compra de los equipos.

El gobierno de Frondizi llevó adelante una fuerte devaluación de nuestra moneda con lo que el dólar se incrementó casi en un 60 % en términos reales, para favorecer al agro con vistas a que provea las divisas y sortear así el ahogo externo y a su vez, favorecer la compra de empresas por el capital extranjero.

Ejecutó el clásico recetario del ajuste: bajó el gasto estatal, aumentó las tarifas de servicios públicos y contrajo el circulante, a la par que liberó los controles estatales sobre la divisa y favoreció al capital extranjero para que se radicara en el país. Las consecuencias inmediatas del plan fueron multiplicar la inflación anual, que pasó del 22 a 129 por ciento, derrumbar la economía un 7 por ciento y generar una brusca redistribución del ingreso en perjuicio de los asalariados y los que tienen ingresos fijos (jubilados, pensionados, etc.) y/o que no pueden descargar el mayor costo en los precios de su producción o servicios.

El “desarrollismo” impulsó para que se produzcan bienes industriales en la Argentina el acuerdo con empresas multinacionales y la inversión extranjera directa, fundamentalmente en las industrias básicas: siderúrgica, petroquímica (y la obtención de petróleo y su transformación en combustible líquido y gaseoso) y la producción de automóviles por su impacto multiplicador en otras ramas productivas y en el trabajo

El problema es que cuando se ejecutó el plan no estuvo programado el ingreso de capitales con la salida (y la fuga) y tampoco se controló el precio por lo que se adquirían máquinas y equipos y, las importaciones fueron tantas y a tal costo que terminó produciendo una crisis en la Balanza de Pagos y obligó al país a endeudarse y luego para poder pagar la deuda, acordar con el FMI, que con su “receta” clásica de ajuste generaba desocupación y pobreza para reducir el gasto público y el consumo de alimentos (y de esa manera tener mayor saldo exportable).


El desarrollismo hoy

El gobierno de Alberto Fernández asumió la presidencia de argentina en medio de una crisis heredada con una devaluación nominal de nuestra moneda del 680% (el valor del dólar pasó de $9,10 en diciembre de 2015 a $62 en diciembre de 2019) y una deuda que se acrecentó en más de 100.000 millones de dólares y con fuertes vencimientos en el corto plazo, a la cual se sumó la crisis de la pandemia. Ante ello, el propio gobierno tomó como mandato ordenar la macroeconomía y destinar sus esfuerzos a maximizar la orientación exportadora de manera urgente.

Al hacer esto, acepta la especialización productiva existente, basada en ventajas comparativas estáticas, productos primarios y a lo sumo cierta industrialización de los mismos que por definición generan poco trabajo incorporado (preguntémonos ¿cuánta mano de obra emplea una tonelada de exportación de soja?)  Se trata de una inserción exportadora concentrada en un número reducido de grandes corporaciones, donde alrededor de 70% de las ventas externas totales es controlado por las 200 empresas más grandes del país. 

En octubre de 2020, en plena pandemia del covid, el Ministerio de Desarrollo Productivo que núcleo a los principales neo desarrollistas contemporáneos,  publicó un trabajo que denominaron “El desarrollo productivo en la Argentina pos pandemia”, donde afirmaban que el problema argentino es la falta de un Estado inteligente que, mediante políticas de fomento y mecanismos de coordinación, apuntale la integración productiva liderada por los sectores que están en condiciones de competir internacionalmente (crecer vía exportaciones a como dé lugar), que no son otros que la extracción, la producción de alimentos, y  la industria que le provee de maquinarias y equipos, incluida la compra de camionetas 4 x4 para su uso personal.

Johann Wolfgang von Goethe afirmaba que “Toda teoría es gris, querido amigo y el árbol de la vida es eternamente verde”, lo citamos porque los neo desarrollistas ingenuamente (por no decir otro calificativo más cierto) plantean el problema como si la fuga de capitales no existiera en la Argentina. Esto es, maximicemos las exportaciones porque necesitamos dólares, aduciendo que se necesitan para crecer (y no para pagar la deuda externa). Para demostrar que todo su planteo es una falacia, basta ver que el superávit comercial acumulado en la Balanza Comercial argentina en lo que va de este siglo XXI alcanza al 30 de abril de 2022 la suma de 267.098 millones y, sin embargo, el gobierno de Cambiemos nos endeudó por más de 100.000 millones, razón por la cual la deuda externa de la Administración Nacional a diciembre de 2021 es de 363.323 millones de dólares. Esto es, se cumple mal o bien lo que afirman los neo desarrollistas y la economía crece (si crece) en forma desigual, generando pobreza y exclusión y es peor, contaminando el aire, el agua y la tierra y sin medir ese impacto en el presente y en el futuro.

El mejor ejemplo es la provincia de Catamarca, hace más de 25 años que se explota la mina “Bajo La Alumbrera”, hoy agotada y por ende en tren de abandono, de donde extrajeron minerales (oro y cobre) a cielo abierto. Sin embargo, las zonas cercanas a ella (Santa María, Belén y Andalgalá) son las regiones más pobres del país. ¿Por qué no se desarrolla la provincia entonces, si este es el “modelo testigo” de la minera argentina? 

No se necesita de un “Estado inteligente” como plantean los neo desarrollistas para que sea funcional al poder económico, sino que se necesita un Estado que regule y controle la actividad económica (imponga las reglas de juego) con un plan sistemático de crecimiento económico en base a la demanda interna. Plantear que lo va hacer el capital como sostienen los “desarrollistas” de todo pelaje y tiempo no solo es desconocer la historia, sino que se es servil a ese capital.

Un plan que contemple utilizar el stock de Leliq (Letras de liquidez del BCRA) y Notaliq (Notas de liquidez  del BCRA) que ya superan los 5 billones de pesos (es en pesos pero equivalente a unos 40.000 millones de dólares) no para que estén inmovilizado y paguen interés a los bancos, porque son depósitos de la población que los grandes bancos usan sin riesgo alguno[1], sino que deben ser empleados en financiar un vasto plan de obra pública y privada que genera empleo y reactiva la economía nacional.

Medidas que deberían ser acompañadas con un control inmediato de los precios de la canasta básica obligando a sus formadores de precios a una declaración jurada con el detalle del costo de sus insumos; planificar una reforma impositiva progresiva para que se pague impuesto por capacidad contributiva, reduciendo la carga de impuestos al consumo; exigir a las principales empresas compradoras de divisas que demuestren de donde detrajeron los recursos para hacerlo y que no surge de la lectura de sus testados contables[2]; planificar un sistema de salud integrando las obras sociales, las prepagas y el sistema de salud estatal, entre otras.

De otro modo es como poner la zorra en el gallinero y decirle a las gallinas que se porten bien.



[1] Si el objetivo del BCRA es esterilizar dinero, debería subir los encajes o efectivos mínimos que no pagan interés

[2] El caso del holding Techint que en el período 17/12/2015 al 27/10/2019, realizó la adquisición de 92.627.000 dólares por TECPETROL SA;  222.980.456 dólares por TERNIUM ARGENTINA SA (Ex SIDERAR SAIC);  Y  231.384.402 dólares por TRANSPORTADORA GAS DEL NORTE SA.  Total 546.991.858 dólares y el cruzamiento de su cuadro de Flujo de fondos consolidado y activos y pasivos en moneda extranjera no demuestra ni siquiera la mitad de esa suma. La AFIP debería investigar los movimientos bancarios, tanto los que tienen que ver con la compra de dólares probando el origen de los fondos como los relacionados con las transferencias bancarias en dólares y su destino. Asimismo la AFIP debería fiscalizar los saldos contables  en dólares al final de cada ejercicio y verificar en qué cuentas bancarias - nacionales y/o offshore - estaban esas tenencias.