11/4/2021

Política

“La economía social genera trabajo, valor agregado y distribuye riqueza"

Así lo sostuvo Alberto Gandulfo, titular de la Comisión Nacional de Microcrédito del Ministerio de Desarrollo Social, en una entrevista en la que abordó los aportes de la economía social en el desarrollo de la Argentina y la necesidad de pensar desde su experiencia el abordaje del desafío que significa enfrentar la pobreza.

Publicado el 11 de Abril de 2021


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El Foro Social Mundial, del cual vienen participando organizaciones políticas y sociales de varios países ha definido a la “economía social y solidaria” como aquellas relaciones de producción que se establecen a fin de satisfacer necesidades, pero teniendo como marco la solidaridad, la cooperación, la igualdad, el respeto a la biodiversidad y las diferencias culturales. ¿Realmente existe este tipo de organización económica? De ser así, ¿podes dar algunos ejemplos a nivel nacional o de otros países?

Es bueno traer esta discusión en este momento puntual de recuperación que está viviendo la Argentina, América Latina y la humanidad con todo lo sufrido por el avance del extractivismo y el paso de los gobiernos de derecha que sacudieron a nuestra Región devastando los Estados Nacionales y empobreciendo a nuestra población en estos años. Hay que resignificar esta discusión porque ese grito de “la otra economía” fue planteado en el 2001 y 2002. Después vino todo el proceso de construcción del “No al ALCA” y la UNASUR. Y luego el rebote de los golpes de Estado en Bolivia y Brasil, la traición en Ecuador, el hostigamiento permanente con el bloqueo a Venezuela y nosotros con la derrota electoral frente al macrismo. Muchas cosas han pasado, por lo cual al recuperar ese grito del 2001 es importante hacerlo resignificarlo nuestro contexto en donde, sin ninguna duda, la economía concentrada avanzó y avasalló las conquistas sociales, la conquista de los trabajadores, y viene generando una situación cada vez más crítica y pauperizada de nuestros pueblos.

Está bueno que lo replanteemos y lo hagamos desde la propia historia del cooperativismo y el mutualismo en Argentina, la cual es larga y habla de la lucha de los productores y trabajadores, de las viejas cooperativas de servicios, de los inmigrantes, del Grito de Alcorta, con el desarrollo de los sindicatos como formas organizativas quienes más allá de la pelea gremial dieron discusiones sobre el sistema de salud y plantearon derechos culturales, deportivos, e incluso turísticos. Y por supuesto con experiencias muy enriquecedoras, como, por ejemplo, las cajas de crédito cooperativo que fueron muy importantes en su momento y que la propia dictadura trató de aniquilar hasta que tuvieron que conformarse en lo que hoy es el Banco Credicoop. Experiencias tan fuertes como la del Hogar Obrero que fue inédita a nivel Latinoamericano en cuanto al consumo, construcción de viviendas y la prestación integral de servicios, pero que colapsó en la época del menemismo y que los trabajadores siguen luchando por sostenerla.

Digo esto porque cuando me preguntas por existencias reales podríamos señalar, derivadas de esas experiencias y luchas, los supermercados de la Cooperativa Obrera en el Sur de nuestro país. Tenemos experiencias, tenemos capacidades y hay muchas historias que uno podría tomar. Como las ferias francas de Misiones que nuclea a más de 30 localidades a lo largo de toda la provincia; e incluso, como modelo económico fue adoptado por otras formas organizativas de la agricultura familiar. También tenemos la historia de las fábricas recuperadas en la Argentina que es ejemplo en el mundo más allá de los avances y los retrocesos, donde un ejemplo es la Cooperativa de la Ciudad, que es una recuperada de la fábrica Séptimo Varón que aun en pleno avance del macrismo generó nuevos puestos de trabajo y apertura de locales, fábricas de producción de quesos en Tapalqué y producción láctea en Ranchos. En ese sentido las experiencias son variadas, son muchas y hoy están bastante complicadas como todo el pueblo argentino, pero existen y persisten. Son experiencias fuertes que, sin ninguna duda, necesitamos multiplicarlas y recuperarlas en muchos sentidos.


Hay una impresión, que por lo general es transmitida por los medios y algunos espacios políticos, donde la economía social es presentada como algo que sólo se da en los sectores populares, como si fuera una economía marginal o de pobres para pobres. ¿Cuál es tu mirada al respecto?

Esa mirada está, así es. En realidad, la pobreza es un fenómeno que arrancó en América Latina y particularmente en la Argentina con el golpe de Estado de 1976. En todo caso, los resultados que hoy vamos midiendo y que alcanzan números escandalosos como 42% de pobreza recientemente medido, arrancan en aquella época y tienen diferentes matices. El avance de la pobreza se da en correlato con la concentración de la economía. Porque a los medios los escandaliza la pobreza y la ligan con la economía social, pero no les escandaliza la concentración económica y el poder abusivo de las grandes corporaciones que son las que fijan precios, fugan capitales y desestabilizan gobiernos.

Me parece que ese tema de la pobreza vincularlo con la economía social es de una intencionalidad política fundamentalmente de los medios concentrados y de las clases hegemónica que buscan de alguna manera desvalorizar la economía de los trabajadores. Parafraseando a Néstor Kirchner diría “nos llaman economía social y solidaria porque quieren bajarnos el precio”, pero lo que nosotros estamos defendiendo es la economía de los trabajadores y las trabajadoras. Es, también, una lucha cultural que tiene que ver con la generación de trabajo y con toda la movilidad que implica la defensa de las conquistas sociales en la Argentina. La economía social está muy vinculada a la lucha que los movimientos sociales vienen dando en la Argentina fundamentalmente a partir de la crisis del 2001 por la cantidad de desempleo y marginación que se fue generando. Entonces cuando nos plantean en esta lógica de asociar la economía social con la pobreza lo que están buscando en verdad es ocultar esta discusión, que para mí es de fondo, y que tiene que ver con una economía altamente concentrada y donde las corporaciones económicas, donde el poder hegemónico, son los verdaderos responsables de la pobreza. Quieren que nos distraigamos en estas discusiones teóricas, cuando en verdad estamos hablando de la economía de los trabajadores y de la felicidad del pueblo argentino.

¿En qué contribuye la economía social y solidaria a la reactivación económica del país? ¿Es un paliativo o realmente está considerada como un espacio productivo que genera trabajo genuino?

Hay mucho trabajo, hay mucha experiencia, fundamentalmente con las cooperativas de servicios como la luz y el agua en todo el país, pero no tenemos una precisión real de su impacto en la economía. No contamos aun con instrumentos para poder evaluar correctamente estas formas de construir una nueva economía. Por lo tanto, habría que encontrarle una vuelta para generar herramientas que puedan medir el potencial real de lo que significa la economía social. Hay algunas universidades y observatorios que lo están haciendo, pero aún falta profundizar más. Sí está claro que es una economía que genera trabajo, valor agregado y que en sus formas organizativas distribuye riqueza. Y, que, evidentemente, a los organismos de poder no les importa. Tener mayores precisiones con respecto a su incidencia en la economía es una necesidad que nos está faltando para fijar políticas públicas que sean mucho más activas y transformadoras.


En una Argentina donde su economía está prácticamente en manos extrajeras y el peso económico-político de los sectores extractivos-exportadores es sustancial, ¿qué tiene para aportar la economía social a la soberanía económica?

El avasallamiento del capitalismo salvaje y el modelo extractivista impuesto a sangre y fuego en toda América Latina, no solo en Argentina, generó la fuga de capitales y estos niveles de pobreza que tantos nos preocupa y ocupa. Sin lugar a dudas es parte de la lucha política que hace que la construcción de una nueva economía requiera una lógica contracultura donde hay que construir una relación de fuerzas diferentes. Y ahí, hay avances como los de la década ganada, retrocesos como en la época del macrismo y peleas como las que hoy tenemos en un gobierno popular que está fuertemente condicionado por el tema de la pandemia. En esa pelea, en esa discusión, la economía social sigue siendo una opción para los trabajadores y trabajadoras de reproducción social de la vida, de defensa del trabajo y de construcción colectiva frente a un capitalismo cada vez más egoísta y sanguinario. Nosotros ofrecemos una construcción comunitaria y colectiva enmarcada en la lucha popular y la construcción social. Es una pelea, que, con mucha diversidad y heterogeneidad, se va dando y reflejando desde un comedor comunitario y una movilización callejera hasta una organización cooperativa o la producción de algún servicio, o en los propios mercados de cercanía que se están generando hoy. Es en las distintas instancias organizativas que pueden ir desde los bolsones de verdura u opciones de la agricultura familiar o redes textiles, donde a mí me parece que se construye ese nuevo sujeto colectivo. Es en esa pelea que, junto a los trabajadores sindicalizados, con las pymes, con los movimientos sociales, que la economía solidaria tiene un lugar y un propositivo. Darle ese reconocimiento es lo que nos permite seguir dando batalla.

La relación entre los sectores populares organizados y el Estado siempre implica una constante tensión. Con Alicia Kirchner se pasó de un paradigma de asistencialismo focalizado con recetas proyectadas por organismos supranacionales a un abordaje integral donde las personas y comunidades eran consideradas sujetos de derecho. ¿Cómo evalúas los cuatro años de Carolina Stanley frente al Ministerio de Desarrollo Social?

Fui funcionario de Alicia durante casi sus doce años de mandato al frente del Ministerio de Desarrollo Social y participé activamente en la construcción de esas políticas públicas. Sin duda hubo un cambio de paradigma, una construcción diferente de parar al Estado y de relacionarlo con las organizaciones populares y de relacionar al Ministerio con el trabajo. Se desarrollaron muchas experiencias y políticas muy activas basadas en la construcción de derechos y acompañando un proceso económico de un gobierno popular que supo generar 6 millones de puestos de trabajo. Entonces, había una política pública, una construcción, una institucionalidad que acompañó con leyes, gestión y decisión política el desarrollo en los territorios. Todo ese esfuerzo, toda esa construcción, que tuvo cosas para mejorar o resolver, fueron destruidas cuando apareció en escena la respuesta neoliberal. Neoliberalismo que se dio a nivel regional con el golpe contra Dilma, la traición a Correa, el golpe en Bolivia y nosotros perdiendo las elecciones. Entonces volvió el saqueó del Estado, se endeudó a los argentinos y a los sectores populares; y esto hay que denunciarlo porque el macrismo como política general generó el endeudamiento de los sectores populares via Tarjeta Naranja, Efectivo Ya, y todas esas cosas que se abusaron de los avances en la seguridad social y que en materia social había tenido el kirchnerismo. Tomaron todas esos avances y herramienta para endeudar a los sectores populares en la Argentina y es algo que hay que resolver urgentemente. Carolina Stanley fue parte del saqueo y esta lógica de destrucción de la política pública. Ella encaminó al Ministerio hacia una lógica más individualista, más de la meritocracia y de mantener el statu quo repartiendo planes y alimentos para que no halla conflictividad social buscando legitimar el saqueo y la fuga de capitales del gobierno de Macri. Nosotros asumimos el gobierno con un plan de lucha contra el hambre como resultado de cuatro años de macrismo y en una gestión ministerial basada en la dádiva para contener el conflicto social.


Actualmente, ¿Cuáles son las prioridades del Ministerio a cargo de Daniel Arroyo y en particular cuáles son los objetivos de la CONAMI?

Esperábamos al asumir una situación crítica, pero no nos imaginamos tener que dar respuesta al desguace del Estado y la pobreza en medio de una pandemia. Y, evidentemente, todos los objetivos propuestos en campaña quedaron supeditados en todo el 2020 a recuperar el Estado, a distribuir alimentos, a diseñar programas de ingreso, a aumentar los planes sociales y a contener.

Veníamos a reconvertir los planes sociales y tuvimos que aumentarlos. Tuvimos que generar la Tarjeta Alimentar como respuesta inmediata para las mamás y niños más vulnerados y salir a asistir a toda esa red social de contención que son los comedores populares, las organizaciones sociales, los municipios, la Iglesia, las distintas instancias organizativas de los barrios que se iban multiplicando en la pandemia.

Creemos junto a Daniel Arroyo que la necesidad de generar trabajo y dar respuesta a los sectores populares pasa necesariamente por recuperar las condiciones de producción en la economía popular, de recuperar situaciones para que la gente pueda recuperar sus niveles de ingreso y vivir de su propio trabajo, de su propio esfuerzo, de generar y distribuir riqueza. La economía solidaria es parte de un proceso político de un país que hay que poner de pie, como señala nuestro presidente, pero que implica hacerlo en un escenario difícil donde las corporaciones siguen aumentando los precios y desean debilitar al gobierno, donde los grandes laboratorios ganan y el capitalismo sigue concentrando la riqueza. Este es un año que como gobierno peronista tenemos que salir a generar trabajo.

Desde la CONAMI estamos acompañando el pedido del Ministro de vincular producción y consumo, de buscar la manera de acercar más en lo local a los productores con los consumidores, de apoyar estos procesos organizativos. Tenemos que lograr un acuerdo federal de busque la manera de que toda la seguridad social que el gobierno desarrollo e impulsa por mejorar el consumo de los sectores populares tenga un correlato directo con la producción local, con la agricultura familiar, con las fábricas recuperadas y con las cooperativas de trabajo. Nosotros entendemos que ese esfuerzo conjunto implica una fuerte decisión política en los territorios y que tiene que ser acompañada por el Estado Nacional recuperando las lógicas de planificación y acompañarlo con financiamiento. Es en ese el lugar que estamos queriendo construir una nueva CONAMI. Una CONAMI que llegue en forma masiva a los sectores populares y permanezca con una lógica de derecho universal donde la gente pueda acceder al crédito en función del trabajo y la producción y no de la especulación financiera. El Estado tiene que hacerse cargo de esta situación, y en la CONAMI como parte del mismo, estamos planteando nuevas herramienta y escenarios que nos permitan afrontar esta situación de sobreendeudamiento de los sectores populares, el cual es un condicionante para mejorar sus ingresos y el bienestar familiar.

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