2/7/2022

Sociedad

La efectividad de las vacunas combinadas

Un estudio realizado por investigadores del CONICET y el Instituto Leloir, junto con profesionales del PAMI, demostró que la respuesta inmune en adultos mayores aumentó de forma significativa al administrarles distintas vacunas contra variantes de la COVID-19.

Autor de la nota: Nadia Luna

Nadia Luna

Publicado el 2 de Julio de 2022


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La necesidad surgió a mediados del 2020. Si bien la circulación del coronavirus todavía no era masiva debido al aislamiento estricto, comenzó a haber una serie de brotes de COVID en varios geriátricos. Sabiendo que la población de adultos mayores era la que corría más riesgos de padecer formas graves de la enfermedad, investigadores de la Fundación Instituto Leloir (FIL) se ofrecieron para aportar sus conocimientos y monitorear la evolución de la pandemia en geriátricos. Así, firmaron un convenio con PAMI, montaron un laboratorio nuevo y diez voluntarios, entre investigadores y becarios, comenzaron a trabajar en el análisis de las muestras que se recolectaban cada semana.

Posteriormente, cuando se inició el programa de vacunación masiva en el 2021, comenzaron a analizar la respuesta inmune de los adultos mayores vacunados contra la COVID-19. En particular, los investigadores evaluaron los resultados obtenidos a partir de la aplicación de un esquema inicial de Sinopharm y una dosis de refuerzo de otra tecnología (Pfizer, AstraZeneca o Sputnik V). De esta manera, observaron que la combinación de vacunas aumentó de forma significativa el nivel de anticuerpos y brindó una barrera hasta diez veces mayor contra la variante Ómicron.

“Lo que vimos es que las tres combinaciones funcionaron excepcionalmente bien porque el nivel de anticuerpos aumentó más de 350 veces. Según las evidencias que hay hasta el momento, esto tiene que ver con el hecho de combinar las fortalezas de cada tecnología. Por ejemplo, la vacuna de Sinopharm está basada en el virus entero, mientras que las otras se enfocan en la proteína Spike del virus o en una parte de ella. Cada plataforma tiene sus ventajas y desventajas, y combinarlas es una forma de aprovechar lo mejor de cada una”, explica a TSS la viróloga Andrea Gamarnik, investigadora del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA, CONICET/FIL), y líder del proyecto.

El estudio fue publicado este martes en la revista The Lancet Infectious Diseases. “A pesar de que las vacunas inactivadas están entre las más usadas a nivel mundial, hay pocos trabajos sobre ellas. Por eso, estos resultados no solo son útiles para nuestra población sino también para otros países, ya que muchos ni siquiera empezaron a dar dosis de refuerzo”, señala la científica. Además del equipo del Leloir, participaron del estudio el inmunólogo Jorge Geffner y otros investigadores pertenecientes al Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida (INBIRS, UBA/CONICET).

Durante la investigación, se realizó un seguimiento a 124 voluntarios con una edad promedio de 79 años que recibieron dos dosis de Sinopharm y la tercera dosis de una de las siguientes vacunas: AstraZeneca (basada en adenovirus), Sputnik V (adenovirus) o Pfizer (basada en ARN mensajero). En primer lugar, se comprobó un aumento de 350 veces en el nivel de anticuerpos comparado con el nivel que los voluntarios tenían antes de aplicarse la dosis de refuerzo.

En segundo lugar, se estudió la capacidad de estos anticuerpos para neutralizar dos variantes: la original de Wuhan y la Ómicron. En este caso, los resultados también fueron contundentes. Antes del refuerzo, el 23% de las personas estudiadas mostraron la presencia de anticuerpos neutralizantes contra la variante de Wuhan y solo el 8% tenía anticuerpos contra Ómicron. En tanto, luego del refuerzo, esos porcentajes ascendieron al 100% para la variante original; y a un promedio de entre el 73 y el 90% para la variante Ómicron (es decir, unas diez veces más que antes de administrar la tercera dosis).

“Todas las vacunas funcionan con todas las variantes (al menos las que conocemos hasta ahora). Lo que pasa es que algunas variantes, como la Ómicron, se ‘escapan’ a algunos tipos de anticuerpos porque hay partes del virus que no son reconocidas por éstos. Entonces, si una persona tiene mayor cantidad de anticuerpos, la capacidad neutralizante contra las distintas variantes también será mayor”, indica Gamarnik.

La investigación contó con el apoyo del CONICET, de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i), el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, y el Fondo para la Convergencia Estructural del MERCOSUR de la Universidad de Buenos Aires. El objetivo principal fue generar evidencia científica útil para la toma de decisiones sanitarias en distintas etapas de la pandemia.

“Ahora se abren otras preguntas como, por ejemplo, ver qué pasa en función del tiempo después de la tercera y cuarta dosis. De todas formas, la evidencia es clara: con los refuerzos, si bien no se logra evitar la infección, la posibilidad de que se den cuadros graves y fallecimientos es mucho más baja”, afirma Gamarnik. Además, la investigadora remarca la importancia de la articulación entre el sistema científico y quienes toman decisiones tanto para generar este tipo de datos como para utilizarlos de forma concreta.

En ese sentido, las y los científicos trabajaron “codo a codo” desde el principio con los profesionales del PAMI y funcionarios de los Ministerios de Salud de la Nación y de la Provincia de Buenos Aires. También realizaron estudios en conjunto con áreas de Salud de otras jurisdicciones, como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Córdoba, San Luis, La Rioja y Mendoza.

“Al mismo tiempo que generábamos información en el laboratorio, hacíamos los informes y se los pasábamos a los ministerios. Nos sentimos muy útiles porque muchas decisiones se tomaron o fortalecieron en base a los datos que generamos nosotros sobre nuestra población”, señala Gamarnik. “Espero que esta forma de trabajar, interdisciplinaria y articulada, se mantenga en el futuro y que podamos aprovechar los aprendizajes que adquirimos a partir de la pandemia”, finalizó.



Nadia Luna es integrante de la agencia TSS de la Universidad Nacional de San Martín