9/11/2020

Opinión

La equidad impositiva y la tierra

Pasó hace tanto que nadie parece recordarlo. Pasó también bajo una dictadura militar, la de Onganía, destinada según los planes del Estado Mayor de turno, a durar indefinidamente.

Autor de la nota: Alvaro Otero

Alvaro Otero

Publicado el 9 de Noviembre de 2020


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No había para Onganía plazos sino “tiempos”: un tiempo económico que fortalecería al Estado y le permitiría encarar obras que se juzgaban necesarias, un tiempo social, cuando lo acumulado en la primera etapa permitiese una redistribución tal que el pueblo argentino olvidase a Perón, y el tiempo político, cuando un grupo de políticos elegibles y elegido por los militares y depurados del peronismo  encararían con  tranquilidad el futuro.

Aquella fantasía tuvo un arranque caótico, al poner la economía en manos de un empresario, Jorge Néstor Salimei, quien partió de la base de que los impuestos eran muy altos en la Argentina. Frase que se repite constantemente, desde supuestos sabihondos hasta difusoras tan groseras como Susana Giménez.

Hablando seriamente, la estructura impositiva argentina adolece de serias injusticias. Por ejemplo, el fisco se financia en lo grueso con el IVA, que implica nada más ni nada menos que quitarle a todos, en particular a los trabajadores de todos los rangos, la quinta parte de sus ingresos.

Otro impuesto que se aplica indiscriminadamente a menos que haya un seguimiento riguroso (que no lo ejerció hasta aquí ningún gobierno) es el de ganancias. Roberto Aleman, ciertamente sagaz, sabía que ese impuesto se torna más y más redituable para el fisco en la medida en que crece la inflación, aumentan los salarios en consecuencia, pero el gobierno “olvida” actualizar los mínimos no imponibles…

Sin embargo, Adalbert Krieger Vasena encaró en forma diferente los ingresos del estdo. Quizá porque Onganía, dictador y todo como fue, parece haber sido el último gobernante de una serie que arranca con el mismísimo  Perón (si no con Irigoyen) de  presidentes “desarrollistas”, que tenían el objetivo de liberar a la Argentina de importaciones reemplazables y diversificar las ofertas de exportación de nuestro país.

Siguiendo el ejemplo de Japón, un país sin recursos naturales que se había mezclado con las potencias industriales de su tiempo importando materias primas, se trataba de importar hierro y producir acero. También de aumentar la producción nacional de petróleo para no depender de las importaciones, sobre todo en las variedades de petróleo que se podían producir en el país. Hay diferencias importantes entre diversos orígenes del petróleo, y por lo que sé el del norte de África es muy superior en calidad (contenido de azufre, por ejemplo) que el del Golfo San Matías o del golfo Pérsico.

Había que agregar valor a las exportaciones argentinas. Ya en aquel tiempo se pugnaba por exportar zapatos, y no cuero levemente procesado, o fideos y harina en lugar de trigo en grano.

Para lograr esos objetivos que todavía hoy están vigentes, era necesario que le Estado invirtiese. Un país ambicioso como aquella Argentina tan lejana de las estupideces neoliberales, había que asegurar un fisco  más bien equilibrado.

Krieger Vasena tompó una vieja idea socialista, la de que el principal activo de la Argentina es la tierra. Tierra que había sido lograda por el Estado mediante el combate a las naciones originarias cuando esas naciones tenían una idea más cercana a la etapa de los cazadores y recolectores que a la era de la agricultura. Eran dos concepciones destinadas a chocar, pero fue el Estado el que puso a disposición de un enfoque moderno de la Nación.

Esa tierra se entregó a un grupo de oligarcas a veces locales, a veces porteños. De las diversas apropiaciones derivó la constitución de un grupo que cree ser el único llamado a gobernar al país, un segmento bastante ocioso que delega en trabajadores que son una mezcla de originarios e inmigrantes, porque de Europa vinieron comerciantes judíos, agricultores de la Lombardía o Andalucía, trabajadores industriales asturianos o calabreses.

Los propietarios de la tierra encontraron ganado abundante en las tierras que se les asignaron, y un mercado ávido en Europa, especialmente en el mercado inglés. Al mismo tiempo que Argentina se poblaba más o menos en paz, la población de Europa pasaba de agricultora a trabajadora industrial, un proceso que se profundiza entre los siglos XVIII y XIX.

La docilidad de las gentes del campo europeo, domados por largos despotismos muy sangrientos de la Edad Media (que según algunos analistas termina recién con la Revolución Francesa de 1789) constituyeron una masa dócil en u n comienzo, aunque progresivamente se produjo un sobrante de mano de obra que los países europeos hicieron emigrar.

Volviendo a la estructura impositiva, Krieger Vasena, miembro de pleno derecho de la oligarquía, logró hacer aplicar una tasa novedosa: el impuesto a la tierra apta para la explotación agropecuaria,  el  ITAEA. Ese impuesto gravaba toda la tierra, prescindía de las mejoras que se estimulaban indirectamente porque no estaban grabadas, y se acumulaba con retenciones que Krieger aplicó resueltamente, basado en el hecho revolucionario.

Aquel impuesto funcionó muy bien. La Nación no sólo es el origen de la propiedad, sino que cada día conecta a las tierras aptas para la explotación con una red de transporte que siempre puede ser mejor, pero que cuenta con alternativas: camión, tren, vía fluvial, para ciertas producciones hasta avión. Para no hablar de la red de comunicaciones esencial en la comercialización y un servicio meteorológico que brinda pronósticos ajustados a imágenes satelitales provistas por el Estado.

La tierra está allí. No es factible exportarla en negro a Paraguay o Uruguay, no se puede guardar en silos bolsas. Está ahí, a la vista, documentada en escrituras públicas que suelen ser muy detalladas en cuanto a extensión y características, además del estudio de títulos minucioso al que está obligado por ley todo escribano.

El gravamen extraordinario a las mayores fortunas se justifica por la excepcionalidad del COVID-19, pero Alberto Fernández se ha comprometido a que sea por u na sola vez.

Sin embargo, es necesario equilibrar la balanza de la justicia impositiva, y aliviar la carga de los consumidores de menor poder adquisitivo. Un impuesto de tasa razonable, con un bajo porcentaje sobre el valor fiscal de la tierra, despertará según estimo en bajas resistencias y un buen producto.

Las retenciones son fácilmente criticables, basta con que algún fantoche hable de la pérdida de  competitividad para que se enciendan luces de alarma, infundadas perocon mucha audiencia.

Se necesita un impuesto como el que aplicó aquel oligarca genial de Krieger Vasena. Finalmente, fueron los oligarcas de Agustín P. Justo quienes establecieron el impuesto a los réditos y la intervención (salvadora) del Estado en la economía con banco central, juntas reguladoras y control de cambios…

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