13/11/2021

Economía

La inflación no afloja y el bolsillo duele: tensiones sociales en la previa electoral

La inflación de octubre volvió a repetir el elevado margen del mes anterior. 3,5% aumentaron los precios al consumidor y registran un acumulado interanual del 52,1%. Los precios de los alimentos, la retracción en el consumo y la guita que no alcanza para nada, aceleran el malestar popular en medio de las elecciones.

Publicado el 13 de Noviembre de 2021


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Las estadísticas no dan respiro. Faltaban minutos para que el Frente de Todos cerrara la campaña electoral en la provincia de Buenos Aires, y con sorprendente sentido de oportunidad, el INDEC dio a conocer que la inflación del mes de octubre, en la que debía comenzar a reflejarse el congelamiento de precios, se mantuvo en 3,5% mensual.

En efecto, de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) los precios al consumidor (IPC) subieron 3,5% en octubre respecto de septiembre. Por su parte, la inflación acumula un 52,1% interanual y, en lo que va del año, suma un 41,8%. 

El número se mantiene idéntico al del mes pasado, pese a las políticas impulsadas por la Secretaría de Comercio de la Nación, cuya primera medida de su flamante titular Roberto Feletti fue acordar el congelamiento de precios de 1.247 productos hasta el 7 de enero de 2022 con la intención de frenar la escalada inflacionaria. Sin embargo, la decisión aún no reflejó un impacto en los números.

La suba se vio impulsada por los rubros Prendas de vestir y calzado (5,1%), Salud (4,7%), Restaurantes y hoteles (4,1%), y Recreación y cultura (3,5%), que subieron por encima del promedio.

Por su parte, el rubro más sensible –Alimentos y bebidas no alcohólicas–, subió un 3,4%, seguido por Bienes y servicios varios (3,3%); Transporte (3,1%); Equipamiento y mantenimiento del hogar (2,8%); Vivienda, agua y electricidad, gas y otros combustibles (2,5%); Bebidas alcohólicas y tabaco (2,2%); Educación (1,4%); y Comunicación (1,1%).

En lo que respecta a las regiones, la que se vio más afectada fue el Gran Buenos Aires, con un 3,8% de inflación, seguida por el Noreste (3,5%), la región Pampeana (3,4%), el Noroeste (3,2%), Cuyo (3,1%) y la Patagonia (2,9%).

La retracción del consumo, acompañada del constante y acelerado ritmo en el aumento de los precios al consumidor, desnudan que las pocas empresas que concentran la formación de precios en la Argentina han decidido insistir en un ciclo desbocado en la dinámica de maximizar rentabilidad, apoyados en precios, más que en ampliar el horizonte del consumo popular.

Concentración económica, causa entre las multicausas

“La inflación, desde la ortodoxia económica, es explicada como un fenómeno estrictamente monetario, es decir, como un problema de oferta y demanda de dinero” señala el economista Leandro Greca y rápidamente indica que a dicha teoría se le prenden fuego los papeles con el análisis de los años de Mauricio Macri, en que creció la inflación y se contrajo a cero la expansión monetaria.

Por su parte, Greca señala “desde la -comúnmente denominada- heterodoxia económica, se explica o entiende a la inflación como un problema complejo, multicausal, donde se busca enfocar el problema de la puja distributiva. Así lo hace la actual administración, y el diagnóstico es el correcto” aunque se pregunta “cómo es que no se le puede poner el cascabel al gato, ¿no?”.

Entre las multicausalidades, sobre las que coincide Horacio Rovelli, se encuentra la fenomenal concentración económica que existe en nuestro país: “La inflación en la Argentina tiene muchas causas, pero la principal es que están fuertemente concentrados los distintos mercados, el de alimentos, el de medicamentos, el de bienes de uso y fundido, por ejemplo, acero, aluminio, productos petroquímicos, cemento. Esta fuerte concentración les permite internacionalizar los precios, esto es: venden en el mercado interno al mismo precio que venden afuera. El techo de los precios, el límite de la suba de los precios, está en el mercado externo.”

Rovelli cita como ejemplo de la internacionalización de los precios el caso del aceite: “Molinos Rio de la Plata produce una botella de aceite de girasol de 1.5L en envase plástico que se vende en el mercado interno alrededor de $240. ¿Por qué? Porque en Ámsterdam esa misma botella que se produce acá, se fracciona acá, se envasa acá, se envía 10.000 km hasta Ámsterdam, se vende a 1.75 euros, que es aproximadamente $240 al tipo de cambio oficial.”

Además de la internacionalización, Rovelli destaca la devaluación de la moneda como otro de los fenómenos causales.

Sobre la inflación de octubre y el congelamiento, Rovelli destaca que “La causa puntual de la inflación de octubre que, por supuesto, es sumamente alta del 3.5% -como dice el Indec- del 52.1% si medimos anualmente, y el 41.8% los primeros diez meses de este año; tienen las causas que dijimos. Y en el caso de octubre, no se pudo determinar en el control efectivo de precios porque el control de los alimentos se empezó a hacer a partir de la segunda quincena de octubre, se retrotrajeron al 1 de octubre -no de todos, porque no cumplieron con todos- pero son 1432 productos.”

 

Las tensiones sociales, entre medio de la economía

Duele el bolsillo de los argentinos. Y ese es un problema bien real que enfrenta la inmensa mayoría que habita este país.

Es un conflicto real y efectivo que se materializa cotidianamente, cada vez que un ciudadano real, de carne y hueso, se para frente a una góndola para comprar algo de alimento.

Los problemas de la dirigencia política, las necesidades de los sectores empresarios transformadas en titulares de diarios y portales, parecen habitar la agenda de respuestas necesarias. Hay una suerte de cámara de eco en la que habita una minoría que piensa que los problemas que atraviesan la Argentina son los que le suceden a la minoría que integran.

Por fuera de ello, la Argentina está llena de tensiones sociales. Hay tensión cuando un laburante se mete la mano en el bolsillo para pagar en el supermercado. Hay tensión a la hora de comprar pañales, hay tensión en el comerciante que no puede pagar el cajón de pollo que acaba de aumentar una vez más y hay tensión en el jubilado que no sólo dejo de comprar pechuga, si no también pata y muslo y está por dejar de comprar las alitas el día 15 de depositada la jubilación.

Son tensiones silenciosas que atraviesa el malhumor social, muy alejada de los debates superestructurales, muy atomizada y carente de agenda política aglutinante. Pero está ahí, castigando la legitimidad de la política de una manera preocupante.

Son el caldo donde habitan los discursos más afiebrados que se riñen con la democracia. 

 

Y para el colmo, la pobreza

En septiembre, último dato disponible, una familia de dos adultos y dos niños necesitó para cubrir sus alimentos mínimos $30.014, un 2,7% más que en agosto. La misma familia, para solventar los gastos de su Canasta Básica Total (CBT), requirió $70.532, un 3,2% más que el mes anterior. Con esos datos, actualmente el índice de pobreza alcanza al 31,2% de los hogares argentinos (11,7 millones de personas, el 40,6% de la población), en tanto que la indigencia llega al 8,2% de los hogares (3,1 millones de personas, el 10,7% de la población).

En Argentina hay 18 millones de pobres, de los cuales más 4 millones son indigentes. Si bien en los últimos dos años esos números permanecieron estables, los precios de los alimentos no dejaron de aumentar, poniendo en un horizonte cada vez más lejano la posibilidad de salir de la pobreza.

Como contraste de eso, está la rentabilidad de las grandes empresas que operan en el país.  Cabe recordar el informe elaborado por el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), del economista Claudio Lozano, quien elaboró un informe en base a la información contable de 80 empresas más grandes de la Argentina que cotizan en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.

De acuerdo a su análisis, “las ganancias empresarias le cuestan a los y las argentinos/as más de 10 puntos de inflación”, que lograron expandirse, incluso en pandemia, gracias a la remarcación de precios.  

Una prueba mas que la miseria, en nuestra tierra, es culpa de los hombres miserables.

 

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