4/9/2021

Internacionales

La maquinita de dinero, el autoengaño financiero de los poderosos

"Al capitalismo europeo nada le importa más allá de sus márgenes de ganancias. Diversas publicaciones del viejo continente, bajo la pluma de algunos expertos describen su preocupación."

Autor de la nota: Eduardo Camin

Eduardo Camin

Publicado el 4 de Septiembre de 2021


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Al capitalismo europeo nada le importa más allá de sus márgenes de ganancias. Diversas publicaciones del viejo continente, bajo la pluma de algunos expertos describen su preocupación. El apoyo de la política fiscal a las recapitalizaciones corporativas en toda la zona euro habría ascendido a los 300 mil millones de euros, según los cálculos de Bank of América.

Además, el Banco Central Europeo (BCE) generó hace algún tiempo, las condiciones para dar un pequeño empujoncito a los líderes europeos para que avancen en el plan de reconstrucción contra la crisis generada por el coronavirus.

La entidad capitaneada por Christine Lagarde anunció un aumento del tamaño de su Programa de Compras de mergencia contra la pandemia en 600 mil millones de euros, hasta un billón 350 mil millones de euros, desde los 750.000 millones anunciados inicialmente. Esas decisiones del BCE han contribuido a contener los diferenciales de la deuda italiana y española, que se habían ampliado desde el estallido de la crisis sanitaria.

La ingente cantidad de deuda que se está acumulando, tanto a nivel público como privado, aprovechando unos tipos de interés en mínimos históricos en Europa (como en Estados Unidos y Japón) y la hiperactividad de los bancos centrales de todo el mundo, también del europeo, en forma de potentes estímulos para atajar los efectos de la pandemia, ha disparado las alarmas

Todo ese chorro de liquidez sumado al apoyo fiscal de los principales gobiernos dando lugar al plan conjunto de acción más potente de la historia, hace temer por una crisis de deuda e, incluso, de solvencia y pueda poner patas arriba las economías si se produce una nueva ola de casos de coronavirus ocasionado por nuevas cepas, que trastoque la recuperación y sigue aumentando la morosidad,

Muchos se preguntan si en realidad, los bancos centrales han hecho lo correcto imprimiendo tanto dinero. Por el momento, los efectos son vertiginosos y los resultados son unos mercados financieros vigorosos y, en general, un fortalecimiento de los activos a largo plazo. El efecto en la sensación de riqueza que los inversores están disfrutando hace que consuman más, generándose entonces una segunda ola de beneficios con este gasto.

Sin embargo, aquellas personas que no tienen activos bursátiles de renta variable o inmobiliarios de poco se han beneficiado. El desempleo sigue alto y los sueldos no se están ajustando a una inflación que va al alza. No hay free lunch en economía, ni tampoco en finanzas. Nada es gratis. Los actuales beneficios de esta política monetaria que ha inundado de dinero la actividad económica traerán consecuencias en el futuro que según los expertos, no se estiman muy positivas.

En cierta manera, se está tomando prestados los beneficios del futuro. En cuanto la impresora del dinero de los bancos centrales se detenga, algo que sucederá más pronto que tarde, el riesgo de colapso económico será alto y existe el peligro de entrar en un periodo con inflación estructural elevada y duradera. En definitiva, estas políticas corren el riesgo de que aparezca la estanflación o la combinación de unos precios elevados con una nueva recesión.

Muchos son los signos que establecen que la inflación está subiendo globalmente, tanto en los mercados laborales como en los inmobiliarios y, evidentemente, en los bursátiles. La economía mundial está en el inicio de un claro choque de oferta de productos y servicios provocado por una demanda que se está tornando insaciable.

No está tan claro que las actuales alzas de precios sean transitorias producidas por la superación de la pandemia y, tal como defienden los principales bancos centrales, se verifican dos efectos coyunturales: el fin del encierro de unos ciudadanos que se han lanzado en masa a consumir (al menos en el verano europeo) y los problemas puntuales en las cadenas de suministro.

Pero la macroeconomía es muy difícil de predecir, aún contando con todos los recursos de las grandes instituciones. Hoy en día hay billones y billones de deuda gubernamental con tasas negativas. ¿De verdad alguien puede creer que este capitalismo es sostenible? Los bancos centrales están metidos en un juego que ni ellos mismos saben cómo acabará. Por el bien de todos, esperemos que tengan éxito en este experimento monetario nunca visto en la historia económica.

En el caso de los países emergentes, la monetización de la deuda suele acabar con una fuerte depreciación o devaluación de la moneda, lo que generalmente da lugar a una inflación descontrolada.

Los países desarrollados, por su parte, están jugando con su credibilidad ante la comunidad inversora global como consecuencia de la política monetaria más estimulante de la historia. Los bancos centrales siguen financiando el déficit de los estados comprando bonos gubernamentales dentro de un proceso que parece no tener fin.

De hecho, algunos sostienen que, si esto se pudiera hacer de forma permanente, ¿para qué pagar impuestos? Qué los bancos centrales sigan imprimiendo y así los gobiernos no tendrían que pasar por el apuro de aumentar un día las tasas a unos electores que entonces quizá ya no les voten. La persistente inflación elevada es la señal que los bancos centrales deben detectar para detener de una vez por todas la máquina impresora de dólares y euros.

La inflación no sólo es uno de los grandes enemigos de la comunidad inversora y los ahorradores, sino también de los más humildes que la sufren como un impuesto extra al consumo. La actual política monetaria es insostenible y cuando los bancos centrales la recorten impactará de lleno en el crecimiento económico.

Un neoliberalismo sin rumbo genera un sinfín de cortinas de humo, y el caos es de rigor.


Eduardo Camin es periodista uruguayo acreditado en la ONU- Ginebra. 

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