6/12/2020

Economía

La preocupante perseverancia de Martín Guzmán para cuidarle el bolsillo a los Bancos

La pandemia operó como una excusa perfecta para hacer pasar el deterioro de las condiciones de vida de la enorme mayoría como un problema general. Lo cierto es que se produjo una formidable transferencia de recursos en favor del poder económico. Los Bancos han sido grandes ganadores, pero el Gobierno insiste en cuidarle el bolsillo.

Autor de la nota: Fernando Gómez

Fernando Gómez

Publicado el 6 de Diciembre de 2020


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Foto: Bernardino Ávila / P12

Desde el comienzo del año hasta el 30 de agosto de 2020, el conjunto de los argentinos le pagamos a la banca privada que opera en el país 1.236 millones de pesos por día en intereses de Leliq y Pases.

Según informa el Banco Central de la República Argentina, en los primeros ocho meses del año, los Bancos ganaron 163.232 millones de pesos, es decir, 680 millones de pesos por día. Lo ganado en los primeros ocho meses representa ocho veces la inversión del Procrear y supera holgadamente el presupuesto del Ministerio de Vivienda para todo el 2021. 

En ese contexto de rentabilidad obscena de la banca privada en la Argentina, se metió en la agenda politica y económica del país la impunidad fiscal con la que cuenta la Banca Privada que tiene exenta la tasa de ingresos brutos sobre los escandalosos intereses que perciben por las Leliq, aquél instrumento que el propio Alberto Fernández calificó en la campaña electoral como una auténtica estafa.

El reestablecimiento de la coparticipación federal anterior al gobierno de Mauricio Macri, que implica una retracción de recursos para la Ciudad de Buenos Aires, distrito al que cambiemos benefició ostensiblemente en su gestión de los recursos federales.

Lo cierto es que, ante la quita de fondos coparticipables por parte de la Nación, Horacio Rodriguez Larreta, dispuso modificaciones presupuestarias en la Ciudad de Buenos Aires. Entre ellas, reintegró una quita en el impuesto de ingresos brutos a la Banca que opera en la Ciudad, y que afecta en forma directa los intereses que las entidades financieras perciben en concepto de Letras de Liquidez (Leliq).

En ese contexto, hace apenas una semana el presidente del BCRA, Miguel Pesce publicó una carta que le dirigiera a las autoridades de la Ciudad de Buenos Aires, reclamándole que: “Me encuentro en la necesidad de solicitarle tenga a bien arbitrar las medidas necesarias a fin de evitar que se efectivicen acciones de carácter tributario que distorsionan las políticas que lleva adelante el Banco Central de la República Argentina”.

El objetivo de la “advertencia” según el título de la comunicación oficial es que la Ciudad de Buenos Aires no avance en eliminar la exención del impuesto a los ingresos brutos sobre las ganancias bancarias vinculadas a las Leliq y los Pases Pasivos, herramientas de política monetaria que dispone el Banco Central de la República Argentina y que constituyen una auténtica estafa.

El argumento escogido por Pesce, para defender los intereses económicos de los bancos, es que diversos precedentes de la Corte Suprema de Justicia de la Nación han marcado que "los actos legislativos de las respectivas jurisdicciones no pueden avanzar sobre aspectos que atañen al manejo de la regulación normativamente delegada por el Congreso Nacional al Banco Central." 

En realidad el argumento es falso, y además peligroso. Es falso en la medida que eliminar una exención impositiva para afectar un ínfima parte de la rentabilidad excesiva de los Bancos, no constituye un ámbito de incumbencia de la autoridad monetaria, menos aún un acto jurisdiccional de política monetaria, si no, una atribución tributaria que le son propias a las provincias por el reconocimiento expreso que le otorga la Constitución Nacional. 

En ese sentido, el profesor titular de la cátedra "Impuestos II" de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, Ricardo Koss sostiene que "es constitucional la facultad concurrente entre Nación y las Provincias de establecer y cobrar impuestos indirectos si su legislatura lo aprueba, porque así lo dice el inc. 2do del art. 75 de la Constitución Nacional". 

En apoyo explícito de la decisión del presidente del Banco Central, el día Viernes el propio ministro de economia, Martín Guzmán, señaló que "No hay que seguir con malos ejemplos. Gravar con Ingresos Brutos un instrumento de política monetaria le genera un problema a todo el resto del país, a todas las provincias y a la ciudad de Buenos Aires".

Para Guzmán, apelar a ese recurso de financiación "no es una forma sensata de actuar, no es una forma responsable desde el punto de vista del federalismo y el Gobierno nacional va a utilizar todas sus herramientas para impedir que esto ocurra", advirtió al pedir ir "en una dirección más armoniosa y federal".

De manera preocupante, Martín Guzmán insiste en los falsos argumentos esgrimidos por Miguel Pesce con el único objetivo de asegurar la rentabilidad bancaria, proteger sus intereses de mantener la impunidad fiscal de la que gozan y aumentar el ciclo brutal de transferencia de recursos desde los sectores populares a los grupos económicos del sector financiero.

Pero lo preocupante es el peligro que conlleva sostener desde la autoridad monetaria, y también desde la cartera económica que esgrime como neceisad avanzar hacia una reforma tributaria, que la rentabilidad extraordinaria que obtiene un Banco en nuestro país no pueda estar alcanzado por la misma tasa impositiva que paga cualquier comercio de la Ciudad. Desde la perspectiva filosófica de la fuerza política gobernante, el argumento de Pesce, es sencillamente amoral. Es la representación absoluta de los intereses de los propietarios de la banca privada, es la expresión en clave de autoridad institucional, de aquella firme decisión del recientemente fallecido banquero, quien alertó sobre una inminente rebelión fiscal. 

Lo paradójico es que la propuesta de afectar impositivamente a los bancos provenga de Horacio Rodríguez Larreta, integrante de la fuerza política que representa los intereses de los grupos económicos que operan en éste país, y quien pretenda evitarlo y asegurar la rentabilidad extraordinaria que están acumulando los bancos, sea el presidente del BCRA designado por la fuerza política que denunció durante la campaña “la estafa de las Leliq”.

La reivindicación fue largamente repetida durante la campaña, hasta en el cierre de la misma donde afirmó: “entre los jubilados y los bancos, me quedo con los jubilados. Entre los trabajadores y los bancos, me quedo con los trabajadores”.

"Cuando me preguntan de dónde vas a sacar la plata para hacer todo lo que digo. La plata de la voy a sacar de la usura que se llevan los bancos con las Leliqs" destacó en más de una oportunidad Alberto Fernández.

Pero el ciclo de Leliq distó mucho de interrumpirse, menos aún, de ingresar en una desaceleración.

Al asumir el gobierno, Alberto Fernández encontró en el Banco Central un stock de 679.345 millones de pesos en Leliq. Al 20 de Noviembre, el stock de Leliq se encontraba en 1.681.457 millones de pesos, es decir, se triplicó.

Un argumento que contradice lo llamativo de ésta situación es que se ha logrado reducir la tasa de interés. Es cierto, al 10 de Diciembre la tasa de interés que se pagaba por las Leliq era del 63% y actualmente es del 39%, pero el dilema es que no se redujo siquiera en la mitad y se triplicó la cantidad de plata por la que se pagan esos intereses.

Aún más grave, el Banco Central desplegó un instrumento similar a las Leliq: los Pases Pasivos. Los pases pasivos al 10 de Diciembre de 2019 ascendían a 230.744 millones de pesos. Al 20 de Noviembre, esa suma trepó a 867.776 millones de pesos por un instrumento financiero que paga la misma cantidad de intereses que las Leliq.

El contraste entre la voluntad política expresada por la fuerza gobernante y las decisiones cotidianas del Banco Central de la República Argentina parecen más que evidentes, sin embargo, su autoridad en la política monetaria goza de buena salud. De tan buena salud, como la rentabilidad obscena de la banca privada que opera en el país.

Mientras el sistema financiero sigue registrando una rentabilidad escandalosa, en nuestro país el otro indicador que crece es la pobreza. El 2020, además de un record en el crecimiento de la estafa usuraria de las Leliq, el otro indicador escandaloso que saltará a la vista es que la mitad de los Argentinos no podrán cubrir el costo de la canasta básica, lo que según el Indec, los define en situación de pobreza.

Los mismos economistas que romantizan la timba financiera y encuentran para todo una explicación, le echan la culpa del exponencial crecimiento de las Leliq a las necesidades emergentes por la pandemia.

Lo llamativo es que para el 20 de marzo, fecha en que se inició el aislamiento social, preventivo y obligatorio, el stock de Leliq ya contaba con 1.449.513 millones de pesos. Es decir, ya se había duplicado del stock con el que se recibió el gobierno el 10 de diciembre de 2019 que ostentaba la suma de 679.345 millones de pesos.

La tendencia del sistema financiero en Argentina ha sido siempre la misma: cuanto peor la pasa la sociedad en su conjunto, mayores ganancias registran los bancos.

Durante los cuatro años del gobierno de Mauricio Macri, las ganancias acumuladas por estas empresas fueron obscenas. Favorecidos por la devaluación constante de la moneda argentina, provocada por las corridas cambiarias que los bancos promovían y el gobierno alentaba, el bolsillo de la gente se destruyó progresivamente, mientras los balances bancarios registraban ganancias constantes.

La pandemia ha mantenido inalterable esa dinámica: mientras se achica el bolsillo por suspensiones y despidos, desaparece el ingreso derivado de la changa y el mercado interno se encuentra en la peor de sus crisis, los bancos vuelven a ser los grandes ganadores del momento.

Se recurre en forma habitual a la apelación de construir un sistema capitalista más humano como salida para la pandemia, al tiempo que todos los indicadores económicos parecen marcar que, lejos de estar aplanándose la curva de las desigualdades sociales, las mismas se acentúan a medida que avanza la pandemia del coronavirus en el país.

La salida de la crisis exigirá superar el discurso y empezar a transitar un ciclo de respuestas efectivas en el que un nuevo diseño de política tributaria, una nueva metodología de abordaje de las finanzas públicas y una dinámica de promoción del empleo, se nutran de la rentabilidad que hoy se le garantiza a un puñado de entidades financieras que multiplican sus ingresos sin moverse de la silla.

Como alguna vez se asumió el compromiso de campaña, será el tiempo de preferir a los trabajadores por sobre los bancos. Porque, en definitiva, los números de los que ganan y los números de los que pierden, dicen mucho de las preferencias.

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