1/8/2020

Economía

La romantización de Jeff Bezos y los peligros de los monopolios para la democracia

El escritor, periodista y profesor de Derecho Constitucional de la Universidad británica de Columbia, Joel Bakan, pone bajo la lupa el rol de las corporaciones económicas en la era tecnológica y desnuda los severos peligros que representan su condición monopólica para la democracia.

Publicado el 1 de Agosto de 2020


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Joel Bakan es un prestigioso escritor, abogado y profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Columbia. Durante las últimas décadas se ha concentrado en investigar la morfología de las grandes corporaciones económicas y el riesgo que conllevan para la institucionalidad democrática su condición monopólica de la economía y sus apetencias de rentabilidad sin límites.

En una entrevista concedida al sitio TNI Longreads define a los integrantes de las corporaciones económicas modernas como “psicópatas encantadores”.

En la semana, Sundar Pichai de Google, Mark Zuckerberg de Facebook, Tim Cook de Apple y Jeff Bezos de Amazon, tuvieron que concurrir (en realidad lo hicieron por vía virtual) ante la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, en la subcomisión que investiga la condición monopólica de las citadas empresas, y tal como lo dijo el Presidente de la subcomisión, “básicamente, ustedes tienen demasiado poder”.

En su exposición, Jeff Bezos, cuyo patrimonio personal asciende a un 20% del PBI Argentino y el valor de su empresa lo supera holgadamente, realizó una típica descripción de su infancia pobre y sus esfuerzos para construir desde un garage, su actual imperio económico.

Lo cierto es que en su propia narración, Bezos describe como comenzó su emprendimiento con apenas 300.000 dólares que le prestaron sus padres, lo que marca una distancia sustancial con la idea de pobreza que construye.

También narra como, para comenzar la historia de Amazon, tuvo que dejar de trabajar como Vicepresidente de un Banco de Inversiones de Estados Unidos, lo que dista mucho de un largo recorrido meritocrático. Y también expone como, en apenas seis meses, la empresa Amazon comenzó a cotizar en bolsa y multiplicó su valor, con el esfuerzo de inversionistas que conocía desde su condición de vicepresidente de un Banco.

De esa narración, lo que se pretendió, fue traducir su discuro en una suerte de texto motivacional para que jóvenes de todo el mundo se animen a emprender. Una bárbaridad que dista de la realidad social y económica de la enorme mayoría de los seres humanos que traducen un esfuerzo físico y mental en un trabajo para terminar ganando lo justo que lo alimente.


Los peligros de la romantización

Lo cierto es que, por mucho romantizar a las grandes corporaciones tecnológicas que hoy deciden el destino de la economía global, no se podrá esconder el severo daño económico que traducirá su existencia a la mayoría de la población mundial trabajadora.

Joel Bakan lo explica de una manera clara “capitalismo creativo, capitalismo inclusivo, capitalismo consciente, capitalismo conectado, capitalismo social, capitalismo verde: estos fueron los nuevos tipos de palabras de moda que salieron a la luz, lo que refleja la sensación de que el capitalismo corporativo se estaba modificando a una versión más social y ambientalmente consciente” y destaca “a pesar de toda la retórica, la nueva corporación es fundamentalmente la misma que la anterior. El derecho corporativo no ha cambiado. El maquillaje institucional de la corporación no ha cambiado”.

En ese sentido, señala Bakan que “el problema es que las corporaciones están aprovechando su nueva "bondad" putativa para respaldar afirmaciones que ya no necesitan ser reguladas por el gobierno, porque ahora pueden autorregularse; y que también pueden hacer un mejor trabajo que los gobiernos para administrar servicios públicos, como agua, escuelas, transporte, cárceles, etc.”


Las corporaciones tecnológicas en sí mismas

“Cuando las tecnologías de Internet e inteligencia artificial (IA) se aprovechan de la compulsión corporativa para generar ganancias, pueden suceder cosas malas, y están sucediendo. Es cierto, como dicen los defensores de la tecnología, que la innovación y la disrupción son el resultado. Pero tampoco es necesariamente algo bueno. Por ejemplo, las innovaciones de la gran tecnología están interrumpiendo la vigilancia de los monopolios.” señala Bakan.

Y agrega que “para muchos jugadores tecnológicos, el monopolio está integrado en sus modelos de negocio. Facebook, por ejemplo, tiene que ser el lugar donde todos van para la conexión social. Amazon necesita ser la plataforma para todos los compradores y minoristas. Google, el motor de búsqueda que todos usan. El valor de estas empresas se basa en ser el único lugar donde todos van. Eso les da el monopolio de las dos cosas que tienen valor en el espacio tecnológico: atención y datos.”

En cuanto al avance concreto de su condición monopólica, enseña el especialista que “también los incentiva a ir más allá de sus sectores, a invadir y dominar otros sectores, como Amazon ingresando a la informática y los productos farmacéuticos basados ​​en la nube, Facebook convirtiéndose en un importante centro de noticias y cada vez más central en la forma en que se ejecutan las campañas electorales, Google empujando hacia la planificación urbana ( a través de Sidewalk Labs ).”

En ese sentido, destaca “Las actuales leyes y reguladores antimonopolio son demasiado débiles (como resultado de la desregulación) y políticamente desmotivadas para mantenerse al día, lo que ha permitido que estas compañías se conviertan en gigantes que sofocan la competencia y tienen una influencia indebida en la política y la sociedad, en resumen, interrumpir la democracia.”



Las corporaciones y la democracia

“A medida que las corporaciones obtienen un mayor control directo sobre los individuos a través de las nuevas tecnologías, se hace más difícil, si no imposible, que los gobiernos democráticos regulen la relación entre las corporaciones y los ciudadanos privados” describe la problemática Bakan.

Y ubica dos ejemplos para graficar su aserto: “cuando una compañía de seguros tiene el control directo de las personas, asegura que, conociendo sus hábitos de conducción, o si están en forma, y ​​ajustando las tarifas o negando los pagos en estas bases, se hace difícil para las instituciones democráticas (reguladores y tribunales) proteger a las personas ''. derechos del consumidor. Cuando una plataforma como Uber utiliza la tecnología para eludir efectivamente la relación laboral (una construcción reguladora diseñada para proteger a los trabajadores del poder mucho mayor de sus empleadores) se hace difícil proteger a los trabajadores.”

La democracia también se ve afectada por el aumento de la desinformación, el odio y el discurso incendiario, que es magnificado por Internet y las redes sociales. Eso también está relacionado con los modelos de negocios de alta tecnología. Una empresa como Facebook prospera al involucrar a más personas la mayor parte del tiempo. Más es mejor, y las preguntas sobre la verdad, el interés público o la democracia son simplemente irrelevantes.

Y en ese sentido, destaca “en términos más generales, el surgimiento del autoritarismo de derecha, que está ocurriendo a través de procesos electorales democráticos, es en gran parte una reacción a 40 años de políticas neoliberales que han destruido empleos y provisión social, y por lo tanto vidas y comunidades. Esos 40 años de políticas fueron, y continúan siendo, encabezados por grandes corporaciones, que utilizaron sus recursos para cabildear, financiar elecciones, mudarse y amenazar con mover las operaciones en respuesta a la regulación y la regulación propuesta, retroceder y evitar impuestos, etc. .”

Bakan, sentencia “Las corporaciones ahora están aprovechando su supuesta nueva personalidad para hacer retroceder la democracia, al afirmar, como se señaló anteriormente, que pueden regularse a sí mismas en lugar de medidas legales, y que deberían encargarse de la provisión social en lugar de las autoridades públicas. Es bastante los dos pasos. Hacen campaña para destripar la capacidad de los gobiernos para hacer frente a los problemas sociales y medioambientales, y luego intervienen para decir que pueden hacer el trabajo que el gobierno no ha podido hacer, a través de sus esfuerzos. El resultado es menos gobierno y más corporaciones en nuestras vidas y sociedades, lo que significa menos democracia en general.”

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