23/8/2020

Opinión

La Teoría del Espacio Vital Remixada

En su habitual columna, el profesor David Acuña, pone de manifiesto la vigencia que tiene la Teoría del Espacio Vital para las potencias noratlánticas y la necesidad de reestructurar políticas para garantizar nuestra soberanía.

Autor de la nota: David Acuña

David Acuña

Publicado el 23 de Agosto de 2020


Imagen de la nota 'La Teoría del Espacio Vital Remixada'

Vista aérea de Puerto Argentino, Islas Malvinas, octubre de 2019. Pablo Porciuncula Brune // RT

“Lebensraum”, el “espacio vital”. Con este nombre se denominó la teoría política creada por el geógrafo alemán Friedrich Ratzel (1844-1904), quien postulaba que existía una relación entre la población y el espacio necesario para que la misma se desarrollara. Si ésta determinada sociedad, la alemana en este caso, no contaba con el espacio adecuado (superficie y recursos naturales) debía hallar la forma de conseguirlo. Otro geógrafo, el sueco Rudolf Kjellen (1864-1922), en consonancia con los planteos de Ratzel, profundizará este concepto del Lebensraum postulando que es el Estado el que debe equilibrar la relación existente entre población y territorio. Como vemos, en el caldero de la geopolítica se venía cociendo la justificación teórica de la expansión colonial.

Pero es el británico Halford Jhon Mackinder (1861-1947) quien le da una vuelta más de tuerca al asunto planteando con una perspectiva geopolítica más global. Mackinder establece la existencia de una región geográfica comprendida por Europa Oriental y Asia Central con los recursos naturales necesarios para el desarrollo de un Estado industrializado y una población bien alimentada. Al mismo tiempo, esta región contaría con los medios de comunicación internos para el desplazamiento de recursos y población, haciéndola inaccesible por mar en un potencial ataque de invasión externo. De esta manera, el país que dominara esta región se podría convertir en una potencia mundial. Mackinder denominó a esta concepción bajo el título de “Teoría del Hearthad”, o si se quiere en castellano: Teoría de la Región Cardial, Isla Mundial, Núcleo Vital o Área Pivote, fue traducida de varias maneras.


“Quien gobierne en Europa del Este dominará el Heartland; quien gobierne el Heartland dominará la Isla Mundial; quien gobierne la Isla Mundial controlará el mundo.” H.J. Mackinder, 1919  


Este tipo de concepciones influyeron, en buena parte, sobre la concepción de las políticas colonialistas de Europa y Estados Unidos desde el siglo XX a la actualidad. Salvo que ahora no necesitan tanta impostura para justificar enclaves coloniales o desplegar políticas intervencionistas.

Líderes y teóricos del imperialismo, como Adolf Hitler, Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt, Robert McNamara y Henry Kissinger, entre otros, han llevado a los hechos aquellas concepciones geopolíticas. O si se quiere, también así pensarlo, las teorías solo fueron justificaciones a algo arraigado en la Civilización Occidental anglosajona noratlántica: una insaciable sed de conquista de tierras y dominio de seres humanos.

En 2014 ante el avance de la derecha en Ucrania alineada con los intereses de la OTAN, Rusia respondió anexando la Península de Crimea. La misma es un enclave estratégico en las constas del Mar Negro. Recordemos que la OTAN, particularmente los EEUU, tiene bases operativas en Turquía, Grecia y Serbia, las cuales ofician de verdadera frontera militarizada entre Europa y Rusia.

Donald Trump pretende trasladar 9.500 soldados de los 34.000 en total que tiene acantonados en Alemania a territorios de Polonia y Letonia. Ambos países comparten frontera con Rusia. De esta forma, si uno mira el mapa notaría que las pretensiones norteamericanas es realizar un muro de presión militar sobre Rusia desde Letonia hasta Israel y Arabia Saudita. La presión de la OTAN hacia Rusia y Medio Oriente es evidente.

Al sur de Florida, todo el Mar Caribe es esta prácticamente bajo el control militar norteamericano. Aun Cuba, con una dignidad política gigante, no podría hacer frente por si sola a un intento de invasión serio. Lo mismo puede decirse de Venezuela, que se encuentra rodeada por tierra y mar por tropas norteamericanas y gobiernos serviles a los intereses de la Casa Blanca. El resto del cuadro se completa con unas 75 bases operacionales de la OTAN en suelo latinoamericano y el patrullaje constante de la Cuarta Flota de los Estados Unidos. Tan solo desde la base OTAN en Malvinas se tiene prácticamente acceso a todo el territorio argentino.

En este punto, cabe señalar, que nuestro país luego del conflicto bélico con Gran Bretaña en 1982 no ha mostrado la voluntad explícita de contar en forma efectiva con los requerimientos bélicos adecuados para disuadir cualquier posible avance de un agresor externo… Bah, ni la pesca ilegal en nuestros mares podemos garantizar, menos vamos a poder hacerlo en un intento serio de incursión militar extranjera.

La OTAN en América controla realmente los tres pasos interoceánicos existentes: Canal de Panamá, Estrecho de Magallanes y el Mar Ártico.

Hay cientos de aspectos que escapan a esta nota, la cual solo ha tratado de ejemplificar algunas cuestiones que hacen a mostrar que la Teoría del Espacio Vital aún está en plena vigencia para las potencias noratlánticas.

La iniciativa gubernamental de contar con una nueva demarcación de límites de nuestras aguas del Atlántico Sur, las Islas Malvinas y su espacio marítimo circundante, como así también, el de llevar adelante un Consejo Asesor sobre Malvinas, es una política a tono con las que en el pasado tuvieron los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, la cual consideramos acertada. Sin embargo, es bueno señalar, una inquietante postura anglófila de cierto funcionariado proclive a comunicar mediante las redes sociales la agenda compartida con el señor Mark Kent, embajador británico en la Argentina.

Tomar cuenta de que las potencias mundiales se encuentran en una etapa de confrontación no basta para pensar que estamos alejados de las mismas. Encarar el camino de la paz con justicia social también implica con generar los recursos económicos y militares adecuados para garantizar nuestra soberanía. Lo mismo, que luchar contra ciertas zonceras de acordar agendas de políticas con agentes del país agresor y ocupante.

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