5/9/2020

Economía

Laburar por la propina, una inmoralidad de la pandemia

El trabajo no registrado es una pandemia que azota al sector gastronómico desde mucho antes del coronavirus. La parálisis del sector, la imposibilidad de ser alcanzados por la política pública del ATP y la desidia empresaria provoca que se multipliquen los trabajadores que concurren gratis o por la propina.

Publicado el 5 de Septiembre de 2020


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El trabajo no registrado, es decir la contratación ilegal que hacen los empresarios para completar la plantilla laboral, es un problema endémico en nuestro país. Son escasos los sectores productivos que tienen bajas tasas de trabajo ilegal en sus unidades económicas. En algunos es un escándalo.

El trabajo rural, el comercio y la gastronomía resultan sectores productivos en los que los trabajadores “en negro” proliferan en los emprendimientos empresarios.

El 20 de marzo de 2020, cuando comenzó a regir el aislamiento social, preventivo y obligatorio en todo el país, bares y restaurantes tuvieron que bajar las persianas. Mantuvieron apenas el formato delivery, luego incorporaron el retiro en tienda y finalmente se habilitó en algunos territorios el funcionamiento en la calle de las mesas para consumo en el local.

Durante estos ocho meses la situación de los trabajadores no registrados del sector fue una tragedia.

Las medidas asumidas por el gobierno nacional, tanto aquel decreto que prohíbe los despidos sin causa, como así también el auxilio económico del ATP que cubre una parte del salario en blanco, funcionaron para sostener puestos de trabajo que se encontraban legalmente registrados.

Sin embargo, en un sector que ostenta niveles inadmisibles de contratación ilegal, la frazada fue demasiado corta para abrigar al conjunto de los trabajadores.

A las restricciones, además, hay que sumarle una fuerte contracción del consumo por el deterioro de los ingresos populares, que diezmó el negocio gastronómico durante el tiempo de cuarentena.

Se repite hasta el cansancio aquella mentira que señala que “la crisis nos castiga a todos por igual”, lo que es estrictamente falso. El mozo, la moza, el bachero o la repartidora que no estaba legalmente registrada en su relación laboral, han sufrido despidos sin amparo legal alguno o el regreso a condiciones medievales de prestación de servicios.

Silvana es mesera en una cervecería de Palermo. Jere es bachero en un restaurante de cañitas. Ambos estaban “en negro” antes del comienzo del aislamiento social, preventivo y obligatorio. El comercio en el que Silvana trabajaba cerró su persiana durante un mes en el que no trabajó, pero mantuvo contacto con su patrón. Durante abril comenzaron a producir alimentos para trabajar con Rappi y Glovo, pero no fue convocada. En mayo abrieron las persianas para autorizar retiros, y tampoco fue convocada.

La reciente autorización para funcionar con las mesas en la calle desde el comercio, la llevó a escribirle al propietario de la cervecería para ver si podía ir a trabajar. “Si venís es por la propina, para el sueldo no llego”, fue la respuesta que recibió por whatsapp.

Silvana está trabajando gratis, apenas por la propina de los escasos clientes que se acercan al local. “Vengo con la esperanza que se vuelva a reactivar y me vuelvan a tomar. No quería perder el trabajo”.

Jere hizo de todo. Se registró en Rappi y Glovo. Pedaleaba para compensar la pérdida de trabajo. Casualidades de la vida, le llegó un pedido para retirar en su anterior trabajo. Al presentarse con la mochila de reparto, el propietario del comercio le hizo una oferta: ir a trabajar de delivery por la propina, con la libertad de tomar pedidos por las aplicaciones.

Jere cuenta a InfoNativa “agarré porque junto unos mangos más, y de paso me queda la relación con el dueño para ver si puedo recuperar el trabajo”.

Además, dice que en su misma situación conoce una veintena de pibes y pibas que, en la reapertura de bares, están yendo a trabajar gratis, “por la propina”, con la esperanza de poder recuperar sus puestos de trabajo, bajo régimen ilegal, en el caso que se recupere la situación económica.

“Afuera está re duro, corte que es Rappi o nada. Y Rappi también trabajas por la propina” resalta Jere, dando cuenta del régimen de contratación ilegal que lleva adelante las grandes empresas multinacionales que dominan las plataformas de reparto a domicilio.

Las suspensiones en el sector privado que se encuentra correctamente registrado han sido el primer síntoma de flexibilización salarial. Los convenios de productividad que amenazan en el horizonte de la “nueva normalidad” implicarán un severo ajuste sobre el salario real y las condiciones de trabajo.

La actitud empresaria de maximizar ganancias provocará que la recuperación del empleo sea apenas inferior a la pérdida de nuevos puestos de trabajo, razón por la que el camino de la flexibilización laboral de hecho, parece un camino de ida.

En tiempos en que el desempleo crece y las condiciones laborales empeoran, los trabajadores terminan aceptando condiciones infrahumanas de trabajo para asegurarse el puesto. Son tiempos que los empresarios aprovechan para fragmentar la solidaridad entre los trabajadores y debilitar la organización gremial.

Siempre, para el patrón, la crisis es la oportunidad de mejorar su rentabilidad a costa del salario y las condiciones de trabajo de los empleados.

Las postales de fines de la década del 90 rememoran los tiempos en que “no perder el trabajo” era la meta de cualquier trabajador. Sin embargo, postales como la de Jere, Silvana, o los miles de pibes y pibas que a lo largo y ancho del país “trabajan por la propina”, aparecen preocupantes en un escenario no virtual de la realidad económica argentina.

Sobrarán relatos y reclamos para avanzar hacia una reforma laboral en el país, o por defecto, modificación de los convenios colectivos de trabajo sector por sector.

La clave, sin embargo, será encarar de una vez y para siempre la discusión de una necesaria reforma patronal que permita fijar márgenes razonables de renatabilidad, reinversión, castigo a la evasión, a la registración ilegal y la flexibilización de hecho de las condiciones de trabajo.

Sólo así podrá avanzarse seriamente a la recuperación del trabajo digno. 

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