17/7/2021

Política

Lo lejos que va quedando la realidad

La inflación no da respiro al castigado bolsillo, los ingresos populares que no logran recuperarse y el trabajo que no acompaña la recuperación económica de los que nunca dejaron de tener los bolsillos llenos. La realidad sacude la Argentina cotidiana, mientras los tiempos preelectorales se consumen en la nada cotidiana.

Publicado el 17 de Julio de 2021


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Hace décadas atrás, el latiguillo que recorría los barrios en tiempos de elecciones, era que estaban cansados que los políticos llegaran con promesas sólo para pedir el voto. Las promesas fueron perdiendo terreno con las campañas diseñadas en estudios de marketing en el que los candidatos se profesionalizan para no decir absolutamente nada. En tiempos de pandemia, para peor, se edifica la excusa para evitar el contacto directo con los ciudadanos a los que se le reclama que lo acompañen con el voto.


Pero lo cierto es que la campaña aún no comienza, y los tiempos de definición de candidaturas están alejados de la disputas de otros tiempos y ceden su lugar al temor por ser objetados por los propietarios de la lapicera que escribe los nombres de los que habrán de satisfacer su vocación institucional durante los próximos años.


La feroz interna que atravesó las paredes de Cambiemos y llegó hasta la tapa de los diarios, es un cristal nítido por el que se puede observar el abismo que separa la realidad argentina de los debates políticos que atraviesan a su dirigencia. Actuales funcionarios peleando por ocupar cargos legislativos, disputando lugares ahora para asegurarse lugares en las elecciones de los próximos dos años. Dirigentes que aún no terminan un mandato y ya aspiran por asumir otro, una auténtico desaguisado moral que lo aleja de la realidad que atraviesa la enorme mayoría de nuestro país.


En nuestra vereda, la del Frente de Todos, tristemente la realidad no es muy distinta, aunque habitan los silencios por temor a la bolilla negra y eso nos salva de exhibir obscenamente la vocación de candidaturas.


Mientras en Narnia los debates se enfrascan aceleradamente en quiénes ocupan los lugares salibles y expectantes de las listas de distinto orden, en Argentina la inflación volvió a superar el 50% anual y marca el destino incontrolable que tienen los precios de los alimentos en un país en el que los que producen y comercializan cada vez se concentran más, ganan más plata, exportan más y ganan en dólares y pagan en pesos salarios cada vez más bajos.


No hay debate en la Argentina real sobre una estrategia que involucre el financiamiento público tendientes a desconcentrar la producción de alimentos para el abastecimiento del mercado interno.


En la Argentina real, el Indec dio a conocer que de 29 millones de personas relevadas en la EPH, casi 12 millones no tienen ingresos y ocho millones de los otros 17 millones, vivía con menos de 30 lucas por mes. Una auténtica tragedia que no resisten la menor excusa.


Es en esos bolsillos en los que cae un bono de 5.000 pesos, que no es otra cosa que menos de 170 pesos por día. Es sobre las expectativas de esas millones de voluntades, donde se espera que alguna de los tantos anuncios se conviertan en realidad efectiva, sea una vivienda, sea el trabajo que se dice se está recuperando o los ingresos que se dice están mejorando.


Es sobre la espalda de esos millones de compatriotas en las que habrá de cargar el costo de la renegociación de la deuda externa contraída durante el gobierno de Mauricio Macri con el FMI, guita que va a condicionar el futuro de nuestro país durante décadas.


Es, en definitiva, sobre la voluntad de esa enorme mayoría de argentinos, donde reside la voluntad popular a la que habremos de apelar en los próximos meses. Son los que castigaron a Macri para que el rumbo del país mejorara sus condiciones de vida.


Son, como dice Carlos Caramello en una nota de su autoría de esta edición “los que todavía esperan… esos a los que algún día se les va a acabar la paciencia”.


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