10/9/2022

Cultura

Lo sólido ¿se desvanece en el aire?

Desde su blog personal, Liliana Etlis nos invita a reflexionar temáticas desde perspectivas descoloniales, interrogando el saber, el poder y el conocimiento de la modernidad.

Autor de la nota: Liliana Etlis

Liliana Etlis

Publicado el 10 de Septiembre de 2022


Imagen de la nota 'Lo sólido ¿se desvanece en el aire?'

Andando por las callecitas de Buenos Aires, en un balcón del edificio continuo al espacio cultural del barrio, se encuentra un gato de color negro con manchas blancas y marrones recostado entre el balcón y sus plantas, con un lazo en el cuello de color verde.

En el departamento superior un potus enlazado con un hilo del mismo tono, en uno de los costados de la maceta aprovechando la luminosidad.

Una vecina cuyo pañuelo casualmente del mismo color que el lazo y la fibra del hilo, adorna su vestido, ella camina sin apuro frente al edificio.

 Ellxs sólidos abrazados a un mismo nervio cromático sosteniendo, aún en días y noches de soles y lunas, puentes de acción ante la crueldad de las tormentas.

Imaginé escrita en las paredes, la frase que nos brindara alguna vez  M.Berman, las contradicciones internas del mundo moderno, de la vida. Reposaban como sostén de aquel lugar: las multitudes, algunas con nutrientes de conocimientos en prácticas.

La mujer que caminaba rodeada de esperanzas, tenía una historia de amor. Con el tiempo las hebras que unían lo personal y lo político fueron trenzando algunas verdades.

Él bajó cuadros rancios de ideologías, con marcos de madera de mandatarios putrefactos, esos hombres que representaban las peores características de la condición humana. Inauguró restituciones, escenas de reparación simbólica de derechos ante la crueldad. Lamentablemente fue a recorrer otros espacios, pero sigue vibrando la vocalización de su nombre.

Ella potenciaba su vida junto a las personas que creían en su palabra y continuó atravesando algunos laberintos para llegar hacia algún lugar. Escuchaba entre sueños, voces que venían reclamando desde hacía tiempo, un mundo más justo y bello.

Admirada por su piel sin edad, tenía más dudas que certezas. Acostumbraba indagar datos cotidianos relacionados a la libertad cuando escuchaba que una vecina o un desconocido cuestionaba la disciplina y el control. Muchas veces se contradecía, pero la seguían amando, encontraban un equilibrio, una atmosfera libre a pesar de las tragedias de época pasadas.

La realidad que sentipensaban los que la rodeaban, se traslucía con el paso del tiempo deformada, como si observara la misma a través de los bordes biselados de un vidrio esmerilado. Le permitía ver la vida en modos oblicuos según la ubicación de los cuerpos. Rostros con exagerados labios, ojos por fuera de sus estructuras comunes, contornos de mejillas arrugadas por el tiempo, cabellos sin luz.

Esas formas lindantes con el caos, las reproducía en un recipiente con arena que había llenado en las orillas del mar. Aprendió el arte de la técnica china, la pintura con arena quien le permitió expresar realidades sutiles al margen de quienes la hostigaban.

 Recordaba que él, en otros tiempos, observaba cuando se sumergía entre multitudes, un entorno sin importar los que también lo rodeaban, no tenía que ver con la luz y sus teorías desde la física, sino con sus sensibilidades internas. Encontraba dentro suyo un umbral, los espejos que se plegaban en imágenes acunando su cuerpo despertaban una imaginación que le permitía la libertad de creación.

Las verdades del silencio, las que quedaban adheridas al anhelo, todavía estaban amuchadas en desorden.

Seguramente, en algún momento, prosperarán como si fuese el aroma a esperanzas y no crucificadas en ideas cercadas. El amanecer de utopías que aparecen desde un lugar apapachado, glorioso, agujereando universos y diversificando la vida pluriversal comenzará, dentro de lo posible, un preludio encantado de nuevos acercamientos hacia verdades y realidades con otras tonalidades a pesar de la crueldad.

 

 


Liliana Etlis autora de su blog personal Sentipensares