7/11/2020

Política

Los bancos siguen de fiesta: rentabilidad, comisiones y corridas cambiarias

Como si estuvieran en un cumpleaños inagotable, los bancos siguen de fiesta en plena crisis económica. Siguen registrando una rentabilidad escandalosa, son protagonistas de una corrida cambiaria que provocó una devaluación cercana al 35% en el año y ahora los autorizan a aumentar comisiones.

Autor de la nota: Fernando Gómez

Fernando Gómez

Publicado el 7 de Noviembre de 2020


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Imagen: Bernardino Ávila / Página12

Hace unos pocos días, el Ministro de Economía Martín Guzmán señaló que “los empresarios tienen que entender que gobernamos nosotros”. Un reclamo absolutamente razonable, especialmente dirigido a los grupos económicos que mantienen secuestrada la economía argentina para asegurar su rentabilidad.

En realidad, las grandes empresas del país, y especialmente los dueños del puñado de bancos que operan en la Argentina, conocen a quién gobierna, pero siempre están preocupados para que quede claro quién manda.

Cuando uno observa las medidas asumidas por el Banco Central de la República Argentina desde el inicio del gobierno y mucho más, ve con nitidez los resultados económicos reflejados en los balances de los bancos en la Argentina y desconoce si el mando de la política financiera en este país no se encuentra en manos de la banca privada.

En el día de ayer, el BCRA autorizó una actualización de las comisiones que perciben los bancos por la prestación de servicios a los usuarios financieros, que se podrán efectivizar en enero y febrero de 2021, con topes de 9% cada cada mes.

El argumento de la presión ejercida por las entidades financieras se ve reflejada en la comunicación oficial de la medida. “El costo de las comisiones permanece sin cambios desde el 19 de febrero de este año, cuando el Banco Central había congelado los aumentos a los servicios de los bancos durante 180 días hábiles”. De tal modo, la autoridad del BCRA autorizó un aumento en las comisiones que supera en un 12% al incremento de los salarios públicos que, sin ir mas lejos, también se encuentran congelados desde tiempo antes que febrero.

El aumento en las comisiones bancarias tendrá un durísimo impacto en la economía cotidiana del conjunto de los argentinos y las argentinas. Los productos que se consumen, verán trasladado el costo de la comisión y la rentabilidad bancaria. Una vez más, será democratizada sobre el bolsillo de los trabajadores que no han recibido con la misma vehemencia una actualización sobre sus ingresos como sí lo ha hecho la banca.

La actualización de los servicios comprenderá a los clientes que tengan una caja de ahorro, a la emisión o reposición de tarjetas de débito por robo o extravío; el uso de cajeros automáticos fuera de casas operativas de la entidad, de otra entidad y/o red; y los servicios de extracción de efectivo por terminales en puntos de venta o retiro de efectivo de cuenta por el propio titular o un tercero.

Para los usuarios de tarjetas de crédito, la actualización incluirá a los servicios de emisión, renovación, administración o mantenimiento de cuenta; y la reposición o reimpresión de tarjeta por robo o extravío y tarjetas adicionales.

"Las entidades financieras podrán también disponer aumentos en las comisiones de otros productos y servicios financieros, tales como los relacionados con el servicio de cajas de seguridad, con la operatoria con títulos valores y con la cuenta corriente bancaria", informó el BCRA en un comunicado.

Apenas 24 horas después de conocido el anuncio, el BCRA también informó que en el mes de agosto el conjunto de los bancos que operan en el país, registraron una rentabilidad de 21.072 millones de pesos y acumulan durante el año 163.232 millones de pesos.

Solamente en agosto, los bancos ganaron la misma plata invertida por el Estado Nacional en financiar el PROCREAR. Y la rentabilidad anual, podría haber conformado dos pagos para diez millones de personas del IFE.

Las desigualdades saltan a la vista. Al menos a la vista de los que pelean cotidianamente por reunir la plata necesaria para poner un plato de comida sobre la mesa de su familia.

Miguel Pesce, Presidente del BCRA tiene una mirada distinta. “Es muy fácil conseguir pesos en este país”, señaló en una reciente charla pública brindada por la entidad que preside.

Fácil será para la banca, que traslada su rentabilidad legal, también la ilegal y la administración del dinero del conjunto de las y los argentinos y lo vuelca sobre el dólar de una manera crónica.

En definitiva, son los bancos los responsables de la corrida cambiaria que vive el país.

Así lo explica el excelente economista Horacio Rovelli, quien destaca que “Por la Ley 24.144 de Carta Orgánica del BCRA, los únicos que le pueden comprar dólares al BCRA son los bancos, quienes lo compran por sí o para sus clientes, todo consta en actas y por eso el BCRA pudo elaborar el Informe de fuga de Capitales por 86.200 millones de dólares, sabe quiénes son cada uno de los 6.693.605 personas y las 85.279 empresas compradoras, donde los cien mayores compradores en la gestión de Macri lo hicieron por 24.679 millones de dólares.  Esos dólares fueron sacados mayoritariamente del circuito económico legal argentino.”

Rovelli recuerda en una nota reciente compartida en InfoNativa que “Pedro Biscay, que fuera Director del BCRA en 2012-2015 sostiene que los circuitos ilegales están directamente conectados con el sistema financiero formal. Tanto la economía clandestina como la informal se retroalimentan con la economía formal. No son compartimentos estancos, ni separados por exclusas.”

Es más, dice que “los “financistas”, que son los dueños y CEOS de los principales bancos privados del país, conectan puntas entre inversores y tomadores de crédito. El cruce de dinero entre plazas financieras puede vincular Montevideo, Nueva York, Hong Kong o Londres mediante el llamado “dólar cable” (que consiste en girar dólares en efectivo a través de una cueva financiera), que fondea parte de la oferta del dólar blue y que incide fuertemente en la fuga de capitales de las divisas originadas en el atesoramiento.”

Rovelli, para explicar la reciente coyuntura, recuerda que “Los diez primeros bancos privados del país en lugar de prestar (que lo hacen mínimamente) se benefician colocando sus generosos excedentes en Leliq (Letras de liquidez del BCRA) y perciben por ello más de $ 60.000 millones por mes que le paga religiosamente la autoridad monetaria todos los meses.  En la gestión actual del BCRA lo que más crecieron fueron la Leliq de $ 758.453 millones en el inicio de la gestión  y al 7 de octubre de 2002 ascendía a 1.717.371 millones, creciendo en un 126,4% cuando en igual lapso, toda la base monetaria lo hizo solo en un 30,35% y el total del crédito al sector privado en 19%. El crédito total al sector privado (empresas y personas) es el 11,4% del PIB,  tan bajo como lo dejó el último año del gobierno de Mauricio Macri, cuando en Brasil es del 45% del PIB y en Chile del 60% del PIB.”

La tendencia del sistema financiero en Argentina ha sido siempre la misma: cuanto peor la pasa la sociedad en su conjunto, mayores ganancias registran los bancos.

Durante los cuatro años del gobierno de Mauricio Macri, las ganancias acumuladas por estas empresas fueron obscenas. Favorecidos por la devaluación constante de la moneda argentina, provocada por las corridas cambiarias que los bancos promovían y el gobierno alentaba, el bolsillo de la gente se destruyó progresivamente, mientras los balances bancarios registraban ganancias constantes.

La pandemia ha mantenido inalterable esa dinámica: mientras se achica el bolsillo por suspensiones y despidos, desaparece el ingreso derivado de la changa y el mercado interno se encuentra en la peor de sus crisis, los bancos vuelven a ser los grandes ganadores del momento.

Se recurre en forma habitual a la apelación de construir un sistema capitalista más humano como salida para la pandemia, al tiempo que todos los indicadores económicos parecen marcar que, lejos de estar aplanándose la curva de las desigualdades sociales, las mismas se acentúan a medida que avanza la pandemia del coronavirus en el país.

La salida de la crisis exigirá superar el discurso y empezar a transitar un ciclo de respuestas efectivas en el que un nuevo diseño de política tributaria, una nueva metodología de abordaje de las finanzas públicas y una dinámica de promoción del empleo, se nutran de la rentabilidad que hoy se le garantiza a un puñado de entidades financieras que multiplican sus ingresos sin moverse de la silla.

Como alguna vez se asumió el compromiso de campaña, será el tiempo de preferir a los trabajadores por sobre los bancos. Porque, en definitiva, los números de los que ganan y los números de los que pierden, dicen mucho de las preferencias.

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