1/9/2020

Sociedad

Los dueños del fuego parte II

Tras el devastador fuego del Delta del Paraná, como si fuera poco, al igual que todos los años, se sumaron focos de incendio en Córdoba, Chaco, Formosa y Corrientes. El fuego provocado por el hombre, deja ver los intereses financieros, como siempre avasalladores, del negocio inmobiliario y del agro.

Autor de la nota: Muriel Bertolini

Muriel Bertolini

Publicado el 1 de Septiembre de 2020


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En Córdoba, durante las últimas dos semanas se quemaron cerca de 50.000 hectáreas de bosques nativos, lo que equivale a dos veces y media el tamaño de la ciudad de Buenos Aires. Mientras, en el Delta del Río Paraná se registraron cerca de 25.000 focos de incendios en humedales.

Las llamas que arrasan la biodiversidad de nuestro país tienen un motivo: como está prohibido avanzar con topadoras, prenden fuego el bosque para extender el crecimiento tanto inmobiliario como ganadero. 

Guillermo Galliano es un fotógrafo cordobés, presidente de la Fundación Mil Aves y protector de los ambientes naturales de su región. Fue además testigo de los fuegos que  en la última década convirtieron los bosques nativos en barrios cerrados y extensión agraria y ganadera. 

Las declaraciones de Galliano se pueden evidenciar con datos claros, como los de imágenes satelitales disponibles en internet y el informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) sobre los usos de la tierra que explican la expansión de los aglomerados urbanos del país entre 2006 y 2016. 

Según el informe, el crecimiento urbano en Córdoba crece a un ritmo mucho mayor que el de su población. Es decir: hay menos personas y a pesar de ello se crean y ocupan infraestructuras más extensas. Casi la mitad de esta expansión fue debido al surgimiento de nuevos barrios cerrados. 

Actualmente van más de 14 mil hectáreas quemadas y, según el brigadista y director de Defensa Civil Diego Concha, “no habrá final a menos que llueva y mucho”.

Galliano en entrevista para Radio Nacional afirmó que “no es como nos quiere vender el gobierno de Córdoba, que es un señor endemoniado con una caja de fósforos generando incendios porque es un piromaniaco desquiciado. No es un señor que fue al rally y dejó el fuego prendido. No es la señora que barrió hojas y de repente se le fue el fuego. ¿Eso sucede? Sí, sucede. Pero no en la mayoría de los casos, eso es un muy bajo porcentaje. Los incendios son intencionales”. Y lo que está diciendo, lamentablemente, no es ninguna novedad. 

El activista, conocido por sus libros y su columna de difusión científica en Radio Universidad, nos ayudó a entender mejor lo que se está dando en la provincia: "si hacemos un análisis exhaustivo y una indagación seria, consultando a los jefes de los bomberos provinciales y sacando información de dónde fue cada incendio desde el 2004 por ejemplo, y se va haciendo un mapa de esos incendios -digo de un caso concreto: camino a Falda del Carmen, Falda del Cañete, donde había bosque nativo, con toda la biodiversidad que ahí habita-, veamos qué hay ahora: solo barrios cerrados. Y hagamos un análisis posterior: ¿cuántos incendios consecutivos hubo en ese lugar antes? Los bomberos iban semana de por medio”.

El citado informe del CIPPEC, explica que la forma en que crecen las ciudades está relacionada con la inclusión social, la sostenibilidad ambiental, las finanzas públicas y que la dinámica de expansión que evidencian las ciudades argentinas resulta inadecuada en tanto el área urbana crece muy por encima del incremento poblacional, algo que genera problemas en las dimensiones previamente mencionadas. Y que además, esa expansión se da sobre un bien escaso, el suelo, que cumple funciones importantes para el conjunto de la sociedad: producción de alimentos, recarga de acuíferos, retención de excesos hídricos, entre otras.

Pero… ¿los incendios sólo son provocados para extender el negocio inmobiliario? No. Los intereses son más de uno. 

Y mientras las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas. 

Desarrollistas y hacendados amigos del gobierno están haciendo arder una inmensa variedad de especies vivas que quedan reducidas en cenizas. La geografía cordobesa es muy diversa, tanto como las intenciones empresariales. Pastoreo, agricultura, crecimiento inmobiliario, son las chispas que iniciaron las llamas. 

El primer gran incendio de este año en las sierras de Córdoba ocurrió en Pampa de Achala, en un campo propiedad de la familia Becerra. Algo que se repitió 208 veces en 4 años, por fuegos iniciados en 2 estancias suyas: Paso de las Piedras y San Alejo. Las llamas ingresaron, una vez más, al Parque Nacional Quebrada del Condorito que contiene especies únicas en el mundo.

En los últimos dos años, estos incendios dejaron sin hábitat ni alimentos al 80% de las 400 especies de aves de la zona, nos cuenta Guillermo Galliano. Además, explica que tras el fuego se genera una gran pérdida de las cuencas hídricas, un drenaje natural que cuando llueve retiene el agua y la gradúa a través de los arroyos, se prende fuego la cobertura vegetal y la tierra queda a merced de la erosión, lagos y lagunas se llenan de barro y las cenizas contaminan el agua. Pampa de Achala abarca el 70% de los ríos de la región. 

El periodista Daniel Diaz Romero en su artículo “Los caballeros de la quema” remarca que Alejandro y Francisco Becerra son los responsables desde hace décadas, del ecocidio en territorio de la Reserva Hídrica Provincial Pampa de Achala, de estratégica importancia por ser la “fábrica de agua” donde nacen los ríos que abastecen a buena parte de la provincia.

En el artículo, relata que los bomberos voluntarios deben ingresar a los campos contiguos de la familia Becerra -desde hace años- con escolta policial debido a las amenazas recibidas. Y que además nunca, en los 208 incendios registrados en sus campos, los Becerra avisaron a los bomberos para que acudieran a apagar el fuego. Cuando estos asistían alertados por vecinos, los recibían con disparos al aire. 

La familia Becerra es fundadora de la genética Brangus colorada desde hace 30 años y exportan sus animales a Paraguay, Uruguay, Brasil y Bolivia. Alejandro y Francisco, son la tercera generación del establecimiento ganadero que inició su abuelo Rodolfo, hace 66 años, un campo de cría de vacas Angus en las sierras grandes de Córdoba. Desde entonces, vuelven de la Rural de Palermo con toros y vacas campeonas.

Dentro de la investigación del periodista Daniel Dias Romero está la clara explicación de Ana Cingolani, bióloga e investigadora del CONICET, que desde hace 21 años realiza estudios sobre el ecosistema de Pampa de Achala y explica que “la quema es para el rebrote del pasto en época seca: queman porque los pastos en invierno se secan y con el fuego rebrotan antes de la época de lluvias; pero el problema de fondo es que tienen más animales de los que el sistema ecológico puede sostener, una cantidad que además va a producir erosión de suelo. También, en los lugares donde hay plantines de tabaquillo, el ganado se los come y no deja que el bosque se regenere” expresa la científica y aclara que “hay productores ganaderos que no queman y pueden producir, es decir que pueden solucionar el problema de la falta de alimento para su ganado manejando el campo de otra manera”.

Mientras que unos queman el suelo para alimentar ganado, otros lo hacen para extender las plantaciones de soja y otros para el negocio inmobiliario. Pero, como dijo Guillermo Galliano, no porque un bosque nativo o un humedal sea quemado debería cambiar el uso del suelo, sino al contrario, habría que pensar estrategias e implementar herramientas para reparar ese enorme daño. 

Pero lamentablemente las multas son insuficientes para desalentar incendios intencionales y desmontes. Y los cincuenta puntos estratégicos de alerta temprana para prevenir incendios en el interior de Córdoba fueron desmantelados por el gobierno. 

El Delta del Río Paraná, otro gran ecosistema que abarca aproximadamente 19.000 km2 y que es el hogar de unas 700 especies de vegetales y 543 especies de vertebrados, y alberga una gran diversidad de aves con 260 especies, lo que representa el 31% de la avifauna del país también fue devastado. Allí uno de los imputados en la justicia por las quemas actuales es la firma COPRA S.A., quien la preside José Antonio Aranda; esta empresa es la mayor exportadora de arroz de la Argentina, y su presidente uno de los principales accionistas del Grupo Clarín. Las actuales autoridades de COPRA S.A. son: Noemí Alma Luna de Aranda; Antonio Román Aranda, Raul Antonio Morán y Carlos Alberto P. Di Candia. José Antonio Aranda es también socio en varios emprendimientos del multimillonario George Soros, dueño de grandes extensiones de tierra en Santa Fe, de la mano de la firma Adecoagro. 

Aranda, inmerso además en el mercado bovino, posee alrededor de 40.000 hectáreas en Corrientes donde también se están generando nuevos focos de incendios y presidió durante muchos años la Asociación Braford Argentina. 

El daño generado es irreparable. Las muertes de cientos de especies animales y vegetales representa un dolor y pérdida incalculable para nuestra rica y fecunda biodiversidad ya devastada. Intereses económicos arrasaron con el fuego pura vida como si no valiera nada. 

Los responsables, con sus bolsillos llenos de injusticia pagan multas y compran libertades bajo fianza a precios rebajados. 

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