28/2/2021

Opinión

Monopolio del envenenamiento

El sacerdote cristiano Eduardo de la Serna, del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres, y su habitual columna de opinión.

Autor de la nota: Eduardo de la Serna

Eduardo de la Serna

Publicado el 28 de Febrero de 2021


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Evidentemente el márquetin, a esta altura de nuestro presente, es casi una ciencia. Imagino que una serie interdisciplinar de aportes son las que finalmente lograrán que entre o no al “mercado” (market) un determinado producto. Una campaña mal hecha puede ser un estruendoso fracaso, no sólo económico. Y, no cabe duda alguna, desde hace muchos años, esto se aplica también a los candidatos o a las políticas. Pero, al igual que en la publicidad, en el márquetin no se trata de ofrecer lo que otros necesitan, sino lograr que crean que necesitan lo que nosotros queremos ofrecer; es por eso que todo lo que sería ético, moral o como quiera que se lo llame, es dejado de lado. Ya no se trata, en este caso, de mostrar que determinada/s política/s es la mejor para nuestro presente, sino convencer, aunque sea absolutamente falso, a la mayor cantidad de gente posible que esa política es necesaria. Y única. La falta de escrúpulos, la mentira, la trampa es algo constante. Y más de uno recordará los nombres de Durán Barba y Marcos Peña en Argentina.


Así, por ejemplo, se crean estereotipos de malos/buenos, por ejemplo, recurriendo a un esquema binario al que, algunos, han llamado grieta; blancos o negros y “todos sabemos” que lo negro es malo, malísimo. Así, es evidente, aparecer combatiendo a “los malos” nos hace ver como indispensables, necesarios, fundamentales. Basta escuchar los discursos de Patricia Bullrich para entenderlo. Algo parecido se ve en otras regiones. Así un nefasto presidente latinoamericano se presentó como el gran enemigo del narcotráfico y la guerrilla ligada a tamaño mal, cuando, los que querían ver, sabían que, en realidad, lo que él quería era eliminar toda competencia. Pero el márquetin de “los malos” le permitía mostrarse como de “mano firme y corazón grande” y que muchos lo compraran pudiendo vender su producto en el mercado, o su títere.


Del mismo modo, después que durante décadas y décadas Clarín y La Nación, y hoy su pobre marioneta Carrió, envenenaron las mentes de la sociedad, nada mejor que desviar las miradas y lisa y llanamente acusar al gobierno de “envenenar” a la sociedad con una vacuna, que después resultó la mejor del Mercado. Pareciera que, en realidad, se tratara de celos, o de competencia, pretendiendo tener ellos el monopolio del envenenamiento. Digo “en realidad no”, ya que, ciertamente, resulta que la vacuna no envenena, sino que protege, pero desviar la mirada hacia allí resulta fundamental para vender el producto. Y hoy será envenenamiento, mañana las vacunas VIP, y pasado mañana que Alberto Fernández tiene caspa. La cosa es envenenar ellos y hacer creer que envenena el otro. Para que compren. De que les compremos lo que quieren ofrecernos se trata. Y, debemos decirlo, con distinto envase (packaging se llama) lo cierto es que el producto es siempre el mismo, sin escrúpulos, sin moral, aunque “mueran los que tengan que morir”. Del otro lado de la grieta lo llamamos neoliberalismo, y el contenido es muerte. Lo sabemos.



Eduardo de la Serna es sacerdote cristiano del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres.  

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