10/10/2020

Política

No se van más: el FMI seguirá con agenda en el país hasta el domingo

La misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) permanecerá hasta el domingo en el país y continuará con la intensa agenda de reuniones que comenzó el martes pasado con funcionarios del Gobierno y representantes del sector empresarial y gremial. Discursos retóricos, palabras vacías y una peligrosa agenda que nunca cambia.

Publicado el 10 de Octubre de 2020


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La agenda del FMI se sigue extendiendo y el buen clima que le ofrecen el gobierno nacional, las cúpulas empresariales y sindicales, los anima a extender una guía pletórica de palabras vacías, apelaciones retóricas al crecimiento económico, la tranquilidad fiscal, el desarrollo que esconden las históricas “sugerencias” del organismo multilateral que, con el correr de los acuerdos, se transforman en órdenes.

La visita de de la misión encabezada por Julie Kozack, directora adjunta del departamento del Hemisferio Occidental del FMI; y Luis Cubeddu, jefe de misión para Argentina, comenzó el martes y tenía previsto concluir en el día de la fecha.

Sin embargo, han decidido extender por 48 horas su estadía para profundizar los diálogos que mantienen con la pretensión de dar el primer paso de una serie de consultas presenciales que realizará el organismo multilateral con el objetivo de alcanzar un entendimiento que permita reestructurar un crédito multimillonario obtenido por el gobierno de Mauricio Macri, récord en volumen para el organismo multilateral, el cual tuvo como motivación financiar la fuga de capitales de los grupos económicos que operan en el país.

Fuentes del organismo confirmaron que dentro del plan de negociación está prevista una nueva visita para noviembre próximo, aunque aún falta definir la fecha precisa.

La nueva misión de noviembre tendría un carácter más profundo para avanzar en las negociaciones, a diferencia de la actual, que buscó tener una primera impresión de la realidad argentina por parte del mismo equipo que lideró el análisis de sustentabilidad de la deuda, a principios de 2020.

La premisa que volvió a reiterar el presidente Alberto Fernández, al encabezar un acto de entrega de viviendas del programa Procrear, es que el Gobierno está "dispuesto a renegociar cualquier cosa pero sin postergar a los argentinos", es decir, sin apelar al programa de ajuste fiscal y social que habitualmente impone el organismo.

La reducción de salarios medidos en dólares es una habitual demanda del organismo multilateral. Habitualmente lo imponen por el camino de las reformas laborales integrales, algo que han negado en esta visita, y parece ser reemplazada por convenios colectivos que no permiten contener el índice inflacionario que amenaza con agravarse a partir de la cotidiana devaluación de la moneda.

En México, por otro lado, han sepultado el mito que habitualmente pregonan en cada oportunidad en que se modifican sus autoridades de que el FMI “ha cambiado”. La propuesta privatizadora de áreas de exploración y explotación petrolera de Pemex provocó una dura respuesta de López Obrador acerca de la independencia económica y soberanía política que está dispuesto a defender de cara a las brutales pretensiones del organismo.


¿Cambió el FMI?

El Fondo Monetario Internacional carga en su mochila con una historia nefasta para el destino de las mayorías populares en los países en los que interviene con sus condicionamientos económicos.

Las medidas que asume el FMI tienen como objetivo asegurar que los Estados Nacionales tomen una y cada de una de las decisiones que aseguran la rentabilidad del puñado de corporaciones multinacionales que cuentan en sus carteras los recursos estratégicos de la mitad del planeta.

La rentabilidad de las grandes empresas se consolida con salarios bajos, ventajas fiscales, garantía de asegurar el giro de sus ganancias al extranjero, baja regulación del segmento productivo que explotan, y desde ya, el diseño de un Estado débil, con pocos recursos para asegurar ingresos masivos a la población.

Su filosofía resulta inmutable desde su constitución, y nada indica que en cada oportunidad en que algún emergente de las corrientes económicas ortodoxas llega a su conducción, la política de intervención y saqueo de los recursos nacionales se modifique.

Sucede que, aquellos que buscan acordar condiciones con el FMI de manera amable, saben que el único camino es aceptar sus condicionamientos. Precisan justificar en términos políticos a la población el acuerdo que buscan alcanzar en condiciones amables con un organismo multilateral que, de amable, no tiene nada.

Por esa razón, cada vez que se presenta una nueva intervención del FMI, se habla que la crisis crónica, cualquiera sea su fase, le permite ver las cosas desde otra óptica, que su nueva autoridad tiene una filosofía distinta, etc. Excusas para presentar de manera amable a un organismo multilateral que dejará a su paso condiciones funestas para el destino de la mayoría de la gente del país en el que realiza un préstamo.

 

“Gracias a Dios que está Kristalina”

Con ese latiguillo, que la historia lo recordará, Alberto Fernández anunció que iniciaba conversaciones con los acreedores externos para luego avanzar en un acuerdo de reestructuración de la deuda externa con el FMI.

La referencia es a Kristalina Georgieva, actual directora gerente del FMI, quien abusa de las palabras vacías para referirse al destino del organismo. Nada mas alejado que lo realizado anteriormente por cualquier otro director gerente del organismo.

Por mucho que se esfuerce Georgieva, y aunque se disfrace de bondad el FMI, las condiciones que reclaman son exactamente las mismas.

Luego de la intervención en Argentina, el FMI intentará irse con un salario promedio y mínimo en dólares más bajo del que llegó, con una monedad aún mas devaluada para transformar en efímeros las necesidades de inversión, con restricciones leves para la fuga de capitales y con un deterioro en las condiciones de prestación de los derechos de la previsión social por parte del Estado.

Si no hay reforma tributaria, que haya exenciones para determinadas corporaciones, como aquellas que se dispusieron de baja en la retenciones de los un puñado de grandes empresas exportadoras.

Si no hay reforma laboral, que haya convenios colectivos bajo el disfraz de la productividad o sostenibilidad, conceptos en los que se esconde poner por encima de la necesidad de recomponer el salario, la exigencia de rentabilidad de la empresa. En ese sentido, avanzó YPF con el sector petrolero, o las discusiones salariales en el Estado para generar referencia.

Si no hay privatizaciones, que haya procesos de transferencia de resortes económicos estratégicos hacia las corporaciones multinacionales por el camino de la “inversión privada externa”, que debe ser alentada con menos salario, y menos presión tributaria.

Es probable que el FMI, cuando decidamos echarlo de la Argentina, el país habrá transitado un ciclo de agravamiento de las condiciones sociales, mas pobreza, peores salarios y un deterioro de los resortes del Estado para optimizar la economía. Y sucederá, conduzca quien conduzca los destinos del organismo multilateral. 

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