30/5/2020

Opinión

Perón, el hombre nuclear

Se cumplen 70 años de la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). La misma se fundó durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón (31/05/1950) permitiendo a la Argentina ser uno de los pocos países del mundo que hasta el día de hoy cuentan con este tipo de desarrollo científico-tecnológico.

Autor de la nota: David Acuña

David Acuña

Publicado el 30 de Mayo de 2020


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Habían transcurrido cinco años del ataque nuclear genocida perpetrado por Estados Unidos sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki donde perdieran la vida 120.000 personas, la mayoría civiles, y otras 130.000 quedaron heridas. Estados Unidos lograba de esa manera el horrible récord en la historia humana de haber utilizado este tipo de armamento contra otro país. Luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos y la entonces Unión Soviética entran en una etapa de tensión constante denominada Guerra Fría. A principios de 1952 los soviéticos ya contaban también con la bomba atómica. Este era el contexto mundial en el cual las investigaciones científicas argentinas comienzan a desarrollarse en el campo de la energía nuclear, pero con una mirada sustancialmente diferente, pues el gobierno justicialista no se encontraba en guerra con nación alguna ni llevaba adelante algún tipo de escalada bélica con objetivos de dominación.

Si uno de se detiene en el Decreto 10936/1950 donde se crea la CNEA se puede leer en su introducción:

“Que el progreso de las investigaciones relacionadas con la energía atómica no puede ser desconocido por el Estado, en razón de las múltiples derivaciones de orden público que sus aplicaciones prácticas determinan o pueden determinar en el porvenir”… “Que la salud pública puede recibir ingentes beneficios de la correcta aplicación de la radioactividad generada por la energía atómica”… “Que la energía atómica puede reemplazar a las formas corrientes de energía y que este hecho podría alterar el equilibrio económico y social del país en razón de las profundas modificaciones que determinaría en la actividad de la industria, de los transportes, de la minería, etc., por lo cual es conveniente que el Estado tome las medidas de previsión correspondientes”… “Que la República Argentina, despreocupada de toda intención ofensiva, puede trabajar en este orden de cosas también con elevado sentido de paz en beneficio de la humanidad”.

La investigación nuclear era una componenda más en el plan de crecimiento que el gobierno justicialista venía desarrollando para industrializar el país y lograr la tan ansiada independencia económica y concatenada justicia social. Fueron tales los avances del justicialismo en materia industrial, científica, tecnológica y productiva, que al ser apropiadas por las patronales nacionales y los grupos económicos foráneos luego del golpe de 1955 sentaron la base de las grandes fortunas privadas de los miserables millonarios que hoy se niegan a colaborar con porcentaje ínfimo de sus riquezas en el contexto actual de depresión económica y pandemia mundial.

La valorización de la ciencia para el desarrollo nacional planificado siempre encontró en los gobiernos populares una mano extendida. Así fue desde la YPF de Yrigoyen, la CNEA de Perón hasta el lanzamiento del ARSAT durante el gobierno de Cristina Fernández. Por el contrario, el campo científico, técnico e industrial fue dejado de lado y depredado por los gobiernos de corte liberales y antipopulares aliados a la usura extranjerizante.

La Argentina tiene una rica trayectoria en materia científica. Apostar por su desarrollo no solo es un hecho de justicia con nuestra historia, sino un factor crucial para la obtención de crecientes niveles de soberanía en un mundo que se encamina a reconfigurar sus formas de producción, desarrollo y distribución de riqueza.

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