1/10/2022

Sociedad

PIAP: Entre la decadencia y el desarrollo

La Planta Industrial de Agua Pesada ubicada en Arroyito, Neuquén está parada desde 2017. Esto no es ninguna novedad, de hecho, ya fue cubierto en una edición previa de InfoNativa. Luego de unos meses de gestiones, se dio la oportunidad de ir a recorrer las instalaciones de la planta que al mantenerse sin producir parece una instalación fantasma.

Autor de la nota: Francisco Amusategui

Francisco Amusategui

Publicado el 1 de Octubre de 2022


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Mi idea original había sido ir a la Planta por mi cuenta, tomar un colectivo, pedir prestado un auto, pero Fernando Lisse (director ejecutivo de Empresa Neuquina de Servicios de Ingeniería -ENSI- y quién posibilitó la visita) se ofreció a buscarme por el centro de Neuquén. Fijamos el punto de encuentro y a las 9:30 am ya estábamos en camino hacia Arroyito.

La PIAP, inaugurada en 1993 durante la primera presidencia de Carlos Menem, es parte del plan nuclear original que se originó en 1950 tras la fundación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y el fraude del Proyecto Huemul. “El Plan Nuclear de Perón fue de alguna manera una copia del de Canadá” explicó Lisse. El plan nuclear canadiense constó de 16 plantas nucleares. Estas utilizan tecnología CANDU (como la de Embalse Río Tercero) y se creó, al igual que Argentina, una planta de agua pesada que operó a máxima potencia hasta cubrir las necesidades de agua pesada de toda la vida útil de las 16 plantas y luego se desmanteló.

“La PIAP se empezó a hacer con el plan de abastecer nueve centrales nucleares, después vino la última dictadura y redujo la cantidad de plantas a seis”, contó el director de ENSI. Además, durante el gobierno de Menem el Plan Nuclear fue puesto en suspensión hasta que, en 2006, durante el gobierno de Néstor Kirchner se puso en marcha nuevamente para la finalización de la planta Atucha I y la construcción de Atucha II a la vera del Paraná. "Desde el sindicato planteamos que hay que hacer el stock de agua pesada para las plantas antes de cerrar el plan nuclear como hicieron los canadienses"

Desde la ruta 237 las luces de la PIAP solían verse como las de un barco inmenso flotando sobre el embalse artificial de Arroyito. Lisse contó que estando parada la producción, tiene muchas menos luces y ya no se ve de la misma manera en el paisaje nocturno de la ruta. Al entrar al predio noté las verdaderas dimensiones de la planta, es un predio de 12 hectáreas y el punto más alto tiene 45 metros de alto. Nos recibieron en la entrada donde Lisse habló con las personas de seguridad para que pasemos. 

“PIAP en operación de noche. Fuente: ECyT-ar”

Entré informalmente. "Si lo hacemos formalmente vamos a tardar mucho más", comentó el director del ENSI mientras caminábamos a su oficina para sacar algunas fotos y charlar antes del recorrido. Me limité a asentir (pasé al menos un mes enviando mails y haciendo llamadas telefónicas para poder hacer un recorrido formal sin éxito). Lisse es un hombre canoso de más o menos 1.75, "legajo 9, el único de un dígito que queda" mencionó. Ameno para hablar, se nota su cariño hacia la planta, se lleva bien con los pocos empleados que quedan en el lugar.

Con la planta en marcha, la cantidad de empleados llegó a 435 contando operadores, técnicos, mantenimiento, entre otros. En este momento la PIAP cuenta con 105 trabajadores de los cuales tan solo 34 son operadores, el resto se dedican a mantener la planta construyendo y reacondicionando repuestos o en labor de limpieza. Por mucho tiempo la situación con los trabajadores fue sensible “derivamos recursos del área de petróleo para poder pagar los sueldos de los empleados de la planta.”

“Repuestos reacondicionados por el personal del taller.” 

Empezamos a recorrer la planta por el taller de repuestos, el único área en el que encontramos más de dos personas trabajando. Mientras Lisse charlaba con operarios del taller, entablé un diálogo de un par de minutos con el jefe del área que me contó que empezó a trabajar en la planta en 1993, casi inmediatamente después de inaugurada. “Los suizos [Sulzer Brothers, empresa constructora de la PIAP] se fueron sin arrancar la planta, dijeron que iban a volver, pero no volvieron. Para eso se hizo el ENSI”, contó.

 

El siguiente punto del recorrido fueron las áreas externas donde Lisse indicó el funcionamiento de la planta y el recorrido del agua para convertirse en agua pesada. "Cuando se aprobó el proyecto de construcción de la planta, la CNEA estudió los ríos del país, los que más Deuterio [isótopo del hidrógeno esencial para la creación del agua pesada] tenían eran el Paraná y el Limay. Acá era conveniente porque tenés un nodo eléctrico en Arroyito [por la represa] y uno de gas porque estás encima de los yacimientos."

Al subir a los niveles altos de la planta (a aproximadamente 27 metros del suelo) Lisse contó que cuando se encuentra en marcha, los operarios deben subir esas escaleras constantemente. Además, mencionó que la planta se hizo con “un crédito tecnológico” y que “hasta los tornillos se trajeron desde Europa”.

Para volver a operar, la planta necesita de cambios de muchas partes y actualización de equipos. En muchos de ellos se nota el paso del tiempo y sobre todo el hecho de no estar siendo usados.

Mientras caminábamos por el predio, Lisse contó de un accidente que tuvo durante la primera puesta en marcha de la PIAP en 1993, “hubo una fuga y aspiré amoníaco, me quemó una parte del sistema respiratorio y digestivo”. “Pasé aproximadamente 48 días internado, 60 días ciego y 36 horas al borde del paro cardiorrespiratorio”

El predio por fuera, al ser tan amplio y verde, no da la misma sensación desierta que las áreas interiores del laboratorio y la sala de control. Galpones inmensos con maquinaria apagada o que trabaja al mínimo de su capacidad para mantenerse en condiciones, pasillos largos iluminados por tubos fluorescentes por los que no camina nadie. El final del recorrido del agua pesada en el laboratorio fue especialmente desilusionante: una probeta gigante donde debería estar goteando el agua pesada pero que se encuentra totalmente vacía.

Un recorrido por la PIAP es como un viaje en el tiempo. Maquinaria analógica, monitores de tubo, mouse con bolita, computadoras con Windows XP. Se siente como un plato de comida todavía caliente en la mesa, que cada tanto se vuelve a meter al microondas, pero nunca se come.

“No hay nadie en ningún partido que tenga la capacidad de comprender que en energía se habla a 20 años, no a 4, sobre todo en el sector nuclear. Lo que falta es la voluntad política para armar un plan nuclear serio”, declaró Fernando Lisse. Desde 2017 la PIAP se encuentra en un limbo administrativo en el que no es reactivada ni desensamblada, implicando una pérdida económica para el Estado que es dueño de una planta con tecnología de punta que no puede usarse para su propósito original ni reutilizarse para generar otros recursos como es el caso de la úrea.

Algunas cuestiones que surgen a este cronista: ¿Se desensambla la planta dejando a muchas personas sin trabajo o se la deja en un limbo en la que solo significa pérdida para el Estado? ¿Existen las condiciones para pagar los montos millonarios para que se reactive.