20/10/2020

Opinión

¿Por qué la ciencia busca tan desesperadamente alternativas para tratar el plástico?

Tras casi 100 años de la popularización del plástico, el mundo ya está colapsado de sus derivados. ¿El agravante? A la fecha ningún producto de este material es biodegradable, ya que es un proceso que demora 150 años.

Autor de la nota: Franco D. Cruz

Franco D. Cruz

Publicado el 20 de Octubre de 2020


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Actualmente una de las principales amenazas a la que se enfrenta la biodiversidad de nuestro planeta es la constante fabricación de nuevos plásticos, que año tras año siguen aumentando su ritmo de producción, mientras que sacarlos de circulación es un proceso muchos más complicado. Cada año solo se recicla un 10% del plástico producido y que el proceso se haga naturalmente, demora 150 años. Es decir, aún ninguna pieza plástica llegó a degradarse por completo de forma natural.
Al parecer la naturaleza no está dispuesta a ayudarnos nuevamente en el control de los desechos propios del material, que como ya es costumbre, la humanidad comenzó a explotar sin pensar en las consecuencias desde el momento de su descubrimiento.
Los primeros en fabricar y explotar este producto probablemente no eran conscientes de las características del mismo, y habrían imaginado que el proceso de descomposición haría su trabajo como con cualquier otro producto. Sin embargo, en la actualidad no existe órgano gubernamental o productor que ignore esta característica que hace del plástico un problema de gran envergadura para el planeta, ya que cada nueva pieza fabricada implica seguir aumentando el número de desechos en nuestros mares, por lo que resulta inexplicable cómo pueden seguir habilitando la fabricación del producto, sin exigir a los fabricantes medidas de prevención, o por lo menos compensación, del daño causado.

¿Quiénes pagan los costos?
Año tras año, millones de animales mueren por la ingesta desmedida de este material que lamentablemente confunden con algún tipo de presa, y como ya dijimos no pueden degradarse, ni siquiera con los potentes ácidos estomacales, por lo que el producto comienza a almacenarse en sus estómagos, causando severas intoxicaciones e incluso la muerte. 
Entre las principales víctimas de este contaminante se encuentran los animales marítimos y las aves, ya que la mayor parte de los desechos plásticos que circulan por el medio ambiente, terminan llegando al mar.


¿Qué medidas se toman para revertir esta problemática?
Si bien actualmente muchos países llevan adelante importantes tareas de concientización, al igual que muchas industrias culturales que comenzaron a enfocar allí su atención, son esfuerzos que no resultan suficientes, ya que ninguna apunta directamente a revertir el problema de base. El actual sistema capitalista, propone una “cultura del descarte” para fomentar un consumo desmedido que es imposible de sostener.
Esto se refiere a que no importa cuánto nos esforcemos en el reciclaje, cuántos residuos podamos “tratar responsablemente”, pues el problema va a seguir creciendo impulsado por los nuevos y cada vez más alarmantes niveles de consumo propuestos por el actual sistema.



¿Se puede ser optimistas?
Si bien todo indica que la contaminación plástica, al igual que el resto de las formas de contaminación, va a seguir evolucionando para peor, las últimas generaciones de jóvenes parecen haberse formado con principios muchos más críticos y determinados, por lo que el actual sistema productivo comenzó a verse por primera vez, verdaderamente acorralado, ante las exigencias de cambio. Al tiempo que cada vez comienzan a surgir nuevas vanguardias, que apuntan a romantizar la naturaleza, el transporte sustentable y el aire libre, además de atribuir un renovado valor a los productos retornables y “vintage” como forma de aborrecer la “cultura del descarte”.



¿Quiénes son los que se oponen a este nuevo horizonte verde?
El rol de los medios de comunicación hegemónicos, lejos de estar ayudando a impulsar este nuevo cambio, parecen estar alineados con el actual e irresponsable sistema de producción, y lo defienden en todo momento, repitiendo medidas vacías que no llevan a ninguna parte en busca de restarle importancia al problema y por consiguiente no tener que alterar el status quo hoy predominante.
Estos grupos alineados, lejos de buscar una solución y admitir que es imposible seguir sosteniendo los actuales niveles de producción de plásticos como de contaminación en general, abordan pequeñas soluciones a modo de llevar tranquilidad a la sociedad con titulares optimistas, donde el mismo sistema “se esfuerza” por solucionar el problema. Sin embargo, esquivan así la responsabilidad de informar que los productores no se esfuerzan en reducir la contaminación, ocupándose solo de "llevar tranquilidad" con sus medidas estériles, para despreocupar a la sociedad y así seguir destruyendo el planeta, evitando que las protestas sociales interfieran en su producción y ganancias. 
En este marco, científicos de todos los rubros se esfuerzan por inventar “una fórmula mágica” que sea capaz de dar un respaldo más o menos verosímil que pueda justificar los actuales niveles de irresponsabilidad productiva, lo que da lugar a titulares como estos: “Una bacteria en la guerra contra el plástico” 
En 2016, los principales medios de comunicación anunciaban que biólogos japoneses habían descubierto la llamada “Ideonella sakaiensis”, más conocida como "la bacteria come plástico", que fue presentada por la prensa como “la salvación del mundo contra la creciente contaminación de los mares”. Sin embargo, cuatro años después de esa noticia, aún no hemos visto ninguna botella desintegrada por las famosas “bacterias salvadoras”.
A pesar de que el descubrimiento no llevo a ningún lado, y el problema seguía empeorando, los medios hegemónicos lejos de comenzar a abordar responsablemente el problema y criticar el actual sistema productivo y la cultura de consumo que genera, redobló la apuesta con nuevos titulares como el que lanzó la CNN, hace tan solo un par de semanas:
“Una ‘superenzima’ que se come las botellas de plástico seis veces más rápido”. Está claro que el objetivo de estos medios no es más que el tratar livianamente estos temas, simplemente aguardando a que “la ciencia” brinde soluciones a los problemas del mundo y restándole importancia a los movimientos populares, que son los verdaderos agentes sociales capaces de hacer frente a este colosal problema.
Más recientemente, Infobae también se sumó a este séquito de medios que apuntan a proteger los intereses de los más grandes destructores del planeta, divulgando noticias como “Ciencia: Basura plástica convertible en combustible limpio de hidrógeno”. Otro nuevo titular que predica una solución mágica que llegará de la mano de la ciencia, lo que es respaldado por autoridades del país que curiosamente es el mayor responsable de este desastre: “El nuevo método representa una solución potencial atractiva para el problema de los residuos plásticos; en lugar de contaminar nuestra tierra y océanos, los plásticos podrían usarse como materia prima valiosa para producir combustible de hidrógeno limpio y productos de carbono con valor agregado”, dice un comunicado de la Universidad de Oxford.
Sin dudas los medios son un agente de gran importancia, que no hacen más que alinear la sociedad a los intereses de la clase dominante, esperando que simplemente nos relajamos mientras las mismas instituciones que dieron origen al problema, inventan nuevos discursos para decirnos que todo está bajo control.
Sin embargo es momento de decir BASTA, y dejar de repetir esos discursos vacíos de sentido, es hora de verdaderamente impulsar una cultura sustentable y exigir que de una vez por todas que los responsables se hagan cargo de este problema.


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