13/1/2021

Sociedad

¿Quiénes nos cuidan?: Comisario detenido en Bariloche por violación

Roberto Parra, titular de la comisaría 27 fue separado de su cargo por abusar sexualmente de otra agente en una comisaría.

Autor de la nota: Belén Acuña

Belén Acuña

Publicado el 13 de Enero de 2021


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Ayer por la mañana otro caso de violencia de género volvió a poner en evidencia la estructura nefasta que respalda a las fuerzas de seguridad que utilizan el monopolio legal de la violencia no para cuidar a la población e intervenir y prevenir crímenes, sino para perpetuarlos.  Un comisario de la ciudad rionegrina de San Carlos de Bariloche fue detenido hoy tras haber abusado sexualmente de una agente de la policía provincial.

Una mujer agente de la policía provincial denunció haber sido violada por Roberto Parra, titular de la comisaría 27 de la ciudad andina, en una unidad en la que cumple servicios. Luego de que la víctima comunicara la terrible situación a otro agente, se activó el protocolo de actuación dando conocimiento al personal de la Comisaría de la Familia y el traslado de la mujer al Hospital Zonal.

El comisario abusador fue separado  de su cargo por el Gobierno rionegrino, a través de la Secretaría de Estado de Seguridad y Justicia, y se le ha retirado su arma reglamentaria. Hasta el momento al menos no se habla de ninguna pena sobre el crimen de abuso sexual agravado, más que la separación de su cargo, es decir que seguirá en libertad.

El caso vuelve a poner sobre la mesa una histórica discusión: ¿Qué hacer cuando los agentes del Estado que deberían cuidarnos y velar por nuestra seguridad nos violentan? 

Todos los años hay al menos una decena de femicidios cometidos por integrantes de las fuerzas de seguridad, en casi la totalidad de los casos, policías en servicio o retirados. 
La violencia machista no solo se traduce en esa cifra inamovible de femicidios muchas veces perpetrados con el arma reglamentaria; la especial saña con la que los efectivos reprimen las marchas de mujeres; la sistemática negativa a tomar las denuncias por violencia de género; la demora injustificada en salir a buscar a las niñas y mujeres desaparecidas que en la mayoría de los casos se encuentran asesinadas días después o jamás se vuelven a encontrar por haber sido captadas por redes de trata de personas; la muchas veces demostrada complicidad con las redes de trata sobre todo para explotación sexual; los “piropos” (acoso, violencia de género simbólica y verbal) que efectúan los agentes incluso desde los patrulleros; los miles de casos de abuso y tortura perpetrados contra mujeres detenidas o mujeres que visitan a detenidos en comisarias; y una larga lista de casos puntuales donde las mujeres civiles han sido violentadas por la policía por razones de género; sino también por la violencia machista dentro de la propia fuerza policial.

La falta de mujeres en puestos jerárquicos dentro de la fuerza, los miles de abusos testimoniados por mujeres policías que no denuncian por miedo a sus propios jefes y compañeros; las sistemáticas trabas burocráticas, la asignación de francos y horarios perjudiciales, el no respeto de las licencias por maternidad, entre otras muchas vulneraciones son ya una realidad naturalizada por las mujeres policías, pero son sin embargo graves hechos de violencia de género y abuso de poder.

Si las personas que debieran tomar las denuncias por violencia de género son las que cometen los mismos crímenes, está claro que no protegerán a la víctima, sino al victimario. Si el comisario, autoridad y representante de la fuerza y del Estado, que debiera ser ejemplo de protección ciudadana es quien violenta incluso a sus propias compañeras, respalda que particularmente cada agente ejerza la violencia machista, no vele por la seguridad de ninguna mujer y siga reproduciendo una y otra vez la estructura patriarcal dentro de la fuerza.

Para poder tener una democracia real donde no haya ciudadanas de segunda que vivan amenazadas de muerte y sean violentadas sistemáticamente incluso por el Estado que debiera protegerlas, hace falta una fuerza policial con perspectiva social y de género. Hasta que deje de haber un aval institucional a la violencia de género dentro de la fuerza, por más deconstruido que este un agente en particular, la policía será machista, porque la estructura lo es; es preciso una transformación en la formación de nuestras fuerzas, para que velen por la integridad y la seguridad de las ciudadanas y las mismas mujeres policías y no por la impunidad de los agresores sean estos civiles o uniformados.
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