1/10/2022

Política

Sacudir la resignación. La política en clave de futuro

Los grupos económicos transnacionales, las corporaciones oligopólicas, el capital monopólico y sus instituciones mundiales, nos quieren como carne de cañón. ¿Qué hacer con esto? ¿Tenemos posibilidades de limitar o condicionar el saqueo que se pretende en la disputa global de las potencias?

Autor de la nota: Nicolás Mechetti

Nicolás Mechetti

Publicado el 1 de Octubre de 2022


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“Tal vez por primera vez, la Revolución se puede visualizar como la única tabla de salvación que tiene la Nación. Nación y Revolución, dos conceptos hasta ahora antagónicos en la historia política de los argentinos, tienden a confluir. Crece la conciencia de que la continuidad de lo que existe llevara a la destrucción total del espacio nacional.”

Norberto Ceresole

 

Argentina es un caldo de cultivo. El intento de magnicidio contra la vicepresidenta de la Nación, parece precipitar un escenario de crisis política y económica, por la cual el país transita hace muchos años. Al mismo tiempo, la manifestación cíclica de las grandes crisis sociales, confrontan directamente con el estado actual de nuestra Democracia.

Si hacemos una lectura general (y seguramente imprecisa) -desde los convulsionados primeros años del periodo democrático actual- hasta el presente inmediato, podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos, que 39 años de Democracia Liberal Dependiente nos han puesto ante una situación inédita. Una grave realidad que amenaza con convertirse en un nuevo (uno más) extravío y desencuentro nacional.

El contexto internacional, la crisis del capitalismo global, y la disputa entre potencias, repercute directamente en al ámbito nacional. El teatro de operaciones de esta conflagración en vísperas, nos atraviesa directamente. Nuestro país, nuestra región toda, es prenda de disputa. Es objetivo de saqueo. Perpetración del colonialismo.

La posesión de condiciones extraordinarias para alimentar materialmente la reproducción del sistema, desvela los apetitos voraces del resorte que gestiona, administra y conduce la civilización occidental. Los grupos económicos transnacionales, las corporaciones oligopólicas, el capital monopólico y sus instituciones mundiales, nos quieren como carne de cañón.

¿Qué hacer con esto? ¿Tenemos posibilidades de limitar o condicionar el saqueo que se pretende contra nuestra Patria en la disputa global de las potencias?           

El destino nos pone frente a una encrucijada: una nueva oportunidad de realización -ante lo que parece ser un futuro anunciado en este enfrentamiento mundial- o la consolidación de un estado fallido y su consecuente desintegración nacional.

¿No es acaso en la defensa, el resguardo, la protección y el usufruto colectivo de nuestras potencialidades materiales donde deberíamos encontrarnos?

¿No es esta una forma de licuar esa tan mentada, bastante distorsionada (pero real) grieta que nos divide?

Para los y las que sentimos, nos identificamos y vivimos el Nacionalismo Popular, con un profundo amor a Nuestra Patria y Fe en el destino colectivo de su Pueblo, sobran los motivos.   

 

Los remiendos que ya no alcanzan

El tejido social está desgarrado por todas partes. Una polarización que se profundiza, define cada vez más dos argentinas: la incluida y la excluida del sistema.

La fragmentación y dispersión del Cuerpo Colectivo Popular, es una dificultad de primer orden. Ninguna de las fuerzas políticas con despliegue territorial (y no me refiero al aparato electoral que legitima la autoridad del poder político institucional) que se adjudican su representación, consigue torcer esta situación.

 

La reacción

Miles de experiencias organizativas, a lo largo y ancho de la Argentina, construyen silenciosamente respuestas a la misiadura. Propuestas en trabajo y producción, acceso al consumo básico y elemental con mecanismos justos; educación, salud, asistencia en cuidados, y una infinidad de tares nos permiten apreciar claramente la Potencia Organizativa- Política que anida en cada una de ella.

Muchas de estas experiencias son exitosas. Entonces…

Si hay penetración territorial, organización de base y representación de intereses, ¿que dificulta el acceso al poder político institucional; a gobernar el Estado; a imponer las modificaciones que urgen?

Y cuando esto ocurre (ejerce el poder político institucional) ¿permite el crecimiento cualitativo y cuantitativo de las fuerzas sociales y políticas?

¿Alimenta, fortalece y dota de condiciones favorables las expresiones del Movimiento Popular?

¿Se le puede adjudicar a la dirigencia y/o representación toda la responsabilidad por las respuestas que no llegan?

¿Cuál es la base social que se organiza o pretende organizar? ¿Cuáles son sus condiciones materiales de vida? ¿Cuáles han sido en estos 39 años?

 La lógica de organización social y reproducción material que impuso a sangre y fuego el neoliberalismo hace ya varias décadas, ¿no deja, acaso, tragedias en nuestra Patria?     

El estado actual del cuerpo social de nuestra Nación, es una de esas tragedias. La más profunda y dolorosa de todas.

Con este cuerpo social, con esta realidad, debemos definir los principios, las formas y los compromisos que deberán regir la construcción y organización del Pueblo Potencia y sus expresiones representativas.

Un Pueblo Potencia Organizado en la emergencia de la Patria. Un Nuevo Proyecto Nacional, para una Nación integrada, incluida y cohesionada. Edificada sobre los principios de Justicia Social y dignidad material. Con trabajo, producción y consumo popular.

Lo enunciativo es sencillo. Las descripciones de estas dificultades, parecen no tener contradicciones en los puntos centrales entre quienes conducen y dirigen las expresiones organizativas populares.      

La efectividad política de las experiencias mencionadas, radica básicamente en su consolidación. Como consecuencia de esto, debería lograrse su auto-reproducción, para luego multiplicarse a escala nacional. Pero, -me permito mencionar esto... creo que es vital incorporar como objetivo central, la realización efectiva de una nueva Organización Social del Trabajo, la Producción y el Consumo Popular, insistiendo en esto: los resultados sobresalientes, que superaron ampliamente lo esperado, se dan por todas partes. Son el archipiélago micro de las potencialidades que tenemos.

Su consolidación logra estabilidad y proyección en el tiempo. La auto-reproducción nos permite afirmar que nuestra propuesta es sólida, viable, eficiente y garantiza lo necesario para sus integrantes. La multiplicación a escala nacional es el desafío.

“Crece la conciencia de que la continuidad de lo que existe llevara a la destrucción total del espacio nacional.” dice la cita que encabeza la nota. Tenemos Nación. Pero nuestra salvación compone dos términos. Encontrémonos con patriotismo en ese camino.