4/12/2021

Sociedad

“Si Romero planta, plantamos todos”

Marita Soria lucha por el derecho al cultivo medicinal y recreativo del cannabis en Salta. Padece múltiples enfermedades y gracias al uso de la marihuana, dejó pastillas que afectaban su calidad de vida. Fue detenida y presa por cultivar y denuncia que los Romero buscan monopolizar el uso de la planta en la provincia.

Autor de la nota: Jésica Aparicio

Jésica Aparicio

Publicado el 4 de Diciembre de 2021


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“Hijito, me estoy por descomponer, estoy viendo todo negro”, le decía Marita Soria al jefe del operativo que la tenía arrodillada, con las manos atrás de la cabeza, en la nuca. Hacía cinco horas estaba en la misma posición, mientras las fuerzas de seguridad allanaban su casa. En una pieza, su hija estaba esposada y encerrada con sus tres hijos menores. 

Hasta hace un momento atrás, la siesta salteña transcurría con normalidad ese 8 de abril de 2015. Marita había pasado la noche de guardia en una casa, cuidando a una paciente, ya que es técnica gerontóloga y enfermera de la tercera edad. Ese mediodía, había hecho empanadas árabes y quiso descansar un momento, se puso ropa cómoda y se decidió a dormir. Hasta que sin ni siquiera un aviso previo a su casa, se escuchan uno, dos tres golpes duros y una patada sobre sobre su puerta la despertaron exaltada, con la policía buscando algo, violentamente, ¿pero qué? “Hijito, me desmayo, debo tener la presión por las nubes”, le volvió a decir al efectivo que la vigilaba, como si hubiese encontrado a la criminal más peligrosa de Salta. Marita estaba contra la pared, con 50 años a cuestas, con su artritis reumatoidea en manos y pies, y en la incómoda posición que estaba, sentía aún más sus manos y pies, deformados por la enfermedad, percibía aún más su artritis en el 37% de su cuerpo: hombros, caderas, tobillos, pero en ese momento el dolor se sentía como si se hubiese apoderado del 100%; la hernia de disco le tensaba la espalda, junto a la artrosis cérvico lumbar que le quitaba fuerzas para volver a pedir piedad, al policía que le apuntaba con un arma. “Hijito…” Marita se desmayó. 

Se recompone, y les pregunta: “¿Qué buscan?”. “Marihuana”, le responden los uniformados, que ya habían revuelto de arriba a abajo su casa. Ella misma les tuvo que mostrar cuál era, puesto que los policías no la habían advertido. Una planta larga y esbelta, con forma de palmera, se lucía frente a sus ojos. La pisaron, la secuestraron y de nuevo: “Al piso, señora”. “Hijito…”, segundo desmayo y otro más. Tuvo que ir la ambulancia a buscarla, mientras afuera una tráfic de Multivisión esperaba con ansias filmar el “megaoperativo”, al mejor estilo del programa porteño “Policías en Acción”. Los efectivos tuvieron que decirles que se retiraran, puesto que el allanamiento no estaba resultando como esperaban. Ya eran las 21 horas, llegó la camilla, “tiene 26.20 de presión”, dice el médico que la recibe, mientras Marita transitaba una crisis nerviosa. En el hospital, estuvo esposada de pies y manos. “¿Ustedes querrían pasar eso por una planta de cedrón, de burrito, de manzanilla? Porque me condenaron por eso, por una planta”, comenzó contando a este medio Marita Soria. 

38 días estuvo en la cárcel y fue condenada en un juicio abreviado el 25 de julio a 3 años de prisión, por la Ley 23737, de tenencia y tráfico de drogas y estupefacientes. En el operativo le secuestraron una planta y un pedazo de prensando, “porque hasta que mi planta estaba madura, algo fumaba” agregó y también contó que le robaron pertenencias personales y de valor. Al recordar, se recriminó: “Vinieron con un papel en blanco, los llenaron y firmé. No sabía que no tendría que haber firmado porque me estaba haciendo cargo de todo eso”. ¿Y quién la denunció? “Me parece que fue por la denuncia de vecinos, en la campaña que hacía el ex gobernador Urtubey de ‘si su vecino tiene una planta, denuncie’” recordó Marita. 

“Lo que pretendía la fiscal y jueza era mandarme a rehabilitación y me daban menos cantidad de meses, si yo aceptaba no seguir fumando, no seguir plantando e ir a rehabilitación, yo les dije que soy una persona adulta, soy personal de la salud, 27 años trabajé, siempre fui idónea y siempre fumé”, reivindicó Soria. El resultado fueron tres años cumpliendo a rajatabla con el Patronato de Presos y Liberados. 

El mismo día que volvió a su casa, llegó a las 20 y a las 22 volvió a la guardia, a cuidar a una anciana. “Todas las familias con la que trabajé años cuidando viejitos, sabían que soy usuaria cannábica, y jamás perdí un paciente por negligencia”, remarcó. Hasta hoy asegura que la historia hubiese sido distinta, si tan solo le hubieran golpeado la puerta. “La hubiera abierto, como siempre lo hago y también siempre dije: acá estoy”.

 

“Soy una fumona” 

Nació en el barrio Hernando de Lerma, en pleno corazón de Juventud Antoniana, a media cuadra de la cancha, pero a los veinti tantos se enamoró de su rival, Central Norte. "Me enamoré de su hinchada. Nosotros no bajamos los brazos jamás” declaró con énfasis y dijo: “Esa es la forma de pensar mi militancia por mi marihuana”. También aclaró: “¡Y soy peronista, de la primera hora!” 

Sobre sus primeras experiencias con el consumo, recordó la cancha, los amigos del barrio, las juntadas en su juventud, “con prensado”, aclaró. Tiene un carisma que abraza y una vitalidad única, sin embargo, los años trajeron consigo enfermedades que le harían cambiar su vida. “En un momento, usaba dos bastones y me quería morir”, afirmó. “Por eso me aferré mucho más a mi plantita y contó “cuando conocí el aceite, fue el día más feliz de mi vida”. “Ya no tengo crisis de narcolepsia, ahora tengo calidad de vida”, sostuvo. 

“Para mí, el estado no está”, denunció. “No tengo trabajo por mi enfermedad, no tengo jubilación ni pensión, cobro un triste Potenciar Trabajo; mi hija con cuatro hijos tiene que romperse entera para brindarnos lo más que puede. El estado no me asiste”, reclamó. En este marco, fustigó: “Me tuvo en cuenta para perseguirme, no dejarme vivir tranquila, revisarse contra la pared cuando era más joven y me buscaba tucas, para romperme la puerta, robarme, llevarse mis plantas, criminalizarme con la ley de Narcotráfico”. 

Prosiguió con respecto a sus enfermedades, “en Salta no hay remedios para mí”, advirtió y agregó que tampoco hay un neurólogo que tenga su especialización, ni turnos de atención con prioridad por su condición. “El estado me abandona, pero me criminaliza”. A esto se suma que la condena que figura en su prontuario, la excluye de cualquier posibilidad de trabajo.

 

Si Romero planta 

“Si está siendo legal por un lado, que sea legal para todos”, sentenció Marita. Es que en Salta el Ministerio de Salud de la Nación autorizó el cultivo de 240 hectáreas de cannabis en Cafayate, a pedido e insistencia del propio gobernador Gustavo Sáenz. Será la Compañía de Investigación y Desarrollo SA la encargada del proyecto, teniendo como principales referentes a Alberto Paganelli, Dieglo Glazman y Julio Ricardo Lávaque. Al desentramar un poco más, cobra real importancia notar que este último, es el hermano de Julio Lávaque, el marido de la Intendenta de Salta, Bettina y a su vez, yerno del senador Juan Carlos Romero. Los Romero, siempre Romero, detrás de cualquier mega negocio en Salta, como siempre… 

“Estoy tan en desacuerdo con esto que están haciendo de la industrialización del cannabis, de querer reglamentar el cannabis medicinal. ¡Todavía tenemos compañeros en las cárceles por cannabis!”, recriminó la entrevistada. En esta misma línea, al ser consultada sobre el modelo de producción de Jujuy, destacó que también “es pura industrialización”: “Se están apropiando de nuestra lucha como cultivadores individuales y artesanales; lo mercantilizan a nivel empresa y me parece perfecto ¿eh? Pero de ellos depende que el sol salga para todos. Y que a personas como a mí, con una, quince o cien plantas, no nos metan presa”. Además, exigió que se creen fuentes genuinas de trabajo, no procesos automatizados, “sino todo es un negocio”, exclamó. 

“Si Jujuy y Finca Quara que ya tiene sus hectáreas con plantaciones de cannabis, tienen derecho y yo no, eso ya no es derecho. Se convierte en privilegio para unos pocos”, puntualizó. En este sentido, afirmó que no podría comprar ella misma ese aceite industrializado, que tanto necesita para sobrellevar los dolores. En cambio, al producirlo de manera artesanal, invierte un año de cultivo en el mantenimiento y en los cuidados naturales para obtenerlo. A su vez, dependiendo de lo que plante, puede obtener tintura, o con un poco de alcohol para fricción, psoriasis, torceduras o dolores articulares; también como gotitas de aceite, “altísimo en CBD, o el aceite alto en THC, los dos cannabinoides se complementan”, explicó Marita. Todo un mundo frente al autocultivo responsable y adulto.

 

REPROCANN 

“Yo pongo la cara porque lo que pasé no quiero que lo pasen en la posteridad” afirmó. Sostuvo que “hay muchos que no quieren inmiscuirse”, aunque destacó la importancia de que “todos se sumen a la lucha, y un día seamos muchos los que nos mostramos”, sentenció. 

En esta línea, al ser consultada sobre la decisión de Alberto Fernández de crear el Registro del Programa de Cannabis (REPROCANN), la usuaria argumentó: “No estoy de acuerdo porque la tierra es libre, la pachamama te la brinda, y así como nadie se registra para tener un cedrón en la casa, ¿por qué me tengo que registrar, darle mi domicilio? Más expuesta me quedo. Tenemos más de 30 compañeros detenidos a nivel nacional que tienen REPROCANN, es decir que no te está avalando y lo mismo es un peligro”. Además, alertó que en el marco del programa, se deberían instruir a las fuerzas armadas y también analizó: “Tenés derecho a tener 9 plantas en flor, en tu domicilio dispones de 6 m2 para un jardín cannábico, dentro de eso podés tener plantas en flora y no te dice cuánta cantidad en vegetativa, no está especificada, puedo tener 9 en flor y mil en vegetativo, no hay un límite”, y agregó que habría que rever el programa. Sin embargo, eso no impidió la alegría de Marita al enterarse, en la Marcha por la Marihuana que, desde Cultivadores Argentinos, en Buenos Aires, le regalaron el registro REPROCANN abonando lo correspondiente por el trámite. Aunque, desafiante, aseguró que de todas maneras con o sin el registro, seguiría cultivando.

 

Desterrando mitos 

“Fui a juicio, me condenaron y es verdad, en un principio no planté, pero después de los seis meses pensé: “Es una semilla, una planta, no le hace daño a nadie ¿por qué me voy a privar?’ Y volví a plantar”, relató Marita. 

“Se debería ir a la fuente, no al narcomenudeo, no a las mujeres que venden quizás mil dosis que es nada a comparación de lo que ellos venden”, reflexionó. En este sentido, enfatizó: “Acá te dicen golpe al narcotráfico y allanaron una finca de Moldes, de un cultivador con 120 plantas que es un solidario, que hace aceites y regala a gente donde el estado no está asistiendo”. 

Marita reclamó el poco acompañamiento que reciben desde el Estado para llevar charlas a las comunidades y barrios. Sin embargo, ella misma muchas veces luchó por quitar el estigma que pesa sobre el consumo de marihuana. “Inclusive a gente del barrio, que en su momento me denunciaron, les regalo tinturas, le paso cremitas, sobre todo a la gente grande”, dijo sin rencores. “Hay gente que peca de ignorante porque repite como loro y siempre le va aumentando patita, cola y oreja al discursito, para darse la razón de la burrada que hablan”, reflexionó risueña. 

Marita remarcó que la OMS eliminó la marihuana de drogas peligrosas, aseguró que sirve para tratar más de 70 patologías -epilepsia refractaria, fibromialgia, esclerosis múltiples, neuralgia de trigémino o bruxismo, entre tantas- y desmintió que mete neuronas. “Hay que desdemonizar la planta”, sentenció. Para ella, no caben dudas: “Tan grande es el interés de las farmacéuticas con el estado, de plantas que mueven los narcos, de seguir manteniendo ese ingreso, que les conviene que la gente piense que la marihuana es mala”.

Medicinal sí y terapéutico, también 

“Que el que autocultive tenga flores para usarlas como quiera, un derecho a medias que te dan, es lo mismo que nada. Un derecho controlado, limitado, dándonos liberado el medicinal, y no están viendo la parte terapéutica, mal llamada recreativa”, afirmó Marita. Para la usuaria cannábica, existe una especie de “corrección política” de quienes sólo limitan su uso medicinal y no de otros tipos. “Yo, primero, soy fumona, después viene el aceite”. 

“Hace un año nos juntamos con un grupo de fumones con los que no nos sentíamos identificados en las orgas que veníamos militando, que son meramente medicinales -aunque están formadas por un montón de fumones-”, advirtió la entrevistada. En esta línea, dijo “nunca pensé caretearla”. Explicó que es importante revalorizar que el cannabis “ayuda a la salud emocional” y para ejemplificar, contó: “Los primeros años de la esclerosis múlti, tuve que apelar a usar un bastón, para la estabilidad en la calle, porque tengo espasticidad se me afloja la parte derecha de las piernas y rodilla, tomaba 16 pastillas”, y afirmó que, si seguía así, iba camino a dializarse. Esto a su vez, la sumió en una profunda depresión: “Terminé enfermando a la familia, sin querer, la bronca, misma impotencia y frustración que sentís, es un duelo, porque muere la Marita de antes, que cuando iba a venir Independiente ya se iba a la cancha o la que se iba a bailar y nace la Marita con esclerosis que no podía ni mantener una conversación porque me daban crisis de narcolepsia y me caía al piso”, recordó con dolor Soria. 

“Ahí fue cuando me aferré mucho más a mi planta”, contó y dijo que a través del aceite “comenzó a ver una luz al final de todo el dolor”. Poco a poco, comenzó a formarse, relacionándose con otros cultivadores como Horacio Lago o María Coronel, cultivadores de otras provincias, profesionales de la salud, como el neurólogo Carlos Magdalena, y comenzó a indagar en los finales medicinales y también terapéuticos, “fuimos tejiendo lazos y trabajando en red”, destacó.

 

La Marcha por la Marihuana 

El pasado miércoles 24 de noviembre, Salta también participó de la Marcha Nacional de la Marihuana donde autoconvocados y organizaciones afines participaron de este encuentro exigiendo la legalización de la marihuana para todos sus usos y en todas sus formas, basta de persecución y estigmatización, liberación de los presos por cultivar y la derogación de la Ley 23.737. 

Marita fue parte de la organización de la marcha a través de la Asociación Cultural y Club de Cultivo en Libertad, que nació en plena pandemia. Desde allí, militan por el uso recreativo del cannabis. Articulan con Laura Romano, de la Defensoría de Géneros, Pueblos Originarios y Derecho Animal; con Madres Contra el Paco, con la Cofradía de los Duendes de B° Primera Junta y con Callejeritos, de Salta. Ya sea con las mujeres, los jóvenes de barrios populares o personas en situación de calle, “es gente que el estado les dio la espalda, que necesitan una nueva oportunidad, yo tuve una nueva oportunidad de vivir gracias al cannabis, lo poco que podemos hacer es brindársela a ellos”. En este sentido, contó que dictan talleres, enseñan sobre la preparación del aceite, o los cuidados de una huerta. 

La marcha en Salta fue histórica, movilizó más de mil personas. En la jornada, se repartieron más de 300 semillas, gracias a la donación de cultivadores de Buenos Aires. Caminaron por las calles salteñas al grito de ¡Si Romero planta, plantamos todos! La victoria de Marita es que la mayoría de los que se movilizaron, eran consumidores recreativos: “Es nuestra lucha, ganamos las calles en libertad”. 

Emocionada y entre lágrimas, trató de transmitir todos los saludos, abrazos y agradecimientos que recibió ese día, hasta de gente que no conocía: “Gracias, Marita, por bancar la lucha”, le decían. Su hija Candelaria reafirmó: “Mi mamá es la lucha viva contra el narcotráfico, regala plantas a todo el mundo; la lucha tiene que ser encarada desde este lado”. 

“Mi lucha es legítima, lo único que pido es ser soberana con mi semilla”, enfatizó la usuaria cannábica. “Siempre decía cuando era joven que no me quería hacer vieja sin prenderme un porrito en libertad; ahora con tantas patologías, digo que no me quiero morir sin prenderme ese porrito”, afirmó Soria. “Yo no quiero que mi hijos ni hijas, ni mis nietos ni nietas del corazón pasen por lo que pasé”, finalizó Marita. En su jardín, sus plantas la esperaban para relucir su verde natural y seguir creciendo con algo tan simple como con tierra, sol y agua. Y mientras las mira, nos pregunta pensativa: “¿A ustedes los persiguen por una planta de cedrón, de burrito, de manzanilla?” 

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