29/6/2020

Política

Techint, el que nunca pierde

El Gobierno Nacional le reconoce a Techint una cuestionada deuda por los subsidios gasíferos otorgados por la gestión de Mauricio Macri en el año 2017. En plena pandemia, Techint está cobrando en cuotas 13.300 millones de pesos.

Publicado el 29 de Junio de 2020


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En materia energética el gobierno de Mauricio Macri desplegó uno de fraudes más grandes de la economía nacional. Por el camino del tarifazo, los subsidios a la inversión y las compensaciones por devaluación, llevó adelante una transferencia de recursos desde el bolsillo del conjunto de los argentinos y las argentinas hacia los balances de un puñado de grupos económicos extranjeros o extranjerizados.

Hace diez días, el Gobierno Nacional, en una decisión con poca prensa, decidió reconocerle a un conglomerado de empresas, principalmente a Tecpetrol, del grupo Techint, una deuda que el gobierno de Mauricio Macri mantenía con las mismas.

El mayor acreedor de esa deuda era la empresa propiedad de Paolo Rocca, quien además de suspender y despedir trabajadores en los albores de la pandemia, amenazaba con recurrir al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) en reclamo del pago de los saldos adeudados por los subsidios al gas que había impuesto Mauricio Macri.

Así, en los primeros días de Junio, Tecpetrol embolsó 1.900 millones de pesos y en los próximos 70 días terminarán de pagarle 11.400 millones de pesos más en seis cuotas.

Las petroleras naturalizan el acuerdo, destacan que los pagos debían cobrarse mes a mes, pero desde el cambio de gestión no se venían materializando. En el portal especializado EconoJournal, consultan a voceros de una petrolera que señala “había que ajustar los procedimientos. Cambio la dependencia funcional de la Secretaría de Energía y participan otros servicios jurídicos que tienen que embeberse del tema. Lo importante es que haya arrancado”, destacaron.

Lo cierto es que los pagos mensualizados que intentan naturalizar desde las corporaciones petroleras, no estaban frenados por un déficit administrativo, si no que estaban bajo observación política a raíz de haber nacido en el contexto de una brutal estafa energética en el país.


Los subsidios al gas durante la gestión Mauricio Macri

La resolución 46 y 447 del entonces Ministerio de Energía conducido por el CEO de Shell Aranguren y luego del CEO de PlusPetrol Javier Iguacel, disponía un subsidio a la producción de gas como incentivo a la producción.

Los subsidios, largamente cuestionados por la gestión de Macri habían dejado de asegurar la factura de los usuarios, quienes sufrieron el tarifazo y pasaron a engrosar la rentabilidad de las empresas energéticas.

El actual presidente del ENARGAS, Federico Bernal, denunciaba esta situación y señalaba que el Plan Gas del macrismo reconocía a las empresas un costo de producción de 7.5 dólares el millón de BTU en el año 2018 y 7 dólares en el año 2019, cuando en realidad el costo de producción era de 3.5 dólars el millón de BTU.

“Fue así que, a partir de 2017, se definió un programa de subsidios que remuneraran a 7,5 US$/MMBTU los desarrollos no convencionales de los socios del Poder Ejecutivo (Plan Gas macrista). El resultado: a finales del año pasado, gracias a Techint y su petrolera Tecpetrol, se frenó y revirtió la caída. En 2018, con el complemento de la petrolera de Eurnekian, la producción se tornó positiva. Que el "estímulo", al decir de Iguacel, funcionó muy bien, no caben dudas. Dos consideraciones. Primero, ahora que sabemos que el precio es 3,5 llamar "estímulo" a un subsidio que paga el gas a 7,5 durante 2018, 7 en 2019, etc. es una aberración. Más que "estímulo", e incluso "subsidio", debería denominarse "sobreprecio". Segundo, si fue tan eficiente, ¿por qué no aplicaron de entrada el famoso "estímulo", aprovechando de paso el haber heredado una producción en ascenso?”, señalaba en su momento Federico Bernal.

El propio Presidente de la Nación, Alberto Fernández, había puesto en el centro de la agenda política la estafa energética del gobierno de Mauricio Macri durante la campaña electoral. En Julio de 2019 en una entrevista televisiva con Luis Novaresio, Fernández señaló: “Para mí es un acto de corrupción del macrismo, porque ahí están todos los amigos del macrismo metidos, todos ellos: Caputo, Mindlin. Todos los sabemos. Es público”.

El giro copernicano, no solo implicó la explícita gestualidad del presidente con Marcelo Mindlin, socio y testaferro del anterior presidente Macri y fugador serial de divisas al extranjero en la inauguración de la semana pasada al señalarle “Con Marcelo fue el primero con el que hablé de la necesidad de no aumentar tarifas y acompañó; y así se construye la Argentina, con el esfuerzo de todos. Cuando digo todos ustedes son parte”.

También, en forma evidente, significó un reconocimiento de deuda al Grupo Techint que le permite embolsar el equivalente a 1.800.000 Ingresos Familiares de Emergencia en apenas 70 días, mucho mas velozmente que el primer pago total del ingreso dispuesto por el gobierno nacional.

La decisión no sólo implica garantizarle a Techint la consumación de la estafa gasífera que fuera denunciada por el propio presidente del Enargas, también, es una clara gestualidad para con los fondos especulativos que extorsionan al país para obtener mejoras en la reestructuración de la deuda. Muchos de ellos son propietarios de carteras de inversión de las petroleras extranjeras que operan en el país.

Además, es un gesto explícito para las corporaciones extranjeras del sector gasífero, con quienes se pretende establecer un acuerdo de estímulos a la inversión al que denominarán “Plan Gas 4” y que se lanzará una vez superada la etapa de pandemia, con la compensación de congelar las tarifas del gas domiciliarias como gesto social frente a la exuberante rentabilidad de un sector económico al que la fuerza política hoy gobernante aspiraba con nacionalizar.

Los grupos económicos que explotan el gas de nuestro país, bajo la permanente extorsión de tener que volver a importar para superar el invierno, están dispuestos a sentarse a la mesa para mejorar su rentabilidad en un momento de debilidad de los precios internacionales y crisis de pago en las boletas energéticas.

Solo se avizoran subsidios a las ganancias, en la perspectiva de una mesa de negociación que no encuentra la nacionalización de los servicios públicos en la agenda política de un futuro post pandemia.  

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